Existencias como chispazos de orgullo
Existencias como chispazos de orgullo
Hoy quiero hablar de orgullo. De estar orgullosa de ser y de existir. ¿Que difícil no? De inmediato aparecen nuevas preguntas. ¿Qué es lo que podés estar orgullosa de ser o no? ¿Médica, ingeniera, abogada? ¿Madre, porteña o de Boca? Generalmente hay una pequeña lista de status que te va indicando cuáles son las cosas que culturalmente se festejan que seas. La tía festeja que tenés novio. La familia celebra cuando te recibís. Las amigas celebran cuando llegaste a un puesto importante o abriste tu empresa y todes hablan del orgullo que sienten de vos.
 
Hoy quiero hablar del orgullo de ser torta. Quiero hablar del orgullo de ser puto. Quiero hablar de dignidad de ser trava.
El jueves 28 se celebra el Día del Orgullo LGBTIQ, y si bien es un día que nos llega importado, también es la clave para comenzar a pensar la militancia moderna por los derechos de las lesbianas gays bisexuales, transexuales, intersexuales, queer y todas las identidades que podamos agregarle a esas siglas. Hablo de la famosa revuelta de Stonewall, así se llamó el hecho político que sucedió en Estados Unidos un 28 de Junio de 1969, en donde hartos y hartas de la persecución legal, de la violencia policial y de la segregación social, esta comunidad se paró de manos.
 
Duró tres días la revuelta en el épico bar Stonewall Inn (uno de los únicos lugares que dejaban asistir a gente LGTBIQ tres días en que noche tras noche se hacían presentes tortas putos travas y trans diciendo basta. Esta revuelta comenzó cuando sin anunciarse la policía de Nueva York intentó llevarse presos a todos los asistentes violentamente como lo hacía frecuentemente. Hasta que sucedió: se encendió junto con la primer trompada lesbiana una chispa de dignidad que termino con la policía rodeada, acorralada en un bar y una fila de travestis coristas burlándose de sus caras. Se dieron cuenta de que eran un montón, muchas más que quienes las violentaban. Se dieron cuenta que nada de lo que elles eran estaba mal. Esa chispa se llama orgullo.
Carlos Jáuregui decía «En una sociedad que te educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política». Carlos fue uno de nuestros primeros activistas por los derechos LGTBIQ y uno de los organizadores de nuestra primera Marcha del Orgullo que a nuestro país llega recién en 1992, hace tan solo 26 años.
 
 Hay existencias, vidas que, por el solo hecho de existir, incomodan. Hay gente que es mirada de reojo y burlada. Hay niños y niñas que a sus 15, 16 años son echadxs de sus casas por maricas. Hay quienes «tienen un amigo gay» y está todo bien, pero que no sea mi hijx. ¿Te podés imaginar vivir una vida así? Siendo violentada, echada de lugares, burlada, simplemente por la elección personalísima de amar a quien vos quieras, de ser quien sentís ser. De existir según tu deseo.
 
Quienes se consideran heterosexuales pueden actuar libremente, como pudieron hacerlo todas sus vidas, en la calle los 365 días del año. Nadie los pateó en el piso por ser putos, ninguna pandilla de varones intentó violarte para corregirte por lesbiana de mierda y su familia no lo echó de su casa seguramente por afirmar que su nombre no correspondía con quien se auto percibía.
 
Es el entorno el que disciplina y luego la cultura instala una premisa: «vos sos heterosexual». La abuela te pregunta a tus 5 años si tenés novio, nunca novia. Desde chiquita te llenan de bebés de plástico que tenés que cuidar, de ollas y sartenes, vestidos, polleras, para que no quepan dudas y ni preguntes: tu destino es ser mamá y cocinarle a un varón porque vas a estar enamorada. Ese es tu deseo. Todo esto tiene un nombre y se llama heteronorma. Se llama también patriarcado pero eso lo vamos a ir desculando cada domingo.
 
La heteronorma se reafirma constantemente en estereotipos que consumimos de modo que jamás te preguntes que es lo que a vos te gusta, simplemente es una verdad asumida lo que naciste para ser. Como si ontológicamente nos dividieran por categorías al nacer definiendo quienes se dedicarán a la agronomía, quienes a las matemáticas y quienes a las leyes simplemente «porque ciertas condiciones físicas» preestablecidas así lo indican. Una vez que fuiste encasillado comienza el proceso de construcción de tus deseos, un adoctrinamiento cultural con métodos de publicidad en el cual deseas una pareja como producto. Sprite para hacerle caso a la sed, un novio para hacerle caso a la sociedad. Y si tu deseo va por otro lado aparecen otros dispositivos, como la escuela, que intentan «normalizarlo». Gloria Steinem dijo alguna vez: «Una mujer sin un hombre es como un pez sin bicicleta.»
 
¿Y afuera?
Así como hay ordenadores internos y un ámbito íntimo que disciplina y coacciona, también hay ordenadores en términos públicos. «La calle» es una institución y es ahí donde nuestra existencia termina de definirse, con sus propios disciplinadores. Una Marcha del Orgullo habla de eso, de salir a rebatir los sentidos culturales en la calle, de hacerla nuestra al menos uno de los 365 días del año.
 
Aunque parezca un relato anacrónico, y en 2018 podamos hablar desde una Ley de Matrimonio Igualitario y desde una Ley de
Identidad de Género, existen aún edictos policiales, códigos contravencionales que criminalizan nuestras vidas y amores. Pero lo que es peor aún existe y persiste por pura ignorancia el odio a lo diferente, existe un expediente que lleva el nombre de Higui y otro con el de Joe Lemonge, ambxs dos sobrevivientes de intentos de violaciones correctivas. Existe una ley de cupo laboral trans que lleva el nombre de Diana Sacayán y está aún sin reglamentar, durmiendo en un cajón.
 
Por suerte también existen, existieron y existirán quienes son capaces de despertar en sí mismos la resistencia a tanta violencia, a todo mandato absurdo y ante todo quienes se festejan como lo que son: existencias incómodas a un sistema basado en la injusticia, que dan cuenta que el mundo puede ser un lugar más humano, tierno y brillante para todes. Existencias como chispazos de orgullo.
 
 
Andrea Conde es legisladora porteña (Unidad Ciudadana – Nuevo Encuentro) y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.