Soy periodista. Salgo a la calle, llueve. Es mi derecho decir que la lluvia es culpa del Gobierno, que no le pone cepo a las nubes. Es mi derecho decir que el Gobierno hizo llover, por suerte, para mejorar la cosecha de soja. Puedo opinar, interpretar, segmentar, recortar, privilegiar esto o aquello, puedo sentenciar y hasta condenar. Lo que no puedo es decir es que el día está soleado.

El trabajador de prensa tiene un acuerdo social, antes que con nadie, con sus lectores, oyentes, televidentes. Anida en sus convicciones, claro, en sus juicios y prejuicios, en las presiones que pueda sufrir, en las tentaciones a las que ceda o no. Ese acuerdo es no mentir. Hay vertientes de la filosofía (de libro y de café) que dirán, no sin cierta razón, que una verdad puede ser falsa o parcialmente falsa según se la presente. En beneficio de la síntesis me permito insistir: si llueve, llueve; si hay sol, no llueve.

El caso Maldonado es muchas cosas. Y es también la expresión de una modalidad inédita. La Dictadura nos enseñó que la cadena de la impunidad se garantizaba con mentiras que nacían del Poder y se amplificaba en los medios, sus voceros. Hoy es al revés. Son los medios (en aceptación tácita de su condición de sujetos de Poder) los que originan la mentira, es el sistema que la toma y la vuelve argumento: "Lo dice el diario X", "lo reveló el periodista Y", "vieron lo que publicó H". La gran mayoría de las trampas que el Gobierno tendió en el camino de la investigación nacieron de "noticias", tuvieron en ellas su legitimidad discursiva y su consiguiente penetración en la opinión pública.

Circula por redes sociales una crítica a los medios del Loco Bielsa. El expositor es tan certero, tan sencillo y directo, que el auditorio estalla en un aplauso. "Lo último que quería era eso", dice el DT. Y dispara: "Porque si estamos todos de acuerdo, ¿cómo es que sigue pasando?". Hay un lugar donde en Poder no llega, o accede sólo si nosotros le abrimos la puerta: la conciencia. Hay un tamiz que es transversal a todos los códigos éticos, morales, legales, educativos y religiosos: la vergüenza. Hay un último recurso cuando el sistema oprime: decir "no" como acto de libertad.

No vendamos la conciencia, tengamos vergüenza, tratemos de decir "no". De lo contrario, a este paso vamos camino a exigir aparición con vida del periodismo decente.