Sociedad

Diario de viaje, los Yaquis ¿brujos o guerreros?

"Mucha gente asocia los Yaquis al chamanismo por Carlos Castaneda, quien fue iniciado por un brujo de esa tribu pero, otro rostro de este legendario pueblo es el de la resistencia y la guerra", dice la autora y nos invita a revivir sus experiencias en Sonora, México.

Foto de Alba Silva
Foto de Alba Silva

Mucha gente asocia los Yaquis al chamanismo por Carlos Castaneda, quien fue iniciado por un brujo de esa tribu pero otro rostro de este legendario pueblo es el de la resistencia y la guerra.

En Sonora, en el noroeste mexicano, entre 1860 y 1910 pelearon por territorio y autodeterminación. Soportaron masacres al punto que casi los extinguen, pero ganaron, impusieron sus derechos y ahí están, fuertes y orgullosos siendo yaquis. O yoremes, como se llaman a sí mismos.

Antes que existiera México ellos ya ocupaban Vícam, Pótam, Bácum, Tórim, Cocorit, Huíviris, Rájum y Beene o Belem, los famosos 'ocho pueblos' en los que viven y que más que asentamientos geográficos son la base de su organización política tradicional. Como dice el pensador y aqui Santos García Wíkit se trata de "pequeños estados".

En su espacio -unas 500 mil hectáreas que el presidente Lázaro Cárdenas entregó por decreto presidencial en 1938- practican la autonomía, 'el manejo de sus propios asuntos': tienen sus instituciones, su lengua, su pensamiento, su cosmogonía -sincretica y profundamente católica- y voluntad de defensa de su territorio por el que tomaron las armas hasta vencer.

El libro de Paco Taibo "Los Yaquis. Historia de una guerra popular y de un genocidio en México" publicado en el 2013 echa luz sobre acontecimientos que estuvieron negados y silenciados en el país del norte. El trabajo da cuenta de cómo enfrentaron los sucesivos embates, qué tácticas y estrategias se dieron y cómo surgieron sus líderes ante la pretensión del Estado y de empresarios de parcelar y vender sus tierras.

Ejércitos regulares, punta de lanza de gobiernos que a toda costa querían incorporar el vasto valle del Yaqui a "la producción" los persiguieron y asesinaron sin treguas pero los indios prevalecieron.

Foto Alba Silva
Foto Alba Silva

Cajeme, un líder que configuró la resistencia y la respuesta de los Yaquis fue capturado y muerto. Cuando parecía que les habían ganado, 10, 15 años después surgía otro conductor, y luego otro y otro que guiaba hombres, ancianos, mujeres y niños en el rechazo a cualquier propuesta que no pasara por la salida de los "yoris" (blancos) de su territorio.

Eso ya forma parte de la historia de los Yoremes y de los mexicanos pero más acá, unos cien años después, en octubre del 2007, Vícam -pueblo cabecera- fue el escenario de un Encuentro de Pueblos Indígenas al que estaban invitados originarios de Alaska a Tierra del Fuego. También algunos periodistas entre los que me contaba pero no pude llegar. Diez años después, en diciembre del 2017 pude asomarme a sus singularidades. Apenas unos momentos que me causaron asombro y plenitud.

DOÑA PETRA EN LA TIERRA DE LOS MISTERIOS

El clima en Sonora es muy parecido a Santiago del Estero, extraseco, tórrido y opresivo pero nosotros llegamos a mediados de diciembre, cuando el invierno se instala en toda norteamérica y la gente, por esta latitud, se abriga un poco. Los hombres de este pueblo se visten mayoritariamente al estilo tejano con el característico sombrero blanco de vaquero. De la vestimenta de las mujeres se destaca el rebozo con el que se cubren del sol y de las miradas ajenas. Todos son altos y de fuerte constitución física. Normalmente son gente distante y seca a menos que uno sea presentado como fue mi caso. Igual no hubo mucho tiempo, en el primer día apenas una recorrida por algunos de los pueblos y conocer y conversar con la madre de nuestro anfitrión, Petra, quien cumple un rol relevante en las comunidades: es curandera. También recibe a "yoris" que llegan hasta de la misma Ciudad de México para consultarla.

Alta, delgada, de edad indescifrable y ojos pardos penetrantes como flechas, Doña Petra, una especie de scanner espiritual, nos recibió en su casa y nos saludó. Con total naturalidad nos leyó y describió (dijo qué veía de cada uno de nosotros) allí mismo sin dar lugar más que a la sorpresa. Pero en esa tierra tan especial nos esperaba otra situación extraordinaria, una que viene de los tiempos en que los jesuitas se asentaron (1617 en adelante) y lograron catequizar a los yaquis: pudimos asistir a una misa cantada en latín, castellano y yoreme (su lengua).

La ceremonia duró unas dos horas en una vieja iglesia enorme casi vacía sin asientos ni más muebles que una silla y un posalibros para una biblia que el temastián (maestro indígena que conducía la misa) usaba de pie. Las magníficas voces de las mujeres se extendían y rebotaban en la vieja iglesia y hacían contrapunto con el registro grave del sacerdote al que más tarde se unió otro hombre. Dos hileras de hombres y mujeres por delante del sacerdote y las mujeres cantoras permanecen de rodillas durante toda la misa que continúa y culmina con una breve procesión afuera del templo.

Es muy difícil contar una situación a la que simplemente podría calificar de anómala, única y, maravillosa. Probablemente esa unión con el espíritu es la que fortalece a los Yaquis, la que los hace invencibles. Nosotros hablamos con el temastián que nos contó algo de un rito centenario pero eso es otra crónica rápida sobre los yaquis. Antes de irnos una pregunta cayó sola acerca del famoso brujo que inició a Castaneda, la respuesta, con una sonrisa, fue, "acá todos somos Juan Matus".

Especial agradecimiento a Cirilo Acuña, un profesor respetado y amado por varias generaciones de alumnos y que desde hace muchos años edita el sitio Prensa Indígena desde el fabuloso México.

*La autora es periodista, especialista en Pueblos Indígenas, Socioambiente y Campesinado. Twitter: @Albafwa

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