Una chispa de futuro
Una chispa de futuro
 
Hace unos días, Dilma visitó el país y se reunió con Cristina en su casa. Una de las fotos que trascendió de ese encuentro, es la de ambas ex presidentas juntas mirando un portarretratos. La foto está bien trabajada, la cara de ambas se ve iluminada por la imagen que ellas están viendo y nosotros no. Esa foto tiene luz.
 
Me gusta imaginar que quizás es la foto de aquel bicentenario en el que todos los presidentes de América latina vinieron a presenciar un festejo popular pocas veces visto. Vinieron a festejar y proclamar la soberanía y la independencia del pueblo argentino y de la Patria grande. Como el gran cumpleaños de un hermano. 
 
O tal vez miraban esa otra foto, la de Néstor, Lula y Chávez con las manos juntas en el centro. Recordando el alca, alcarajo. O el momento en que Néstor le toco sonrientemente la rodilla a Bush para la foto, diciéndole con un gesto a él y al mundo que en Argentina ellos no mandaban más.
 
“Ellos crean un clima de odio. Un clima de intolerancia fomentado desde los medios que fundamentan el  golpe. En Brasil decíamos que el golpe es misógino y lo es. 
 
Utilizaron para crear este clima de odio todos los estereotipos que usan contra las mujeres. Yo era dura, pero era frágil para tomar las decisiones. Era demasiado sensible y frágil pero una roca testaruda. Era obsesiva del trabajo cuando por cualquier hombre en las mismas condiciones decían que era un verdadero trabajador” contó Dilma en su visita.
 
Y no puedo evitar pensar en la yegua, puta y montonera que 8 años cargó en sus espaldas el odio de una clase privilegiada que no quiere ver en los pies de los pobres las mismas zapatillas que tiene puestas. 
 
“Viva el cáncer” escribían ellos en las paredes así como ahora nosotros escribimos “justicia”, sumado a los nombres de las pibas que nos arrebata en patriarcado. Y me pregunto si son entonces las paredes las claves para decodificar los tiempos políticos. Como decía Jauretche, odian las elites por perder privilegios y le agrego: más odian todavía si es mujer la que los arrebata.
 
La saña con la que mata el patriarcado, también se expresa en la política. La misoginia y meritocracia hacen creer que si en un panel de 16 son 4 las mujeres está bien ¿para qué más? Si la foto zafa. Las lesbianas, bien gracias. Y las travas y trans, solo para la marcha del orgullo una vez al año. 
 
La otra palabra clave en la pared es la justicia. El método. Pero no, será que justicia es algo muy diferente al poder judicial que de justicia no ofrece nada. Lo que ofrece son sus servicios como meretriz del poder legislativo. Esto en Brasil  se llama impeachment. 
 
Con experiencia en la injusticia, Dilma explica simplemente que eso es ilegal, el impeachment. Que es usar la ley para burlar la ley en favor de los poderosos, que como no pueden ganar las elecciones, inventan términos y nuevas formas a lo que antes llamábamos un golpe de Estado. 
 
El lenguaje tiene sus mañas y algunos le llaman casualidad a que en toda Latinoamérica se destituyan gobiernos populares, o se persiga judicialmente a sus líderes. ¿Cuántas casualidades se tienen que dar para desembarcar en estas consecuencias? 
 
Entre las casualidades y coincidencias Kundera por ejemplo, habla más bien de las causalidades. Del orquestamiento y devenir de absolutamente todo. La sucesión de hechos que tienen que existir para encontrarnos con un otro o una otra y disparar una chispa de futuro. Las maravillas que hace el destino para que eso suceda. 
 
No puedo imaginarme las piruetas que van a tener que suceder hasta que lleguemos a donde tenemos y queremos estar. Pero no me quedan dudas de la fuerza con la que trabajaremos para crear una nueva foto que nos vuelva a hablar de la dignidad de nuestros pueblos. Y que ellas dos puedan sostener, iluminadas y sonrientes, en un marco de madera. 
 
Que miren la foto y se sepan chispa que encendió nuestro futuro. Un futuro feminista.
 
Andrea Conde es legisladora porteña y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud