La Iglesia católica no distingue género, color partidario ni credo a la hora de presionar para impedir la consagración de derechos civiles que supongan un perjuicio a sus intereses. Ataca por todos los frentes y con todas sus fuerzas. Eso es lo que se deja entrever de la experiencia de la diputada nacional por Tucumán Stella Maris Córdoba, que lleva poco más de una década en la Cámara baja.

En una entrevista con INFOnews, la parlamentaria kirchnerista comentó su experiencia durante el tratamiento de la ley de matrimonio igualitario y se refirió al próximo debate del Código Civil unificado, respecto del cual la Iglesia católica ya planteó una dura oposición.

INFOnews: Ahora que se está por debatir el Código Civil unificado, ¿cómo ve que influye la Iglesia católica, a través de algunos legisladores nacionales, en su intención de frenar algunas iniciativas que incluye este digesto?

Stella Maris Córdoba: Creo que se va a poner en contacto primero con los diputados y senadores de la Comisión Bicameral, pero como siempre, seguramente, sus representantes convocarán en cada distrito a los diputados y senadores para expresarles lo que piensa la Iglesia sobre cada tópico.

IN: ¿Cómo podría describir ese lobby de la iglesia durante estos años, en que ha ocupado una banca en la Cámara de Diputados?

SMC: El lobby de la Iglesia Católica siempre ha sido muy fuerte.

IN: Según una encuesta del Conicet, es frecuente que los legisladores nacionales se reúnan con religiosos; más de la mitad se ha encontrado con un obispo y un 45 por ciento, con un sacerdote católico en el último año. ¿Conoce cómo algunos legisladores responden a las jerarquías eclesiásticas y de qué manera lo hacen?

SMC: Recuerdo la activa militancia y participación de la senadora (sanluiseña Liliana) Negre de Alonso, coordinando en cada provincia la participación en las audiencias públicas de las diferentes organizaciones y grupos católicos, en ocasión de debatirse  el matrimonio igualitario. En esa oportunidad era muy clara la parcialidad en limitar la participación de quienes apoyaban la ley, y la abundancia de oradores, todos de grupos católicos vinculados a la Iglesia, que se oponían. Me pareció tremendo que suspendieran días de clase en los colegios católicos para movilizar en manifestaciones de protesta a los niños y niñas de esos establecimientos, inculcándoles consignas que expresaban una gran agresividad hacia quienes pensaban diferente. Inclusive esto me llevó a replantear la educación de mi hija (está por tomar la primera comunión).

IN: ¿Cómo fue su experiencia durante el debate del matrimonio igualitario?

SMC: Fue muy dura. Fui alumna de un colegio católico durante la dictadura. Me considero cristiana, aunque hoy tengo una mirada crítica sobre aquellos años. Nunca me sentí tan agredida por defender una idea como en aquel debate. En mi provincia, Tucumán, fui la primera en pronunciarme a favor de la ley. Siempre sostuve que a los que no la querían no les causaría ningún daño, mientras que a los que la necesitaban les ahorraría mucho dolor. Sin embargo, la militancia antiley que motorizó principalmente la Iglesia católica a través de sus diferentes grupos de pertenencia tuvo niveles de intransigencia y agresividad muy similares a los que vivimos durante el debate de la Resolución 125 (de 2008, de retenciones móviles a la exportación de granos). Cuando concurrí a la audiencia pública a defender la ley fui insultada de la peor manera, como nunca en mi vida. Advertí una gran contradicción entre enseñar "el amar al prójimo como a ti mismo", aquello de que "todos somos hijos de Dios", y enseñar a un grupo de adolescentes a gritar los peores insultos a una mujer, que además es madre, solo por defender una idea distinta. 

IN: Se sancionó la ley el matrimonio igualitario, la de muerte digna y la de identidad de género, pero quedan pendientes, además del Código Civil unificado, temas como la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal, y hay proyectos de interrupción voluntaria del embarazo y de fertilización asistida. A todos ellos la iglesia se opone fuertemente. ¿Cree que se darán estos debates en un futuro próximo o mediano y que, eventualmente, el Congreso podrá avanzar en la sanción de alguna ley? ¿O piensa que la iglesia puede ganar estas batallas?

SMC: Estos últimos años hemos alcanzado cierta madurez para debatir los temas importantes en la Argentina. En el Congreso hay temas que ya han alcanzado un consenso mayoritario como la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal, y la fertilización asistida. Estimo que el debate que ya se inició va a dar resultados en poco tiempo. No son batallas de la Iglesia, son batallas que debe ganar la sociedad argentina porque están vinculadas a la salud y a la posibilidad de dar vida y amor.