Sociedad

Editorial: Télam y lo peor del ámbito privado llevado a lo público

El vaciamiento de la agencia oficial y el abandono de los lugares de trabajo ejemplifican cómo un grupo de empresarios devenidos en gobernantes llevan al sector estatal las prácticas más oscuras del comercio.

El martes pasado el empresario turístico devenido en titular del Sistema Federal de Medios Públicos, Hernán Lombardi, anunció el despido de más de 350 empleados de la agencia de noticias oficial, Télam. La cifra supera el 40% del plantel, lo que da una idea de la magnitud del desguace: 4 de cada 10 trabajadores y trabajadoras.

Desde el martes 26 ninguna de las autoridades de la agencia fue a trabajar. Ni el presidente, Rodolfo Pousá (quien ya había estado al frente de Télam e intentó cerrarla durante el Gobierno de la Alianza); ni el vicepresidente, Ricardo Carpena; ni los gerentes; ni los jefes de Redacción, entre otros responsables. Todos seguirán cobrando sus salarios.

Al mismo tiempo, desactivaron las claves de acceso al sistema a los trabajadores. A partir del anuncio de Lombardi no se publicó un solo cable, un solo video, un solo micro radial. Los trabajadores llevan adelante una medida de fuerza hasta que se reincorpore al personal. No obstante, aunque quisieran trabajar, no podrían hacerlo por el vaciamiento de la patronal que, en este caso, es el Estado Nacional.

Los dos edificios centrales de la agencia, uno en Bolívar al 500 y otro en Avenida Belgrano al 300, en la Ciudad de Buenos Aires, están habitados y son cuidados solo por sus trabajadores.

El último cable de Télam hasta el momento fue publicado el martes a las 9.38 de la mañana.
El último cable de Télam hasta el momento fue publicado el martes a las 9.38 de la mañana.

Hace casi una semana que no llegan insumos básicos: no hay bidones de agua, elementos de limpieza o de aseo. Seis corresponsalías en distintos puntos del país fueron directamente cerradas. Más de la mitad de los corresponsales fueron despedidos.

La escena trae a la memoria las tristes imágenes vividas durante los vaciamientos de cientos de fábricas a comienzos de la década de 2000. O, incluso, en los últimos años.

También los medios de comunicación sufrieron escenas similares, entre ellas el icónico caso del Grupo Veintitrés, con medios como el diario Tiempo Argentino, la hasta hoy desaparecida Radio América, el canal CN23, numerosas revistas y el mismo portal Infonews, hoy recuperado y en marcha gracias a los trabajadores y lectores que hacen sus aportes para que sigamos haciendo periodismo.

Lo novedoso es que, en esta ocasión, quien deja de hacer frente a sus obligaciones es el propio Estado Nacional. Quien debe velar por cumplir las leyes es quien da luz verde para vaciar empresas, para retirarse de los establecimientos abandonándolos a su suerte.

Según varias fuentes, el Gobierno está montando una redacción paralela en el predio Tecnópolis para desgastar a los trabajadores, que siguen con la ocupación pacífica de Télam. Casi una actitud calcada de empresarios que quebraban fábricas mientras abrían otras con escaso personal y sin deudas.

Hoy, los trabajadores no tienen interlocutores formales. Sus jefes están ausentes y tampoco responden a la prensa.

Algunos nunca recibieron un telegrama de despido pero les fue depositada una supuesta indemnización. Hay quienes recibieron una indemnización en sus cuentas, que a las horas les fue retirada. La incertidumbre es tan descomunal como la arbitrariedad de los despidos.

Al mismo tiempo, hay compañeros que recibieron un correo electrónico de “bienvenida” a “la nueva Télam”. Una Télam que no está, casi como un anticipo de lo que se pretende hacer con los medios públicos. O, quizás, con el periodismo en general.

Otra vez, la excusa es que se trata de operadores kirchneristas. Aunque probadamente falsa, evidencia un pensamiento muy peligroso: la prohibición, en los hechos, de pensar diferente a la política oficial.

El panorama es triste. Aun así, la energía que esparcen los y las trabajadoras de Télam, despedidos o no, es admirable. La fuerza de voluntad, la unidad que muestran y la esperanza de revertir los despidos hace creer a los incrédulos y obliga a ponerse de pie y acompañarlos.

Sepan que desde Infonews estamos y estaremos con ustedes.
 

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