Hoy arranca una semana clave para las mujeres que luchamos. El próximo jueves es el Paro Internacional de Mujeres y en nuestro país hace semanas que se realizan asambleas multitudinarias de mujeres, lesbianas y trans para organizar el paro y la marcha. Pero además de lo que hoy ocurre con el movimiento feminista en la Argentina, en todo el mundo las mujeres se organizan para manifestarse públicamente por más derechos y es interesante reflexionar sobre la lucha de otras mujeres del mundo.

Del 8 al 10 en Chiapas, México, se organiza el Primer Encuentro Internacional, político, artístico, deportivo y cultural de Mujeres que luchan. Las mujeres zapatistas invitan a todas las mujeres individuales y colectivas de México, América Latina y el mundo a encontrarse. Dicen las mujeres que luchan: “Compañeras, hermanas, les saludamos con respeto y cariño como mujeres que somos, mujeres que luchan, resisten y se rebelan en contra del sistema capitalista machista y patriarcal”. ¿Pero quiénes son las mujeres zapatistas?

Crédito Diego Pintos
Crédito Diego Pintos



El 1 de enero de 1994 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional toma 7 cabeceras municipales del estado de Chiapas declarándole la guerra a un estado mexicano antidemocrático y neoliberal. Pero antes del golpe, en 1993, ya le habían declarado la guerra al machismo que todo tiene que ver con colonialismo y explotación, y nada con la herencia indígena; el zapatista fue el primer ejército revolucionario que incorporó reivindicaciones de género.

En su seno, desde hace 25 años nacen mujeres insurgentes, capitanas, tenientes, milicianas, mujeres productoras cooperativistas. En un inicio, las mujeres indígenas eran minoría al interior el movimiento zapatista; sin embargo, para 2004, año del que proceden los estudios más recientes, ya formaban un tercio de las fuerzas zapatistas armadas y un 50% de las “bases de apoyo”.

Allá, en el sureste mexicano, desde un puente que tiende San Cristóbal de las Casas hasta la selva lacandona, se alza un ejército revolucionario que desde siempre entendió que capitalismo y patriarcado son socios y solidarios. Entendió que no hay otro destino para el campo popular que no sea feminista, y viceversa.

Las mujeres zapatistas tienen su ley revolucionaria que les otorga derechos: a decidir cuántos hijos quieren tener, al mismo salario, a participar como iguales en la lucha revolucionaria, a elegir la pareja, a ser comandantas del Comité Clandestino Revolucionario Indígena. Es ley. Sin permiso de la RAE que aprueba murciégalos y almóndigas, pero nunca legitima a las mujeres en lugares de poder. Nunca comandantas, nunca presidentas.

Quimey Ramos en el Encuentro Nacional de Mujeres de Resistencia, Chaco. Foto: Dai Ana.
Quimey Ramos en el Encuentro Nacional de Mujeres de Resistencia, Chaco. Foto: Dai Ana.



La lucha armada y simbólica del EZLN, con unas pocas victorias militares y varias más políticas, logró instalar en la retina de toda la patria grande una foto de dignidad encapuchada. Polleras y volados enfundando rifles. Estrella en los ojos, enmarcados por trenzas negras y pañuelo rojo. Un póster en la pieza de una nena de 8 años que llega hasta Argentina. Es un modo particular, situado, histórico en el que se expresa la potencia del movimiento de mujeres. Hay muchas otras formas que debemos mirar, entender y sobre las cuales debemos reflexionar. Hay muchas mujeres también que se suman a esta marea que hoy desborda la agenda pública del planeta. Habrá que hablarnos y escucharnos como mujeres, como proponen las zapatistas, para poder fortalecernos, para poder organizarnos y avanzar en nuestro objetivo común en la diversidad que es la conquista de todos los derechos, sin privilegios para nadie.

Hoy América Latina quiere ser toda feminist
a. En asamblea popular la Argentina diagrama una huelga al patriarcado. En encuentro de mujeres que luchan, Chiapas comparte su experiencia con el continente. Cada ciudad del sur prende su foco para encender en el mundo la insumisión de las mujeres, travas, trans y lesbianas del sur. Somos nietas del filo de la espada de Juana Azurduy, somos hijas del rifle de guerrillera zapatista, somos hijas de los pañuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo. Somos mujeres urbanas, campesinas, indígenas. Somos mujeres blancas, negras y mestizas. Tenemos poco en común, tenemos distintas trayectorias, recorridos y herencias, pero cada vez somos más las mujeres que luchamos, por un mundo nuevo con igualdad de derechos y justicia social. ¿No es el #8M un nuevo modo de ocupar las calles, de relacionarnos con la sociedad, de manifestarse?

* Andrea Conde es legisladora porteña y presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud