@BeatrizGMuller
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Sostiene Beatriz Gutiérrez Müller que “La palabra poética es la más sublime. La poesía puede ser alegre, triste, revolucionaria, puede hablar del amor, del miedo, de la naturaleza, pero al final es la palabra. Si perdemos a la poesía, también perdemos la expresión más bella de la palabra”. Su camino es el de bucear en la historia de México, en sus personajes y buscar una respuesta en el arte para la nueva hora de los pueblos de América. Eso la llevó a ahondar en Francisco de Quevedo, en Bajtin, en la poética de los pueblos originarios para hallar voces y respuestas del tiempo de amanecer que le toca vivir.


En marzo pasado, Beatriz Gutiérrez Müller, remarcó las palabras esclavitud, historia, poder y libertad. Fue cuando presentaba en Monterrey, México, “Leyendas y cantos”, su primer libro de poesía que había por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). Muchos la conocían como la esposa del entonces candidato a presidente de México por el MORENA, Andrés Manuel López Obrador, y aunque no era de la estirpe de los cortesanos que abundan en los actos públicos, nunca se la vio interesada en ganar espacio en medios de comunicación. En esa oportunidad, Beatriz señaló que si no tuviera la escritura como búsqueda existencial, es posible que se viera superada por el clima de la puja electoral de su país. Ese parece ser su espíritu que hurga en la historia de México, que reivindica las figuras de Bernal Díaz del Castillo y de Francisco Madero en días de honda significación.


Dijo también, subrayando rasgos de su personalidad como escritora, que no había temor en ella en compartir algo íntimo, el mundo singular de la poesía, porque establecía los límites que separan a la autora de la mujer. Y en ese encuentro, la Feria Universitaria del Libro UANLeer 2018 pidió ejercer la poesía como un acto de rebeldía y expresó que “gracias a los poetas este país no está peor”. México no es un lugar sencillo para vivir, convivir o establecer un plan para la esperanza humana. La poesía sin embargo, ayuda a urdir mundos mejores en el corazón de las personas. “Creo que la lucha del hombre es en contra o en favor de la libertad”; reflexionó Beatriz Gutiérrez Müller cuando conversaba con Margarita Ríos-Farjat.


Durante su intercambio con el público no quiso ahondar en la temática electoral ni en su vínculo con el candidato que meses después, iba a ganar con más del 53% de los votos una elección en la que fue imposible arrojarlo al fraude, como sucedió en eventos anteriores. Ese no era su tema por lo que remarcó que no se sentía relegada por el hecho de su nombre fuese reconocido respecto de la labor de su compañero y atribuyó bondades para el alma humana a la literatura.


Su libro “Leyendas y cantos”, abunda en búsquedas que hacen a las culturas prehispánicas y desde allí profundiza la universalidad de una pertenencia que llama a la reflexión. Como Amelia Podetti, la filósofa argentina que reconoce el Papa Francisco, Beatriz parece buscar una definición cercana a sostener según la cual, América reafirma la universalidad (concepto de Podetti). Sus críticos sostienen que su poesía es una mirada que nace al descubrir las montañas.

Lo universal, lo propio


Con “Leyendas y cantos”, la escritora aborda historias de las culturas prehispánicas al mismo tiempo que analiza temas universales, con lo que invitó a reflexionar sobre el albedrío de la humanidad. Y así caminan con diferente paso como si fueran momentos, sensaciones en las que la mirada puede estar presente o perderse en las brumas donde el hombre que asiste a ese misal, pueda ir más velozmente o acaso con paso lento, según se los marquen sus sentimientos. De allí surgen las palabras en un encuentro que seguramente transformara la cosmovisión de la poeta.

@BeatrizGMuller
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Hija de madre chilena, Beatriz nació en la ciudad de México en 1969, durante una década fue periodista en el diario “El Universal”, tiene una maestría en letras iberoamericanas, publicó poesía y novela, y le gusta definirse como la compañera del presidente electo de su país. Su originalidad meditada y reflexiva, la lleva a plantear que no va a va ser una primera dama, esa figura casi farandulesca cercana al chimenterío voraz de ciertos medios, y se sabe que es un puntal decisivo en el camino de López Obrador.

En un acto público de campaña, se animó a plantear: "Para la verdadera transformación de la vida pública de México, tenemos que comenzar a pensar y actuar diferente. Pongamos fin a la idea de la primera dama. En México no queremos que haya mujeres de primera ni de segunda". Y significó su mensaje al decir que “decir primera dama es algo clasista”. Luego sintetizó su pensamiento así: "Estoy obligada a decir y hacer las cosas diferente. Ya no nos ven como un adorno, tenemos espíritu, corazón, iniciativa y coraje” y proclamó con contundencia: “Vamos a feminizar la vida pública".


