La verdadera tragedia griega fue su acuerdo con el FMI y organismos de la UE. Para hacer frente a sus compromisos, Grecia tuvo que poner a la venta empresas estratégicas, puertos y hasta varias de sus islas paradisíacas!
 
Casi nadie en la Argentina creía que apenas a dos años y medio de gestión el gobierno iba a tener que salir a las apuradas a pedir un cuantioso préstamo al FMI (un salvataje), siendo ésta la última fuente de financiamiento que tiene un país en crisis y con el crédito internacional privado restringido. Que tarde o temprano esto pasaría, muchos lo pensaban, pero no tan pronto.


 
Hace tiempo que consultoras, calificadoras internacionales y diversos especialistas (tanto a la derecha como a izquierda del gobierno) venían advirtiendo sobre los peligros del altísimo endeudamiento (más de U$S 141 mil millones en dos años y medio -récord entre los emergentes-) y del déficit de la balanza comercial (Importaciones vs. Exportaciones abajo en U$S 8471 millones en 2017 y sería superior este año).

Si sumamos a esto la bola de nieve de Lebacs, la tasa de interés al 40%, la alta inflación y el déficit fiscal, tenemos el combo perfecto para una crisis, que es efectivamente lo que estamos transitando hoy. Una situación actual que varios definen como autogenerada, hasta el mismo Carlos Melconián, ex Presidente del Banco Nación, quien dijo hace pocos días: “No me vengas a joder con lo que te dejaron, que acá también que te auto-incubaste una herencia”. Otros, los menos, afirman que es una situación fortuita.

Standard & Poors había definido a la Argentina hace unos meses como uno de los 5 países más vulnerables del mundo, anticipando lo que vendría. Pero el equipo económico, en lugar de rever las principales causas de esa vulnerabilidad, pisó el acelerador en la liberalización de la economía, fundamentalmente en el sector externo, el más sensible y donde radica el histórico problema estructural de la economía nacional: la demanda –escasez- de dólares.

Entre las principales medidas, Macri había decidido la libre entrada y salida de capitales especulativos, liberalizar el mercado de cambios, la baja de retenciones a exportadores y eliminación de obligatoriedad para liquidar divisas, el blanqueo de capitales sin necesidad de ingresarlos al país, una mayor apertura a las importaciones, etc. Un Gobierno que arrancó con el sí fácil, pero para los sectores de presión más poderosos y justamente en los aspectos que más afectan la estabilidad económica.
 
Pero hoy, el problema que se decide atacar no es ni siquiera el más importante: el déficit fiscal. El gasto gubernamental y la inversión pública, responsabilizando en el discurso a “los argentinos” por “gastar más nuestras posibilidades”, como dijo el Jefe de Gabinete. Desde ya que muchos economistas coinciden en que bajar el déficit fiscal no alcanzará, y eso es obvio. Es más, seguramente agudizará la crisis económica.
 
El resultado del fuerte ajuste fiscal que pide hoy el FMI para avanzar en las negociaciones ($200 mil millones sólo para empezar) traerá como resultado más pobreza, más desempleo, mayor enfriamiento del mercado interno, más persianas cerradas, todo peligroso para la paz social. Para colmo, la recomendación de Christine Lagarde para que se suban las retenciones, aumente la recaudación y ayude esto a afrontar los compromisos ya le trajo al gobierno tensiones con el campo, uno de sus principales aliados, y por ahora, decidieron no avanzar. Habrá que ver.
 
Si observamos con detenimiento las medidas tomadas desde diciembre de 2015 y sus consecuencias, podríamos deducir quizá que la mirada ha estado siempre puesta en el FMI. De hecho ya se venían aplicando algunos de sus consejos desde el inicio de la gestión Cambiemos.

Vale destacar que con el aporte inicial de los miembros, además de financiarse con el cobro de los préstamos e intereses, esta organización funciona como brazo financiero de los intereses occidentales para condicionar las políticas de países menos poderosos, por ende responde también a intereses geopolíticos. Pero este es el camino “correcto” que decidió el Gobierno argentino y lo reafirma en todos los discursos; lamentablemente es el  que tuvo como destino final caer en los brazos –mejor dicho en las garras- del Fondo, que es el mismo de siempre.
 
Con el acuerdo con el FMI se deposita la capacidad de toma de decisiones económicas y el destino mismo del país durante los próximos años en manos de una organización que sólo mira números, planillas, y nada tiene en cuenta las necesidades del pueblo, a pesar de los esfuerzos mediáticos por demostrar lo contrario. El Fondo responde a intereses que no son los nuestros. Este préstamo Stand By derivará en una Soberanía Stand by. Sin ver la realidad con pesimismo, podríamos decir que si hasta ahora la mano vino mal, todo irá peor mientras esto avance, por lo menos para el 90% de los argentinos y claro, para el interés nacional.
 
Pero cerca de un millón de personas en el Obelisco cantaron el viernes el himno nacional y le dijeron NO al acuerdo con el FMI. Un rechazo contundente, y extendamos esa negativa al 70% de la población que está en contra de esa decisión de Macri. El gobierno nacional se encuentra hoy en una encrucijada, quizá más grave de la que muchos piensan, y con el llamado “Gran acuerdo nacional” parece que busca más repartir el costo del fracaso que hacer frente a la crisis por medio del consenso.
 
