“No nos alcanzó”, dijo la candidata. La música fuerte se llevó consigo el eufemismo y las inciertas horas pasadas. Debería haberse llevado también el papel picado. Que no hubo, pero la metáfora hubiera sido poderosa. Corren tiempos en lo que ciertas cosas parecen inalcanzables. Como aquél pastor que recorría la Patagonia en la novela de Osvaldo Soriano, los dueños de todo empujan al camello para que pase por el ojo de la aguja. Y si no pasa, cambian de aguja, de camello o de Evangelio. Pero pasar, pasa.

Fotos Gustavo Pantano
Fotos Gustavo Pantano



¿Será que lo que no alcanzó no fueron sólo los votos?

No alcanzó la proclamada “batalla cultural”. Acaso porque no estaba en la estrategia original, porque estaba pero se demoró mucho, porque se colaron –o fueron convocados por elección propia- sinvergüenzas de escasa monta, porque el enemigo estuvo, está y estará siempre atento y mejor pertrecho.

¿Será que lo que no alcanzó no fueron sólo los votos?


No alcanzó la mejora social. Y es que acaso nunca alcance. Pero no alcanzó para transformaciones profundas y duraderas en la vida cotidiana de los más pobres. Que tuvieron progresos notables, sí. Decisivos, tal como resulta comer o no comer cada día, por caso. Que fortalecieron su capacidad de consumo. Pero que resultaron finalmente frágiles refugios para la dignidad, como una de las casas de los tres chanchitos, arrasada al primer soplido del Lobo.
 
No alcanzó la militancia de la memoria. Valiosa, necesaria, justa. Reparadora. Se hizo mucho, pero no alcanzó. Duele admitirlo. Los 8.000, el 2x1, el “curro” de los Derechos Humanos, el desaparecido que no desapareció o que desapareció porque “algo habrá hecho”. Estamos como si los milicos no hubiesen tenido la guerra de Malvinas: pidiendo orden, mano dura y represión, comprando importado.

No nos alcanzó. No a una candidata, a un partido, a una ideología. No nos alcanzó a los que quisiéramos, siquiera por un rato, que la tortilla se vuelva (ya sé, tendríamos que borrar “por un rato”, es la edad). Pudimos poco, o mucho. Siempre dependerá de la referencia. Pero los resultados están a la vista, regresamos a sostener lo que creíamos obvio.

¿Y ahora?

Ahora es tiempo de que alcance. Para empezar, que alcance lo que cada uno de nosotros hacemos. Un poquito más. Un libro más para leer, saber y entender. Un doble click más al periodismo decente, un manguito más a la prensa auto gestionada. Una charla un poco más larga en la mesa familiar, en lo posible con una sonrisa, mucha paciencia y, antes que nada, sabiendo escuchar. Bajar más a la asamblea de los compañeros. Aunque sea un ratito. Y si no hay asamblea, si no hay sindicato o si son unos soberanos traidores, juntarse con unos mates en la plaza. Un poquito más de pies en el barro, cerquita de los que no han conocido nunca el lado amable de la vida. Lo que se pueda. Pero un poquito más.

Un día nos vamos a reconocer todos en ese esfuerzo, en esa vocación, en ese grito desesperado. Y ahí habrá que volver a organizarse, sin divismos, egos, vanguardias o falsas épicas. Pero para eso falta. Mientras tanto, a intentarlo: tal vez no garantice la victoria; no hacer nada certifica la derrota.