Sociedad

Una poderosa herramienta para defender el derecho a la tierra

Mercedes Marsal, fundadora de Arte y Esperanza, una institución solidaria, silenciosa y necesaria, que decidió hace ya 30 años ser un puente cultural entre las comunidades de los pueblos originarios destacó que las obras "llevan un gran mensaje histórico, ancestral, pero también las manos de las y los artesanos buscan resignificar esas piezas a su realidad actual".

Arte y Esperanza
Arte y Esperanza

La vida brota de las artesanías Kolla, Wichí, Qom-Toba, Mbya-Guaraní, Pilagá, Chané, Diaguita Calchaquí y Mapuche.y esta expresión de los pueblos originarios no pretende calmar el dolor ni simbolizarlo, pero el arte es una poderosa herramienta para defender el derecho a la tierra.

Hoy Arte y Esperanza, continúa su trabajo. Es una institución solidaria, silenciosa y necesaria, decidió hace ya 30 años ser un puente cultural entre comunidades indígenas y la sociedad de la Argentina con el transfondo del derecho a la tierra.

Entrevistamos a la fundadora, Mercedes Marsal. 

INFOnews: ¿Cómo empezó la historia de Arte y Esperanza?
Mercedes Marsal: En 1985 un grupo de voluntarios conectados con el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (ENDEPA), de la Iglesia Católica, comenzó a visitar periódicamente a los pueblos indígenas del Gran Chaco (norte argentino). Este grupo eran padres del colegio Pedro Poveda de Vicente López. De aquellos primeros viajes surgió el deseo de comprometerse con la vida de estos pueblos, organizando un equipo de voluntarios que apoya desde entonces comercial y asistencialmente a numerosas comunidades. A lo largo de estos más de 30 años se generaron diversos proyectos, algunos de mayor envergadura, como la gestión para obtener una ambulancia para la zona del este del Chaco Salteño, computadoras para los chicos wichí de Salta, paneles solares para escuelitas Kollas de Iruya, tanques y acoplados cisternas para acopio de agua, la construcción de un Centro de Capacitación “Lewet”, y mucho más.

IN: ¿Cómo eran las relaciones con las comunidades indígenas y de cuáles estamos hablando?
MM: Las relaciones eran muy buenas pero en primera instancia mucho más asistenciales que de trabajo solidario compartido con los artesanos.Con el tiempo se fue fortaleciendo el vínculo, y nos permitió alcanzar una relación de igual a igual. Tender una mano pero ayudarnos mutuamente en mejorar la calidad de vida. Al principio las comunidades que visitábamos eran Wichí , Kolla y Qom Toba. En la actualidad, acompañamos a 36 comunidades, pertenecientes a ocho etnias diferentes y varios grupos de artesanos criollos con dificultades de comercialización. Esto significa un apoyo social y económico a más de 350 familias de las comunidades Kolla, Wichí, Qom-Toba, Mbya-Guaraní, Pilagá, Chané, Diaguita Calchaquí y Mapuche.

IN: ¿Cuaĺes fueron las primeras artesanías que empezaron a vender en Buenos Aires?
MM: Las primeras correspondían a los grupos wichi de Morillo , Salta. Tallas de animales, figuras humanas, cuencos, fuentes, realizados en madera de palo santo. por los varones. Y las mujeres se especializaban en collares y objetos realizados en semillas y fibras vegetales.

IN: ¿Uds son los primeros con esa idea?
MM: Los primeros ciertamente que no; la Iglesia anglicana apoyó mucho el desarrollo artesanal de los wichi, y su presencia se remonta a principios del siglo veinte. Pero a partir de los años 60/70 comenzó un proceso de apertura hacia estos pueblos, su realidad y sus culturas ancestrales. En nuestro país muchos hicieron el camino "de la ciudad al campo", fundando organizaciones como INCUPO, FUNDAPAZ y otras, que fomentaron mucho el desarrollo artesanal, como una herramienta válida para que las comunidades indígenas encontraran una manera de defender su derecho a la tierra, sin tener que abandonarla por falta de trabajo.