Mientras tanto, el sistema financiero argentino se torna cada vez más inestable y el equipo económico lo llena de parches tirando la pelota para adelante. Eso sí, los especuladores y grandes jugadores obtuvieron ganancias siderales a costa del sistema, derivando todo en crisis e incertidumbre generalizada. De momento a otro puede sucederse otra corrida, una presión más fuerte sobre el dólar y mayor fuga de capitales –que llegó a un récord histórico de U$S 88 mil millones en dos años y medio-. Esto sucede, básicamente, cuando las decisiones de política económica se supeditan al interés de las finanzas, y a la timba.

No hay más vuelta que darle. Los sistemas financieros (tanto a nivel local como internacional) son en su aspecto especulativo por esencia histéricos, caprichosos, volátiles e inhumanos, y necesitan ser controlados. Pero se decidió darles libre albedrío, y ese es el peor de los mundos posibles.
 
Pero en la economía real, el salario de los trabajadores pierde cada vez más su capacidad adquisitiva, aumenta la precariedad laboral, suben todos los precios, las jubilaciones quedan muy por detrás de la inflación, que llegó al 100% desde que asumió el actual gobierno y se estima cerca del 30% para este año. Aumenta el déficit comercial que es verdaderamente uno de los mayores problemas y poco se ha hecho para resolverlo. Las decisiones fueron en contrario. La suba de tasas en EEUU fue un detalle en comparación con los problemas descritos, y generó mayor complicación justamente debido a las condiciones generadas previamente, esa extrema liberalización.
 
Con respecto al FMI, el reciente ejemplo griego (es uno de tantos) nos muestra que de la mano del Fondo el camino siempre es el mismo. Desde la firma del acuerdo con la Troika (FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea) hace 8 años, la economía y sociedad griegas vienen sufriendo graves penurias: un monumental ajuste fiscal, salarial y de pensiones, además de un profundo plan de privatizaciones. Grecia tiene una desocupación mayor al 20% (se perdieron más de 1 millón de empleos) y un 50% de desempleo juvenil. Más de un 40% bajaron las jubilaciones. El PBI cayó un 25% y el gobierno griego tuvo que poner a la venta importantes activos (empresas de energía, puertos, bancos, inmuebles y hasta algunas de sus islas!) Las grandes potencias y los ricos del mundo se están devorando al país heleno bocado a bocado, mientras la población tuvo que sufrir, además de todo ello, un corralito.
 
Es una muestra de lo que podría llegar a pasar aquí de avanzar este Acuerdo. Además del ajuste al mercado interno, salarios y jubilaciones, hay que tener en cuenta a YPF, AYSA, Aerolíneas, las reservas de petróleo, el litio, el agua, tierras, y los fondos jubilatorios; todo puede estar en la mira y ser reclamado en el futuro para hacer frente a los compromisos asumidos. Los fondos de pensión son un bocatto di cardinale para el mundo de las finanzas. Y por si acaso, EEUU ya está instalando una base militar en Neuquén, cerca de los yacimientos de Vaca Muerta.
 
En efecto, el apoyo a Macri cayó por debajo del 40% y como señalamos, el rechazo al FMI sube al 70%, o más. El respaldo al Gobierno seguirá bajando y se ubicará seguramente a tono con los demás presidentes neoliberales de la región, bastante más bajo. El récord lo tiene Michel Temer, entre el 3 y 5% de apoyo, casi representando el margen de error en las encuestas. De más está decir que ya se bajó de la pelea por la presidencia de octubre próximo en Brasil.
 
Argentina, al igual que los BRICS, era considerada años atrás una potencia emergente en la comunidad internacional, compitiendo con los países desarrollados en tecnología satelital y liderando debates (cuestiones de género, lucha contra los fondos buitre, reclamo por Malvinas, etc.). Mientras que hoy se encuentra sumergida en un pantano de deuda que será en el mediano plazo posiblemente impagable y la ciudadanía seguirá sufriendo una economía de guerra, que debilitará aún más la cohesión social y al sistema político mismo.
 
Y aquí tenemos el quid de la cuestión. El límite al ajuste se definirá de manera directa por la capacidad de la población para soportarlo. No podemos afirmar que se venga una explosión como en 2001, pero toda presión sobre la ciudadanía tiene un límite y el rol de la oposición es clave para evitar mayores tensiones.

En base a la unidad que logre, libre de personalismos y presiones oficiales, superando los temores y persecuciones, podría sin dudas poner freno a esta pérdida de soberanía económica y con el apoyo popular ganar batallas en el Congreso para enderezar el rumbo de la economía, implementar las regulaciones necesarias, sobre todo financieras y de los mercados externo e interno. Esos pasos no son sólo importantes sino imprescindibles para que el país evite caer en mayores desgracias. De no ser así, una conflictividad social creciente irá marcando la cancha en los próximos meses, con la mira puesta en octubre de 2019 y un desenlace aún incierto.