Amar diferente es la utopía
Amar diferente es la utopía

“Sólo te diré dos palabras. Si el fin de tu amor es honrado, si quieres casarte, avisa mañana al mensajero que te enviaré, de cómo y cuándo quieres celebrar la sagrada ceremonia. Yo te sacrificaré mi vida e iré en pos de ti por el mundo. ¡Adiós, adiós! Triste es la ausencia y tan dulce la despedida, que no sé cómo arrancarme de los hierros de esta ventana.”

Así se despide Julieta de su amado en el famoso balcón. A pesar de la lírica increíble de Shakespeare, la realidad es que es la segunda vez que lo ve, y la segunda charla que tienen. Le mandará un mensajero para arreglar casamiento, le promete sacrificar su vida y se queda desolada por la triste ausencia. Se conocieron hace unas horas. Ella tiene 13 años y al quinto encuentro se suicidarán juntos.

¿Estos son los amores que deseamos cuando soñamos un amor como el de los amantes de Verona?

El destino irremediable y trágico del joven Werther o los poemas de Cyrano parecen haberse quedado a la sombra de un amor que hoy se mide en la profundidad del visto que te clavan. Este glosario de amores frustrados, vetustos, inalcanzables y muchas veces violentos construyen nuestro imaginario de las relaciones que buscamos y lo que pretendemos de ellas.

¿Por qué nunca un cuento de la infancia fueron dos sirvientas amantes que acabaron con la tiranía de una monarquía y liberaron a un pueblo?


El deseo es una construcción social: deseamos lo que podemos, lo que imaginamos, lo que entendemos que es el reducto del amor que nos cuentan. Deseamos -a quienes- nos dicen que debemos desear. Así, en el nombre del amor, se apilan y conjugan un conjunto de adoctrinamientos del orden económico y social. Se delinean las aspiraciones para cada clase. Se delimitan los espacios. Se validan y resignifican castas oligárquicas y monárquicas: príncipes y princesas. Y a  través de la cultura se publicitan prácticas que poco tienen que ver con el sentimiento humano más noble y mucho con el patriarcado y el capitalismo.

El príncipe azul que recorre el mundo y la princesa encerrada en la torre no es más que la metáfora que ordena la división del trabajo y de los espacios públicos: la “princesa” bien educada dentro de su casa esperando, cosiendo, lavando custodiada por un dragón que lanza llamas y amenaza con incinerarla si deja su hogar. Es decir un dragón femicida que en la modernidad suele ser un marido violento.

¿Por qué nunca un cuento de la infancia fueron dos sirvientas amantes que acabaron con la tiranía de una monarquía y liberaron a un pueblo? Y comieron perdices claro.

Los yeites y trampas que el patriarcado esconde en el romanticismo, en la caballeresca, incluso en canciones de ídolos pop de ahora son muchas, y van desde la maternidad y heterosexualidad obligatoria hasta la buena publicidad que le sigue haciendo a la mujer como objeto casto y puro.

Un Romeo actual e igual de machirulo canta “Si te falto el respeto y luego culpo al alcohol. Si levanto tu falda ¿Me darías el derecho a medir tu sensatez?”. Si me faltas el respeto Romeo te doy un bife, primero. Segundo, mi sensatez la mido en otros ámbitos que poco tienen que ver con vos, y tercero, me desvisto con quien y como quiero. No es no.

Nada ni nadie escapa a la idea del amor, monogámica, heterosexual y capitalista que tenemos, donde el amor es para toda la vida, es propiedad privada y una especie cuenta bancaria en donde vas depositando porotos y midiendo los intereses. Lo único que nos queda es ir revisando y derribando cada una de estas trampas para poder ser libres en el ejercicio más hermoso que tenemos.

Amar diferente es la utopía, construir vínculos que contagien libertad, que se forjen al calor de la igualdad, de la diversidad y del respeto por el o la otra. El desafío de construir en el tiempo con tediosas charlas que ajusten las clavijas y de no entregar la vida al segundo encuentro.

El desafío es poder pensar un amor puto, torta, trava que no sea individual y romántico para ser ante todo libertario.

* Andrea Conde es legisladora porteña (Unidad Ciudadana – Nuevo Encuentro) y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.