IN: ¿Cómo trabajan con los artesanos?
MM: Cada vez que comenzamos a trabajar con una nueva comunidad, en general, ha sido un pedido de ellos mismos para que los incluyéramos en el circuito de artesanos.  Repasamos juntos los productos, aportamos unas primeras ideas, y, en especial, la mirada del consumidor. Muy importante escuchar y ayudar a definir el precio justo para el artesano, y que también tenga idea de a cuánto se puede vender, y qué gastos debe ser tenido en cuenta a la hora de estar en una tienda en Buenos Aires. En cuanto a los potenciales clientes, nos interesa ser cada vez más un puente entre estos lejanos artistas,con tantas necesidades, y las personas que se acercan a nuestros puntos de venta. Fotos, videos, historias contadas, anécdotas, nos permiten acercarlos a nuestro público.
Además, en acuerdo con Cáritas de Humahuaca, en 2006 y 2007, abrimos dos tiendas en la zona andina, (Humahuaca e Iruya), a la cual bajan cientos de artesanos a llevar sus productos, y son comercializados en las dos tiendas, por algunas de las mismas artesanas. Nuestro apoyo se limita a realizar compras a las artesanas de las dos Tiendas "Manos Andinas", en especial en épocas bajas de turismo.

IN:¿Qué destacaría de los trabajos?¿Cómo los definiría?
MM: Yo diría que son expresiones de cada etnia, de cada cultura. Por supuesto que llevan un gran mensaje histórico, ancestral, pero también las manos de las y los artesanos buscan resignificar esas piezas a su realidad actual. Por eso distinguimos entre las piezas fieles a las antiguas tradiciones, y aquellas con datos más modernos.

Muchas veces hemos podido llevar maestros artesanos de otras comunidades, y también diseñadores de Buenos Aires, Algunos de ellos, Cata Agudín, creadora de la línea de calzado étnico Tonocotés. Gabriela Horvat diseñadora de especialisima bijou con hilados diversos, desarrolló con mujeres wichi una cestería preciosa que se realiza con base de cables de rezago, cubiertos en hilado de fibras de chaguar, con la doble función ecológica y de diseño original.

Obviamente, cada diseñador que invitamos compartimos la idea de que la gente pueda crear una verdadera expresión de la cultura viva. Destacamos los textiles kollas, realizados en lana de llama, en sus colores naturales, o en algún caso teñidos con anilinas naturales., tanto para uso personal, como para decoración.

De los wichi, preciosas bateas, réplicas de las antiguas; cubiertos, tallas antropo y zoomorfas. De las mujeres wichi, bolsos tipo playeros, yicas con diseños lindísimos, o lisas. Caminos de mesa, muñequitas en fibras, etc. De los pueblos diaguitas de Santiago, ó Catamarca, grandes textiles en lanas de colores, tipo alfombras, mantones bordados, etc. De la zona Cafayateña, cerámicas, y textiles de hilados más finos, con teñidos bien marcados: caminos, pie de cama, chales y chalinas, ponchos, etc.

IN:¿Existen pintores indígenas? ¿de qué pueblos?
MM: Fundamentalmente hay un grupo de pintores wichi, a los que se los animó desde la iglesia anglicana. Muy bellisimos cuadros que reflejan la vida y las actividades de ese pueblo. Desde Arte y Esperanza hemos comenzado a dar cursos de pintura con el maestro Antonio Giampietro a varias mujeres wichi interesadas, de las comunidades de Cañaveral y Santa María. Están dando sus primeros pasos, pero muy entusiasmadas.

IN: ¿Se conoce el trabajo que uds hacen?¿o tienen que remar mucho cada vez?
MM: Es muy difícil la difusión de el trabajo que hacemos ya que la realidad que viven los pueblos originarios es complicada de entender a través de un celular o una nota radial. El esfuerzo es mucho y cuando alguien visita las tiendas solidarias de Arte y Esperanza, comienza a comprender la enorme diversidad cultural que tenemos en la Argentina. Una vez que viaja a visitar las comunidades... su corazón queda cautivo.

IN: ¿Cuánto dinero por año genera este emprendimiento?¿Exportan?
MM: El monto que se envía a los artesanos ronda los $ 2.200.000.- anuales. Las comunidades wichi son, sin lugar a dudas, los más necesitados dentro de nuestros artesanos; a ellos se los apoya con compras permanentemente, ya que nuestro compañero Alejandro Michaux se encuentra en Salta, en el Pilcomayo, y visita semanalmente 8 comunidades, alrededor de 50 familias. Hemos exportado a Italia, España, y algún otro país, entre los años 2003 y 2009, en los cuales la situación económica y los costos de nuestro país eran más acomodados para las exportaciones.

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