Foto Presidencia
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La Argentina asumió la Presidencia del G20, el foro internacional que agrupa a los países más importantes del mundo, cargo que ejercerá hasta noviembre del 2018. Parece de gran importancia, aunque dependerá en realidad de la capacidad del Gobierno para aprovechar las oportunidades que genera el quiebre que vive el mundo hoy, y a su vez, evitar dejarse arrastrar por los efectos negativos de esa misma ruptura. Varias de las potencias desarrolladas están hoy en franca decadencia, política y económica, donde asumen otro rol las emergentes, con China a la cabeza encaminada a desbancar a Estados Unidos como primer potencia mundial, liderando la globalización económica y llevando a cabo la estrategia geopolítica más ambiciosa de la actualidad.

Este foro se organiza hoy, y desde hace años ya, en un mundo, un Sistema Internacional donde vuelve a reinar la anarquía y las guerras económicas, mediáticas, cibernéticas, sanciones y contra-sanciones, tensiones militares, geopolíticas y disputas por los recursos están a la orden del día. Una guerra mundial por partes, como afirmó el Papa Francisco. Un recalentamiento de la Guerra Fría, que parecía haber terminado a principios de los ´90, pero que regresa, renovada y elevando la tensión en Europa del Este, con guerra en Ucrania incluida y nuevos sistemas antimisiles norteamericanos para contener/amenazar el expansionismo de Rusia. Además, claro está, la disputa geopolítica que coloca a China en gran ventaja por sobre Estados Unidos para pasar al frente antes de mitad de siglo.

La crisis de Occidente, la retirada como cabecera del liderazgo mundial es notable. En los mismos thinks thanks norteamericanos hablan ya de la era del “pos-americanismo”, de la crisis de liderazgo, económico y político, del ascenso de Asia, de China, de India, de los BRICS, de lo que Occidente busca instalar como la “amenaza” rusa, y de otras potencias intermedias que hacen su propio juego mirando con un ojo a Estados Unidos y con el otro a China, aprovechando además el enorme debilitamiento geopolítico que profundizó la crisis financiera del 2008. No sólo es el proteccionismo de Trump, sino que el mismo Presidente-empresario sintoniza con el fin de la hegemonía norteamericana en los asuntos mundiales.

Y esto sucede más allá de que cierto establishment de Estados Unidos aún busque decirle al resto del mundo lo que debe hacer. Trump, sin embargo, a pesar de sus exabruptos, arrebatos y amenazas, parece comprenderlo de cierta manera y actúa en ese sentido. Claro que la enorme inestabilidad y anarquía que caracterizan al sistema hoy, pueden de momento a otro echar por tierra cualquier cálculo que podamos realizar. Esa es la esencia del sistema anárquico que vivimos hoy.

Pero quienes hoy siguen criticando al presidente norteamericano por sus acciones de retroceso como “líder del mundo libre”, no comprenden que ese mundo ya no es el mismo de hace 15 o mismo 10 años.

Como ya es sabido, China ya es el principal socio comercial del mundo, inclusive de aliados históricos de Estados Unidos como Corea del Sur y Australia, entre otros. Es el principal importador y exportador mundial y con la nueva ruta y Cinturón de la seda multiplica la inversión del Plan Marshall de pos Segunda Guerra Mundial, y está poniendo de su lado a varios países del mundo, inclusive aliados norteamericanos, como Filipinas, países africanos y de Europa Occidental, donde el gigante asiático está adquiriendo activos estratégicos, como puertos (Grecia), aeropuertos y empresas de robótica (Alemania), entre otros.

Trump abandona el Acuerdo de París, China asume su liderazgo, Estados Unidos descarta el TPP (Trans Pacific Partnership), China impulsa el RCEP (Regional Comprehensive Economic Parternship) que por ahora deja afuera los países americanos del TPP, pero suma a India, Indonesia y otros países de Asia. Resulta aún más importante de lo que era el TPP. Trump aboga por el proteccionismo, Xi Jinping por el comercio libre. Claramente, porque hoy la competitividad china supera a la norteamericana en diversos aspectos, y paradójicamente, Usa se convirtió también en exportador de combustible hacia la potencia asiática.

La crisis que vive Occidente se expresa también en un retroceso industrial –solamente Estados Unidos ha perdido 57 mil industrias en los últimos años-, con crisis laborales crecientes, desregulaciones, enormes protestas y una brecha de ingresos profundizada que sigue avanzando, allí, en Europa Occidental y ahora vuelve a incrementarse en América Latina. El 1% de la población mundial tiene más riquezas hoy que el 99% restante. Sólo 8 personas tienen más riqueza que 3600 millones de personas. Más de 800 millones de seres humanos pasan hambre en el mundo.

