Bonadio y la AMIA: un mensaje que va más allá de Cristina Kirchner
Bonadio y la AMIA: un mensaje que va más allá de Cristina Kirchner

Fueron muchas las voces de condena que se alzaron al conocerse en las primeras horas de este jueves los detalles del nuevo dislate ejecutado desde el juzgado de Claudio Bonadio. Algunas de ellas fustigaban el "revanchismo" que atribuyen a las decisiones del magistrado, mientras que otras señalaban también la utilización del "circo judicial" para correr de la agenda temas que incomodan al Gobierno, como el recorte a los ingresos de los jubilados y otras malas noticias que depara día a día la economía.

Probablemente, ni unos ni otros estén muy desacertados. La sed de revancha es un rasgo insoslayable de un proyecto político que representa a quienes se mordían uñas y codos viendo cómo los más vulnerables conquistaban derechos durante doce largos años. Y producir un hecho de fuerte impacto para silenciar tropelías propias es un recurso habitual por parte de todos los gobiernos. El actual, con su puntillosa estrategia de marketing, plagada de jugadas lícitas e ilícitas, no es precisamente la excepción.

Sin embargo, en la bochornosa ofensiva de Bonadio hay otro componente, menos ligado a la coyuntura actual y más asentado en la propia raíz de la causa AMIA. Repasemos.

El atentado terrorista que cobró la vida de 85 personas el 18 de julio de 1994 fue objeto de una trabajosa trama de encubrimiento forjada desde ese mismo día. Poderosas voluntades, vernáculas y foráneas, unieron sus fuerzas e influencias para garantizar que nunca se llegue a saber la verdad sobre este grave episodio.

Quienes estudiaron los detalles de la (no) investigación que arrancó en aquel fatídico invierno no dejan de asombrarse por la cantidad de capas espesas que se fueron acumulando para enterrar en una profunda oscuridad la verdadera naturaleza de los hechos, sus motivos y sus autores.

De hecho, una parte -solo una parte- de los protagonistas de esa mega operación de encubrimiento está siendo juzgada en el juicio oral que comenzó en agosto de 2015 y que es acompañado desde entonces por un estruendoso silencio mediático.

Asombrosamente, ya nadie reclama una investigación a fondo, excepto los familiares de las víctimas, que fueron quedando aislados y desamparados en su pedido de justicia, pese a que nadie duda en calificar a aquel ataque terrorista como uno de los sucesos más importantes de la historia argentina reciente.

Entonces, si bien tienen su parte de verdad las explicaciones ligadas al "revanchismo" y al "circo" para distraer, hay también un mensaje que va más allá: todos los sectores empeñados en mantener esa impunidad, apuntalada por el accionar de la mayoría de los jueces y fiscales que desfilaron por la causa, llevan a cabo a través de su brazo ejecutor Claudio Bonadio una implacable persecución contra Cristina Kirchner y los ex funcionarios que participaron de su gobierno.

Esta persecución intenta "castigar", por supuesto, a la ex presidenta. Pero va más allá de ella. El objetivo es concretar una acción ejemplificadora. ¿Por qué? Porque su gobierno fue el único que se planteó cómo salir del statu quo de una causa "empatada" y sin culpables, desentrañar la maraña de encubrimiento, poner en marcha una búsqueda que nos acerque de una vez a la verdad.

Entonces, el operativo "traición a la patria" apunta a Cristina Kirchner y a sus ex funcionarios, pero los excede. Sus verdaderos destinatarios son los futuros presidentes y funcionarios: que a nadie se le ocurra volver a intentarlo. Que a nadie se le ocurra alterar esa situación tan cómoda para los dueños del silencio, una situación donde sobran los sospechosos convenientes pero faltan las certezas. Y no se buscan.