Manifestación anti aborto. (Foto: Twitter)
Manifestación anti aborto. (Foto: Twitter)

Hace dos semanas que el Congreso de la Nación, todos los martes y jueves, se tiñe de verde feminista. Puertas adentro y puertas afuera. Hay feministas de todo tipo en la vereda tomando mates, o en el estrado explicando por qué hoy el aborto tiene que ser legal.

Pero si hubo una sorpresa, incluso para las que militamos desde hace años, es la creatividad y la ocurrencia de los que se oponen a la legalización del aborto para inventar argumentos de lo más insólitos a la hora de debatir una política pública de salud como lo es la despenalización del aborto. Política que otros países como Italia, tienen implementada hace más de 40 años.

Las participaciones de quienes defienden la postura anti-derechos son imperdibles. Van desde el holocausto mundial y el despoblamiento de la Tierra hasta animaciones berretas de dudosa procedencia con golpes bajísimos al estilo muerte de Mufasa del subdesarrollo. En general son siempre los mismos. Con mejores o peores oradores. Con mayor o menor osadía en extremar sus posiciones, o esconderse detrás del conservadurismo académico.

Así que les trajimos un decálogo elaborado desde una cirugía profunda a estos discursos. Un podio de la posverdad con 10 argumentos con los que tendremos que lidiar hasta que saldemos esta deuda de la democracia.

"Para construir comunidad, necesitamos que la política se haga cargo y legisle sobre la nuestro cotidiano y no sobre la metafísica"

Sin dudas el más jugado: Holocausto. Resulta ahora que quienes apoyamos la legalización del aborto estaríamos exterminando un grupo social de raza “feto” y fomentando (sic) “la eliminación de nuestros propios ciudadanos que además tenga que ser pagado por nuestros impuestos”. Por supuesto, al final todo era cuestión de impuestos.

Le sucede segundo en el podio el argumento de "la sociedad podrida". Estas son algunas frases textuales: “esta es una sociedad idiotizada y banalizada por el sexo”; “para prevenir el aborto hay que abolir la drogadicción y la promiscuidad”; “¿Hasta dónde vamos a llegar? Divorcio, matrimonio gay, aborto, lo único que queda es la eutanasia”. Quizás lo único que resulte podrido a esta altura es la posibilidad de algunos para pensarse dueños y regentes de cuerpos y deseos de les demás.

Otros y otras van por el pensamiento mágico, la metafísica de la materia. ¿Cuándo comienza la vida? ¿Tiene alma? ¿Ser o no ser? Lo explico Darío Sztajnszrajber, tanto feto como alma son metáforas funcionales a las narrativas con las que explicamos lo que somos. Para construir comunidad, necesitamos que la política se haga cargo y legisle sobre la nuestro cotidiano y no sobre la metafísica.

Luego, y en línea con la metafísica aparecen los profetas y futurólogos anunciando, por supuesto, el apocalipsis: “legalizar el aborto va a arrastrar una ola de violaciones”, “hay riesgo de enfrentarnos al despoblamiento del país”. Este argumento aparece siempre ante cualquier medida que intente modificar o ampliar la institución “familia Ingalls: madre, padre, la nena, el varoncito; rubios, blancos, pobres y sumisos”.

El feto gigante fue objeto de tantos memes como el feto ingeniero. (Foto: Twitter)
El feto gigante fue objeto de tantos memes como el feto ingeniero. (Foto: Twitter)

Posición 5 del podio: los benévolos varones y baronesas académicas que preocupados por la salud de mujeres pobres, o “poblaciones vulneradas” inventan falacias como el estrés post aborto de mujeres y varones. Sí, estrés post aborto de varones dije. E incluso se preocupan también por la consciencia de estos sujetos y les explican a las niñas que “en realidad ellas no quieren abortar el hijo de su violador por un posible cargo de conciencia”.

Sexta entre los desargumentos van los académicos, rectores de universidades privadas, UCAS, UADES, catedráticos, jefes de unidades médicas de hospitales de gran hotelería que desde la ciencia, y aprovechando el poco conocimiento específico sobre la materia, posicionan el debate en lugares insólitos. Como por ejemplo debatir abortar en la semana nro. 24 de embarazo cuando se está discutiendo hoy por hoy hasta la nro. 12, acompañando con materiales audiovisuales que muestran la animación de una ficción de “desmembramiento”.

La siguiente y un hito dentro de las exposiciones: “las chicas de 13 y 14 años no piensan con la cabeza, sino con la bombacha. Y me dicen 'son unas trolas las que abortan, porque se fueron a garchar, no pensaron, se chuparon todo, no pensaron en el hijo que iba a venir por un momento de calentura”. Decía Lorena Fernández al micrófono. No hay remate. La simplificación y reducción de toda problemática social y cultural al servicio de la restricción de derechos. Que por supuesto recae en las mujeres y cuerpos gestantes. De la vasectomía ni se habla.

El potencial, el ego y la proyección de realización burguesa por sobre toda autonomía de los cuerpos: “Si mi mamá me hubiera abortado no estaría acá hoy”.

Nuestra octava maravilla es el recurso de los diminutivos y la humanización: el bebito, la celulita que crece dentro de la mami. Por ejemplo para hablar de un cigoto, acompañadas además por el sesgo moral terriblemente cuestionables para profesionales que dicen cosas del tipo “no importa si es una célula o más, es un ser humano”; “tiene el mismo ADN desde que comienza hasta que se muere”. Doctor, un pelo que se cae también tiene ADN.

Llegando al final de esta extensa lista de confusión total y número 9, rascando la olla de los no argumentos vamos a señalar el uso de otras triquiñuelas verbales como por ejemplo la retórica. Un exponente ejemplar fue el Dr. Turri, jefe de cardiología del hospital Austral: “La vida de un embrión tiene vida porque es la vida del embrión, porque nadie acá cuestiona una vida que es la del embrión. No hay dudas”.

Y por último dejamos al potencial, el ego y la proyección de realización burguesa por sobre toda autonomía de los cuerpos. Nuestro preferido y flamante “si mi mamá me hubiera abortado no estaría acá hoy” de la familia de “si hubiesen abortado a San Martín” y “podría ser un ingeniero”. Este juego de condicionales extrañísimo no hace más que posicionar el debate en el campo de la ciencia ficción. Y si vamos a jugar no seamos tan pesimistas. También podríamos haber abortado Videlas y Magnettos.

Andrea Conde es legisladora porteña y presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.