Miles de personas convocadas por nueve centrales sindicales protestaron en más de 20 capitales de Brasil para reclamar contra la reforma laboral que entra en vigor mañana, y a su vez, pedir la renuncia del presidente de facto, Michel Temer.

En un puente entre Río de Janeiro y Niteroi, los manifestantes dejaron una bandera con la consigna "Poderes Podridos: trabajador resiste".

En San Pablo, la ciudad más grande de Brasil y corazón económico del país, las centrales sindicales se concentraron en la Plaza da Sé, en el centro de la urbe.

La protesta incluyó paros en transporte, bancos, comercios y fábricas que se declararon en estado de asamblea.

El gobierno de Temer logró por amplia mayoría la aprobación de la reforma laboral en julio último, con el argumento de disminuir los litigios en la justicia del trabajo.

Los sindicatos reclaman que la nueva ley reduce los derechos, favorece la precarización y da facilidad a las patronales para despedir trabajadores.

En medio del reclamo, trabajadores petroleros del estado de Bahía, impidieron por algunas horas el tránsito en una terminal de colectivos en Camacarí. En tanto, petroleros de Petrobras protestaron en la entrada de una refinería en Santo André, en el Gran San Pablo, y en Paulinia.

Más de 200 municipios fueron afectados por el cese de tareas de los bancarios en estados como Santa Catarina, Río de Janerio, San Pablo, Paraná, Minas Gerais, Brasilia, Pernambuco, Bahía y Rio Grande do Sul, según fuentes sindicales. En Brasilia hubo paro de trabajadores del subterráneo en reclamo de aumento de salarios.

En Río de Janeiro, la movilización incluía a los empleados públicos, muchos de los cuales aún no recibieron el aguinaldo de diciembre de 2016 a raíz del estado de calamidad financiera del gobierno estadual.

Movimientos indígenas Sin Tierra y Sin Techo apoyaron a los sindicatos en Sao Luiz de Maranhao, en el nordeste del país, contra la reforma laboral.

La entrada en vigor, mañana, de la nueva ley laboral modifica las relaciones del trabajo de los últimos 70 años en Brasil. Los pisos y techos salariales podrán ser negociados entre patrones y empleados, sin la intervención de los sindicatos, además de que se legaliza la tercerización del trabajo, sin necesidad de crear un vínculo de dependencia.

La nueva ley también posibilita al empleador cortar en tres las vacaciones de 30 días de los empleados y contratarlo apenas por horas, en caso del trabajo intermitente, cuando sea necesario que realice la función.

Se legaliza, también, el intervalo de 30 minutos y no se contará como tiempo trabajado el plazo que cada empleado utilice en cambiarse de ropa o en trasladarse (situaciones rurales) hacia los campos desde los cascos urbanos.

En un punto reclamado por las patronales durante la discusión de la ley, los congresistas aprobaron que en caso de que un trabajador pierda una demanda en la justicia del trabajo, deberá pagarle al juez y a la empresa las costas del proceso.