Las novelas, el ensayo


“Larga Vida al Sol”, su primera novela, se conoció en 2012 y un año después apareció “Viejo Siglo Nuevo”. Beatriz profundizó en sus libros su preocupación por la trayectoria del político nicaragüense Solón Arguello, poeta y periodista que fue secretario privado del presidente Francisco Madero. Luego se sumergió en la denominada Decena Trágica y la muerte de Madero con del ensayo biográfico“Dos revolucionarios bajo la sombra de Madero: La historia de Solón Argüello Escobar y Rogelio Fernández Güell” de 2016.“No es que un día amaneces y dices: hoy voy a comenzar a escribir sobre ciertas cosas. Yo pienso que tú vas creando en tu mente historias, muchas historias a lo largo de muchos años, y un día cuajan. Hay muchas historias que se van escribiendo, y lo que hace falta es ponerse a trabajar y darles cuerpo”, explicaba para exponer en cierto modo como se puede llegar a un tema de escritura.

Luego exponía que “originalmente el papel de Madero era menos protagónico” y contó: “Yo conocía de Madero lo que pueda saber cualquier persona medianamente informada sobre la Historia de México. Y conocerlo me impresionó mucho. Me convertí en una maderista sin duda y de hueso colorado, porque Madero es alguien casi impoluto en el mundo de la política, de cualquier época. La historia del político que tiene que matar para llegar al poder como ocurrió mucho en la Postrevolución, Madero no la encarna. Madero es alguien que, creo a pie juntillas, que debió haberse dedicado a otra cosa: a la evangelización, a la vida monacal, la purificación de las almas. Él estaba en contra de ello; optó por la vida política, por la participación política y democrática, y legal también, porque también pudo dedicarse a la ilegal. Bueno, al final lo hace porque llama a una Revolución”.


Madero enfrentó al gobierno de Porfirio Díaz (el “Porfiriato”) y elegido presidente, ejerció el cargo desde el 6 de noviembre de 1911 hasta su asesinato, el 22 de febrero de 1913, en el golpe de Estado que impulsó Victoriano Huerta y que dio lugar a la llamada “Decena Trágica” de México.Cuando le preguntan si acaso hubo en ella un interés anticipatorio en unir a Madero, hombre de la Revolución de México, con el destino de su marido, Andrés Manuel, ella desiste de responder y los periodistas piensan que ese Madero que construye bajo el sugestivo título de “Viejo siglo nuevo”, es un hombre de inclinaciones espirituales, incorruptible, decidido a transformar su país.

Y es inevitable no pensar que hay un después en el que se podrá descubrir si esos lazos, literatura mediantes, no fueron parte de sus motivaciones. El tiempo americano que le toca vivir a López Obrador tiene rasgos que bien podrían ser analizados como un presente que recoge algunos sentidos en lo profundo de la historia. Ella sugiere sin embargo, que “Para la historia nacional, en donde hemos tenido más bien asesinos, corruptos, vende patrias y demás, alguien como Madero es una especie de paraíso de gobierno”.


Una curiosidad de su libro la constituye el hecho de que su autora, encuentra con sorpresa que Madero no tenía influencias clásicas en su pensamiento, por ejemplo la Revolución Francesa, sino del fundador del espiritismo, Allan Kardec. En la época había una corriente espiritual en boga muy fuerte.D Hipólito Yrigoyen se decía en Argentina que había frecuentado a Pancho Sierra y a la Madre María, que representaban corrientes de pensamiento espiritual en la época. “Si hay algo que el espiritismo pone por delante de todo pensamiento en la época en la que Kardec hace sus planteamientos, es la libertad del hombre”, refirió la novelista: “Fíjate cómo Madero asocia la libertad del hombre espiritista o kardequiana con el pensamiento democrático. ¡Ah! Pues entonces no podemos estar gobernados por tiranos, ni por déspotas. La libertad del hombre es hasta para poner a sus propias autoridades, que es un principio, por lo demás, muy de la Revolución francesa, la libertad. Y de ahí vienen la igualdad y la fraternidad”. Y en ese sentido, halla que a los historiadores mexicanos A los historiadores no les caía en gracia encontrar a un Madero espiritista, homeópata, vegetariano y célibe como si se trataran de rasgos poco felices para un relato con tintes de vértigo.


En ese camino, rescató que Madero, fue el primer presidente que habilitó en 1912, la llegada de judíos a México. Y dio lugar a la acción de los masones, logia a la que pertenecía. Había en ello una cierta visión de lo universal en años previos a la primera gran guerra que sacudió a Europa.


