No se nace feminista, se llega a serlo. Lamentablemente, lo único que muchas veces heredamos es nuestra propia y contundente piedra de patriarcado que a lo largo del tiempo (y con paciencia) iremos deconstruyendo para volverla diamante feminista.

Infonews
Infonews



No es sólo "que no nos maten", aunque es un buen comienzo. Tampoco es estar enojada todo el día ni odiar a los varones. Corramos los fantasmas, que esto es más bien un viaje de ida y en este tren entramos y nos necesitamos todos y todas.

En primer lugar, no hay un solo feminismo, hay muchos. Tantos como interpretaciones de la realidad, como genealogías o territorios. Hay feminismo gordo, vegano, católico o conurbano. Somos muchas y estamos decididas a ir a buscar a todxs nuestrxs compañerxs para que seamos todxs feministas.

Pero y entonces ¿Qué es ser feminista? ¿De qué se trata? He aquí la cuestión. Empecemos por hablar de cuidados. Inmediatamente quienes nos plantamos en la vida desde el feminismo lo hacemos desde la absoluta empatía y solidaridad con la otra. Tejer redes que te permitan salir de una situación de violencia, que te den la información segura para abortar, o que al entrar a tu casa te llegue ese mensajito que dice "¿llegaste bien?". Eso también es feminismo. Ni más ni menos que sabernos juntas y aprender a cuidarnos.

¿Cuidarnos de qué? El patriarcado lo vivimos y sufrimos todos los días, pero sólo decir patriarcado no es suficiente para llegar a configurar un sistema o figura clara de cómo es que esto afecta en nuestras vidas. Seguro escuchaste frases como "el patriarcado se va a caer" y es inevitable preguntarse ¿qué es lo que se tiene que caer?

Bueno querida compañera, lo que se tiene que caer es una manera de pensarnos, oprimidas y subyugadas. Se trata al fin y al cabo de quién se queda con los privilegios y de cómo estos configuran la escena en las calles, en las casas, en las camas.

Por eso el feminismo es política y lo que necesitamos es hacer política feminista, una política que se sepa construir desde la transversalidad, la horizontalidad, la certeza de que nadie es indispensable pero que tampoco nadie sobra. Y yo te juro que se termina la soledad.

Al reconocernos aliadas lo que hacemos además es ir en contra de un sistema de dominación que comienza cuando te dicen que la otra es una competidora, que te puede robar a tu chico (como si tu chico fuese un trofeo y no tuviese deseo propio), que puede ser más linda (como si fuera el único valor de una mujer) y sobre todo que "las minas somos unas jodidas".

Buenas noticias, compañera: es una mentira. Liberate. Abandoná ese lugar triste, oscuro y solitario de pensar que estás sola en tu batalla por ser y estar mejor que otras mujeres. Somos muchas las que ya nos dimos cuenta de que si nos dividen, nos reinan, y sabemos que es una tarea colectiva. Por eso somos compañeras. Por vos, por todas.

Correr el velo que instala el patriarcado es un ejercicio cotidiano, y después de la primera mentira, las otras se van cayendo por su propio peso. Son infinitas las posibilidades que se nos abren cuando nos pensamos desde el amor, a nosotras mismas y a las otras. Por eso es ésta nuestra mejor arma, la que derriba todos los fundamentos patriarcales. Descubrir que nos pueden gustar las otras mujeres, que no hay una sola manera de ser mujeres. Que hay otras existencias en el espectro: lesbianas, transbianas, bisexuales, pansexuales. El deseo, nuestro deseo, es también libertario, por eso cuando corremos el velo y lo despojamos de las estructuras heredadas se nos abre un espectro infinito a los placeres. Merecidos placeres.

Nuestro destino no tiene por qué el de ser madres, ni esperar la aparición de un príncipe azul. Hay todavía muchas mujeres que no pueden pensarse solas. Que el cuento patriarcal de la media naranja les caló hondo y consideran un fracaso no vivir en pareja.

Las feministas tenemos la sólida convicción de que cada mujer puede elegir su destino y construirlo, y que nadie puede decidir por ella. Oponerle a la norma pleno deseo, el propio, no el proyectado sobre nuestros cuerpos. Aunque quieran aleccionarnos y disciplinarnos, nos sabemos dueñas y plenas de nuestras propias vidas.

Pasando a un plano más material, las feministas tenemos esta loca idea de que tu tiempo y tu plata valen. No hay vuelta que darle. No son una prueba de amor las tareas domésticas que se espera que nosotras hagamos. Son una distribución desigual del trabajo en la casa en común. Y cuando salimos de la casa y vamos al trabajo vemos que el techo de cristal nos ahoga.

La brecha salarial existe y es la que no te deja llegar a fin de mes. El desigual acceso al mercado de trabajo es una realidad efectiva y nos empuja hacia la feminización de la pobreza. Por eso no se pueden dejar de lado en nuestra lucha las condiciones materiales de nuestras compañeras, las políticas de inclusión, las reivindicaciones sindicales y las redes de cooperativismo que forjamos día a día.

¿Cuántas veces nos han insultado y nos han dicho gordas, putas, feas? Han etiquetado y juzgado nuestros cuerpos reglando sobre ellos. Quizás sí, esta sea la revolución de las gordas putas feas machonas escuálidas negras travestis y villeras que reivindicamos nuestro cuerpo. Gozamos con él, vivimos en él, trabajamos con él, migramos con él y eso no es un insulto. Es nuestro y nosotras decidimos. Nos proclamamos soberanas.

Y si todo esto que te cuento sobre el feminismo no te convence, me guardé un as bajo la manga: el movimiento de mujeres es el único que ya le hizo tres paros a Macri.

* Andrea Conde es legisladora porteña (Unidad Ciudadana – Nuevo Encuentro) y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.