Sociedad

Ernesto Arellano: "arteBA tracciona las ventas y funciona como especie de Bienal"

El artista que expondrá en el estand de la galería Miranda Bosh en la feria de arte contemporáneo, dialogó sobre las transformaciones de su obra tras la consagración de La Fuente de las Delicias, emplazada en los jardines del Museo de Arte de Tigre.

 

Ernesto Arellano, es uno de los artístas jóvenes más buscado por los coleccionistas, ya que hizo un largo camino tras su éxito en el dúo Splash in vitraux.

También galeristas, museos y curadores se disputan las fantasiosas obras, las instalaciones y los objetos escultóricos. Antes de presentar su trabajo en arteBA 2018, el espectador podrá espiar en sus palabras, la presentación en el stand de la galería Miranda Bosh.

Sus obras anticipan el lado más salvaje e intenso: presentará una fuente de interior con plantas acuáticas y pequeños peces de una especie que eliminan las larvas de los mosquitos, también renacuajos que cumplen la misma función.

También se verá la otra obra, La Orga, que remite al Jardín, es una instalación que refiere a lo que en el Siglo XIX se consideraba un boceto de obra pública que era mostrado a escala antes de su realización.

En el Museo Nacional de Bellas Artes o en el Sívori están los bocetos en bronce, yeso y cerámica de Agustín Riganelli, que después fueron monumentos públicos. Este mismo procedimiento fue el que se utilizó curatorialmente con La Fuente emplazada en el Museo de Arte Tigre (MAT).

Infonews: ¿Cómo se relaciona la escultura emplazada en Museo de Arte Tigre con su nueva presentación en ArteBA?

Ernesto Arellano: —La obra emplazada en Tigre forma parte de una larga serie, que, si bien se materializó en Mayo de 2015 (Las dos Torres, Fundación OSDE. Curadora: María Teresa Constantín), la vengo pensando desde hace años. A decir verdad cuando era niño miraba libros de pintura permanentemente, una muy buena reproducción de El Jardín de las Delicias colgaba en el living de mi casa me generaba la misma fascinación que los primeros Playmovil llegados a la Argentina en avión en las valijas. En 2014 tuve la oportunidad de estar en Madrid por trabajo con el grupo artístico Splash in Vitro, pude ir al Prado casi todos los días a estudiar el tríptico del Bosco y también otros cuadros de la Escuela Flamenca.

Mi estudio hacía foco en llevar a formato escultórico las fuentes que aparecen en el cuadro, en una especie de secuenciación. Fue un proceso de deconstrucción por un lado y de especificidad, por otro. Lo que buscaba en ese momento con las lámparas que se presentaron en OSDE era hacer un link con la decoración española, con el rococó, esencialmente ornamental. En el Museo de Arte Decorativo de Madrid vi un objeto excesivo, una lámpara de porcelana y bronce de ese período, muy vinculada a las imágenes del Bosco que dieron lugar a esas dos lámparas colgantes que en el cuadro aparecen como fuentes, una de ellas se transformó en la fuente que está en los jardines del Museo de Arte de Tigre (Fuente de las Delicias, MAT 2017 / 2018. Curadora: María José Herrera), dónde fui convocado de manera individual.

I: —Es una continuidad de una serie que empezó en el 2015. ¿Hay continuidad o distancia? ¿Por qué?

EA: —Hay una continuidad absoluta. El ejercicio que hice en Tigre es el contrario a que hice en OSDE, allí era una aproximación al cuadro, en cambio lo de Tigre es una deconstrucción del mismo que tuvo dos etapas, una muestra en Abril de 2017 donde mostré dos obras con recortes de escenas del Jardín de las Delicias y nuevamente las dos lámparas. Ese framing me permitió terminar de proyectar la serie, de pensarla en un sentido más global desde donde pueden surgir toda clase de interpretaciones. La serie es un formato, que haya agua, animales vivos, que las obras estén emplazadas en un entorno natural, forma parte de lo mismo. La fuente de Tigre tiene una interacción directa con los pájaros, con el río y con Tigre y su gente. Esa fuente fue pensada para Tigre. Lo que voy a mostrar en ArteBA es parte de la serie.

I: —¿Existe una continuidad entre Fuente de las Delicias y sus anteriores obras?

EA: —Esta secuencia en serie se armó a partir de la experiencia grupal Splash in Vitro de la que participamos 15 artistas. Las obras fueron realizadas a partir del montaje de un taller casi medieval, que realizó obras como los murales del Subte (Pasaje Newton – Estación Carlos Pellegrini, Línea B y Estación Córdoba. Línea H).

Hay varios núcleos en mis obras, un núcleo tiene que ver con la búsqueda de una estatuaria, piezas de cerámica con la forma clásica de la estatua, algunos las ven como una entidad totémica, y eso está también, en las que me focalizo en el color para lograr una entidad pictórica.

En esta serie trato de no cerrar una interpretación sobre el Bosco y que, lo yo haga, sea un ejercicio conceptual con elementos pictóricos ilustrativos, en cerámica escultórica. Es como si la función decorativa, en última instancia, aunque sea un objeto tridimensional, logre una entidad pictórica que es interesante tener como objetivo.