Este es el mundo del Capitalismo salvaje que ha impulsado el establishment occidental, y que se le ha vuelto en contra poniendo en notable crisis a las democracias de libre mercado, con más contenido de libertinaje financiero que de Democracia. Claramente el mismo concepto de Democracia ha sido devaluado por el Neoliberalismo, ya que la ciudadanía ha ido perdiendo el poder y el control de sus resortes, y la representatividad parecen quedar olvidada en urnas llenas de promesas, en favor de los mercados desregulados.

Este año, el futuro del trabajo, la seguridad alimentaria y las inversiones en infraestructura conforman los ejes principales del G20, por lo menos en lo formal. Aunque a la luz de los hechos, los resultados de las promesas que realiza desde hace años el Foro Internacional-por lo menos en cuanto a los elementos de contenido social- no tienen en realidad un resultado concreto. Aumenta la precarización laboral, los procesos de flexibilización, los ajustes previsionales, y se priorizan cada vez más los intereses financieros y de las grandes corporaciones, por sobre los pueblos y los trabajadores.

Hoy, 2300 millones de personas en el mundo no acceden al agua potable, 152 millones de niños son sometidos a trabajo forzado, muchos de ellos en minas de extracción de minerales para las grandes corporaciones tecnológicas. Y contamos con la cifra de más de 40 millones de esclavos, en su mayoría mujeres y niñas explotadas sexualmente, además de muchos refugiados que son vendidos al mejor postor. La OIT anunció ayer que más de la mitad de la población mundial, es decir unas 4000 millones de personas, carecen de cobertura social alguna.

Mientras tanto, la temperatura del Planeta sigue aumentando, alcanzando records históricos, los glaciares se siguen desprendiendo, miles de migrantes siguen muriendo intentando cruzar el Mediterráneo todos los años. El tráfico de armas, de drogas y de personas supera el PBI de muchos países, sumado a ello que la evasión de las grandes corporaciones ronda en 100 mil millones de dólares anuales, mientras éstas mellan el poder de los Estados dificultándoles dar respuesta a necesidades de las sociedades.

En este marco se reúne el G20, en un mundo anárquico, en pleno traspaso del poder de Occidente hacia el Asia-Pacífico, con gran peligrosidad pero también con economías bien integradas y con una brecha de ingresos que aumenta en forma desmesurada.

En términos geopolíticos vemos un Estados Unidos en retirada pero buscando contener el ascenso de China y Rusia, con notable militarización de Europa del Este por un lado, y del mar meridional de China por otro mientras el gigante asiático sigue construyendo islas artificiales. Además claro de una Península coreana al borde del estallido que parece no llegar nunca. Esperemos, por el bien de todos, que no llegue.

Las guerras en Ucrania y en Siria han demostrado que estas tensiones geopolíticas no se dan en términos pacíficos. La situación en Ucrania aún está lejos de resolverse, mientras que la intervención de Rusia en Siria, donde Putin terminó aliándose con Trump en el combate contra el Estado Islámico –Siria ha recuperado el 98% del territorio nacional-, llama la atención en medio de esta nueva Guerra Fría.

Si bien Rusia y China iniciaron su camino con desventaja, rodeado uno por la OTAN y otro por las bases y buques norteamericanos –y ambos países al alcance de los sistemas antimisiles de USA-, vienen avanzando de manera continua, notable y a paso firme. Putin se adelantó y con el debilitamiento de ISIS en Irak y Siria, organizó una cumbre con Irán y Turquía, luego de recibir a Bashar al-Ásad, para determinar el futuro del país. Mientras, los diversos grupos terroristas se siguen cobrando vidas, recordemos cerca del 90% de las víctimas, musulmanes.

A pesar de lo que muchos piensan y aún con desenlace incierto, Trump entabló un mayor diálogo con Xi Jinping y con Putin para evitar nuevos enfrentamientos, aunque habrá que ver en Medio Oriente si Israel y Arabia Saudita permiten a Rusia y al presidente de Siria salirse con la suya. Y claro está, las decisiones de Estados Unidos pueden cambiar de un momento a otro.

Así es que mientras los discursos y encuentros del G20 se llenan de palabras, promesas y buenas intenciones, el mundo se sigue reacomodando con enormes tensiones y pujas, en dirección hacia el nuevo Orden Mundial que tendrá a China como nuevo Hegemón en este siglo XXI.

El papel que vaya a ocupar la Argentina dependerá de la capacidad de diseñar una doctrina seria de política exterior, sostenible en el tiempo, que aproveche fortalezas nacionales y regionales para poder ubicarse en un lugar real de preponderancia, y no en un benefactor de los poderes financieros con fachada de liderazgo continental. El movimiento pendular de la Política Exterior entre los gobiernos progresistas y conservadores no es, claramente, un buen augurio, y menos lo es ajustar la política exterior al interés de un Occidente en decadencia.