Está muy claro que Beatriz Gutiérrez Müller, aunque racionalmente no lo reconozca, busca en el pasado rastros del presente, semejanzas, no reiteraciones, rastros en el camino de la reconstrucción nacional. Parte de pronto de considerar que la burocracia, la actual en México que habilita un Estado percudido, corrupto y parasitario, es un producto de 300 años de colonialismo. Y reflexiona: “Yo no sé si los aztecas y los mayas eran tan corruptos como los españoles en La Conquista. Pero sí sé que desde que somos un país independiente, la constante ha sido Presidentes y gobiernos asesinos, corruptos, malos gobernantes, por lo común. Y ha habido destellos maravillosos con tipos como Benito Juárez, Madero sin duda, Lázaro Cárdenas, que ojalá se dieran con más frecuencia también”. Y clama porque políticos honrados, así dicho con la sencillez con que se habla en la calle, irrumpan en el escenario político, tal vez como un anuncio de un tiempo ante el que se prepara para actuar presentado valores. Tiene sin embargo, la tragedia americana de los últimos dos siglos “Y que los dejen llegar y que no los maten, como a Madero. Porque pueden llegar y los matan. Lo que le pasó a tantos, no sólo en México, sino a tantos personajes en América Latina”. Recordaba entonces a Eliecer Gaitán, y a Salvador Allende.


En su propuesta poética, Beatriz resume alguna de sus preocupaciones resaltando el lugar del lenguaje en la conversación compleja y adversa de la política. “La palabra es una casa con tantas puertas, / tantas, / que asemeja a un laberinto”, expresa al iniciar el epílogo de su primer libro de poemas. Tal vez por eso repite que “Gracias a los poetas este país no está peor. Pero ya regresó nuestra hora, la de los poetas” y un tiempo poético de la política puede ser una de las respuestas que reciba.


La poeta Sofía Cham Trewick, reconoció en Beatriz Gutiérrez Müller a una mujer de la palabra, y expresó agradecida en Guadalajara, que en los actos culturales que promovía “podemos encontrar más de nosotros mismos”. Quizás ahora, ese sea el desafío que propone la poeta a la que el poder la hace mirar el rostro de los otros así como miraba la montaña para encontrar el rastro de las próximas palabras. En tanto alecciona en sus presentaciones y sostiene: “Una nación adormecida de memoria es una nación que repite sus tragedias, y yo creo que las lecciones están allí para advertirnos de lo que podríamos evitar en el futuro, que ocurra.” y pide en un susurro, “recuperar la poesía, volver a tomarla”.

Poemas de Beatriz Gutiérrez Müller


“Segundo de julio”

Ahora te parece que la gloria es zoco
y la preñez la causa de tu empeño.
Supondrás que la torrija es merecida
porque el desmán era hato niquelado.

Caminarás incierto por la rambla
haciendo a un lado la inmundicia.
Aplaudirás el graznido de la vaca
y ordenarás clemencia al pendenciero.

Comerás un desabrido alfóncigo caído
si es que entre la hambruna lo hallas,
cuando a la hora de tragar el fiemo,
vertiginosa la fiebre te consuma.

Cuando veas al pobre pelaje barbar
y no halles concha ni postigo chico,
Sentirás que la roña te carcome
timando a tu conciencia lisonjera.

Te quedarás mezquino entre la herrumbre
ya sin túnica ni calzas, mas con prez y lodo
lamiendo los pies de tu verdugo jactancioso,
más cruel que los gusanos de un difunto.

Comprenderás que las entrañas de la tierra
no se arredran en la fístula asonada;
aprenderás que la noche era de espejo,
un palio venenoso el que abrazabas.

Ahí estará para la recua el vítor fácil
la pifia que tus dedos concedieron
un falso clamor que aliente la carnaza
y un perdón no por todos otorgado.
(Beatriz Gutiérrez Müller, 2 de julio de 2012)

Cantiga
Como el flamenco, de pie,
a mudar descoloridas plumas;
como el henequén, a producir espinas,
a rasgarse la piel estriada;
como el confidente, a escrutar,
a vaciarse cuando cierra la puerta;
como el colibrí zurdo que saluda,
a robar el liquen, la argamasa;
como el escultor, a sobar,
a deformar, reformar y transformar;
como el vigilante, a observar
cuando vienen las fanfarrias.
A eso me dedico.

Mudo la piel
Mudo la piel, mudo escamas y ventanas.
Mudo cabellos, mudo espejos y cornisas.
Mudo entrañas, mudo un tiempo, una silla.
Mudo ojeras, mudo pestañas y cometas.
Mudo raspones, mudo orejas y ornamentos.
Mudo prisas, cortejos, labios y terrones.
Mudo alveolos, uñas, cuentos y razones.
Mudo mi alma, mi espacio, mi tesón;
se va a un nuevo cuerpo que sigo sin tener.

*El autor es periodista y escritor, autor de los libros “Historia de la Sociedad Rural Argentina”, “Guardia de Hierro. De Perón a Bergoglio” y otros.