Me parece que es una idea contemporánea que no impugna nada y que tampoco pide demasiado para poder subsistir. Acá estoy apuntando a la escena, que me permite aproximarme a una idea pictórica, a la ilustración, a las viñetas. Otro núcleo de mi obra tiene que ver con el dibujo, otro con la pintura y con el cómic, otro. Esta investigación me llevó años y en este momento aparece en Bosh el guión. El Bosco tiene mucho de ilustración, de hecho cada escena es una ilustración. El Jardín es una gran viñeta encadenada. El Bosco se puede interpretar de muchas maneras, no vamos a reducirlo acá. De hecho mi intención es no reducirlo nunca, al contrario.
 

I: —Con respecto a El Bosco ¿Cree que hay una nueva lectura de sus obras, tras la gran difusión del documental?

EA: —Sin lugar a dudas, acordate que el documental empieza con las palabras de Tarkovsky, “Cuando una obra de arte nos conmueve, escuchamos en nuestro interior la llamada de la verdad que impulsó el autor al crearla”. Aunque un poco cursi, no deja de ser cierto. A mí me parece una buena idea acercarse a la obra del Bosco a través de un documental, porque hay mucha información y siempre es bueno que la información circule, sobre todo, la relación que tuvo Felipe II de España con esa obra en particular. La tenía colgada en su habitación y la miraba obsesivamente mientras el cáncer lo mataba. Especialmente porque tenía con la pintura una relación mística, cada imagen evoca a un montón de situaciones narrativas muy específicas que nunca se terminan de adivinar y que si se adivinaran descifrarían todo el cuadro.

El Bosco pertenecía a una secta “herética”, el Adamismo, creadora del nudismo, surgida en el norte de Africa entre el Siglo II y III, por eso aparece la cosa del mundo lejano, de los animales exóticos, casi de ciencia ficción. El Jardín de las Delicias, narra un poco la práctica de esa doctrina, aunque la película se llama El Jardín de los Sueños, no creo que la pintura sea sólo un producto onírico, no obstante si nos ponemos psicoanalíticos, creo que sus personajes están regidos por el principio del placer, salvo en el Infierno Musical, que es una serie en la que estoy trabajando.

I: —¿Es un mito que las redes sociales ayudan en las ventas a los artistas con respecto al mercado internacional?

EA: —Bueno, El Jardín de las Delicias, sin duda está dentro del circuito de arte internacional. Brasil gestionó una muestra en el Guggenheim de Nueva York para dar a conocer qué significa el arte brasileño, donde muestran todos los artistas y todas las artesanías del Brasil que son un universo en sí mismo. Esto reforzó la posición de este país en el escenario internacional. Acá hay una discusión soslayada. Cisneros, que es el principal coleccionista de Arte Latinoamericano abstracto, a cargo de las Exposiciones e Investigaciones sobre Arte Latinoamericano en el MOMA, que dirige la ex curadora argentina del Malba, Inés Katzenstein, marca una tendencia porque cree que lo más moderno, lo más importante que hay es el arte conceptual en cuanto función de arte abstracto, lo cual tiene todo el derecho a creer. Esta es una discusión fundamental que está se está desarrollando en la actualidad, donde las redes sociales actúan como catalizados de esta idea, muy latinoamericana que estamos tratando de dilucidar entre todos.

I: —¿Qué representa para Ud. arteBA? ¿Alguna crítica? ¿Qué cambios propone?

EA: —Representa trabajo. arteBA es la industria del arte argentino. Como toda industria es un proceso de mejora continua en innovación y calidad, tendiente a alcanzar estándares internacionales. Evidentemente arteBA excede los cuatro días que dura, porque tracciona las ventas del año y funciona como especie de Bienal, de tabernáculo de ideas. arteBA es un espacio para la difusión masiva de lo que pasa en la contemporaneidad del arte. Hace dos o tres años que no muestro en arteBA, no me siento excluido porque no es lo único que pasó en esto años, es importante pero no es excluyente.

I: —¿Hay un boom de la escultura en cuanto a ventas o es otro engaño del mercado? ¿Piensa que las obras tienen más impulso por la arquitectura y la construcción?

EA: —Lo que está ocurriendo es una incorporación sistemática de objetos artísticos de diferentes formatos y contenidos al diseño arquitectónico. En este contexto el arte funciona de dos maneras, por un lado es un valor agregado a la construcción de edificios, parques, casas, puentes y a la urbanística en general, que por otra parte, funciona ampliando el horizonte subjetivo. El impulso de la combinación arte – real estate es una intervención que está modificando el hábitat en la urbe contemporánea que incide en las posibilidades del artista, que genera proyectos específicos para lugar determinados.

I: —Finalmente, ¿Cómo se relaciona esto con el proyecto que vas a presentar en ArteBA?

EA: —Justamente una de las obras que muestro en el stand de Miranda Bosh en arteBA es una fuente de interior con plantas acuáticas y pequeños peces de una especie que eliminan las larvas de los mosquitos, también puede llevar renacuajos que cumplen la misma función. La otra obra, La Orga, que también remite al Jardín, es una instalación que refiere a lo que en el Siglo XIX se consideraba un boceto de obra pública que era mostrado a escala antes de su realización. En el Museo Nacional de Bellas Artes o en el Sívori están los bocetos en broce, yeso y cerámica de Agustín Riganelli, que después fueron monumentos públicos. Este mismo procedimiento fue el que se utilizó curatorialmente con la Fuente de Tigre.

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