"Acá están, la razzia de la Prefectura, los rostros de compañeros torturados y el testimonio de nuestra compañera abusada. Ninguno aparece en el video que difunde la ministra: sus mentiras obligaron a exponerlos públicamente. Ahora, que no les pase nada".
 
Así, La Garganta Poderosa, denunció el accionar de Prefectura y cruzó los dichos de Patricia Bullrich, en la polémica conferencia de prensa que la ministra de Seguridad brindó, atacando a la revista y la organización popular.  
 

 
"Toda la conferencia fue así, justificar algo sin saber sobre qué hablaba", dijo Juan Pablo Mónaco, uno de los ciudadanos torturados por las fuerzas de seguridad conducidas por Bullrich.
 
"¿Por qué entraron a mi domicilio? ¿Por qué nos cagaron a palos? ¿Por qué manosearon mujeres? ¿Por qué, en vez de llevarnos directamente a la comisaría, nos llevaron a una garita, nos tuvieron tres horas, y nos siguieron cagando a palos?", se preguntó
 
El otro de los compañeros atacados fue un reportero gráfico de la revista La Garganta Poderosa, Roque Azcurraire. "La puerta que derribaron no era de cartón, era de chapa. Y donde entraron no era un pasillo, era el patio de mi casa", denunció.
 
"Yo no cometí ningún delito ni tampoco agredí ningún prefecto. Mi único delito fue filmar cómo agredían a mis vecinos", aseguró.
 
Por su parte, Mónaco le dijo a Bullrich: "Cuando quiera, hacemos un debate: usted, con la verdad que dice tener; y yo, con la verdad que pasó".
 

MIRÁ EL VIDEO

 

EL TEXTO COMPLETO

 
Acá están, rostros y testimonios de nuestros compañeros torturados.
Acá tienen, rostro y testimonio de nuestra compañera abusada.
Acá se ve, otra razzia de la Prefectura atropellando vecinos.
Muchos no hablan, porque tienen miedo y razón de tenerlo.
Obligados, 3 salen a dar la cara: que no les pase nada.
Ninguno aparece en el video que difunde la ministra.
Mostraron una secuencia ajena al operativo ilegal.
Ni un prefecto denunció lesiones en la Justicia. 
Ningún medio oficialista cubrió los hechos.
Fueron secuestrados de su domicilio.
Privados de su libertad, 48 horas.
Sobreseídos en tiempo récord.
Ahora somos querella.
Y ya no callamos.
¡Nunca Más!