"Diana incendió morales rancias para defender la vida y los derechos de las personas trans"
"Diana incendió morales rancias para defender la vida y los derechos de las personas trans"

Comenzó el juicio con un cartel al frente. Un cartel, el mismo cartel que Amancay Diana Sacayán llevaba en sus manos el primer Ni Una Menos en el año 2015, donde se pone en juego un concepto: travesticidio. Tres años después, Sasha Sacayán, lleva como bandera y homenaje ese mismo cartel al juicio por el asesinato de su hermana Diana. Porque sí, tal como lo diría ella, no fue solo un asesinato, fue un travesticidio.

Amancay, la humilde india que entrega su corazón. Una flor brillante color sol con motas rojas. Así era ella, humilde, travesti, brillante, diaguita inquieta, tucumana hermosa, de sonrisa tímida y amplia a la vez. Su pelo negro carbón y sus ojos medialuna de estrellas te hacían mirarla sin pestañear. Y cuando hablaba, su voz acentuaba el encanto.

Estudiaba en la Universidad popular de Madres de Plaza de Mayo, mientras fundaba el M.A.L (Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación), o fundaba el primer periódico trans o caminaba por alguna calle en Laferrere. La Matanza la tuvo como primera candidata travesti a la Defensoría del Pueblo y en el año 2012, tras la sanción de la Ley de Identidad de Género, fue una de las primeras en recibir el DNI con su único y verdadero nombre de la mano de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner

El domingo 11 octubre de 2015 esperábamos a Diana Amancay en Mar del Plata durante el trigésimo Encuentro de Mujeres. Una peña ansiaba sus pasos, las amigas, el abrazo; y las compañeras, las palabras de una dirigenta tan imprescindible como la ley que hoy lleva su nombre: la ley de cupo laboral trans Diana Sacayán.

Diana nunca llegó. Fue asesinada por David Marino abriendo a puñaladas un tajo irreparable en la historia. Como si se nos hubieran cortado los tejidos, roto los ligamentos, secado la lengua y quebrado los huesos. A todas, al mismo tiempo, sin poder juntar palabras para el dolor en una ruta camino a casa.

Este camino que puede abrirse nos conduce, como Diana lo hizo en vida con la fuerza de su militancia, a un país más digno, más igualitario y más justo para todos y todas.

La sutura fue entender que nunca su vida fue entregada, la defendió siempre. No solo la suya, incendió morales rancias para defender la vida y los derechos (si es que se pueden separar) de las personas trans y travestis, históricamente relegadas, dolorosamente excluidas de un mundo que durante siglos se construyó binario. El promedio de vida de las chicas trans es tan sólo de 35 años. Contra este número del horror luchaba Diana. Por el cupo, por la inclusión, por la dignidad que la sociedad les niega a diario.

Diana fue asesinada por travesti, fue un crimen de odio por su condicion de militante de derechos humanos, pero también por ser travesti.

El lunes pasado se inició el juicio por su asesinato, tantas veces postergado. Este juicio representa una posibilidad histórica. No sólo porque se podrá hacer justicia por este crimen aberrante, sino también porque podrá abrir un camino. Será la primera vez que se utilice la figura de travesticidio para condenar un crimen. Y este camino que puede abrirse frente a nosotros nos conduce, como Diana lo hizo en vida con la fuerza de su militancia, a un país más digno, más igualitario y más justo para todos y todas.