Política

La distopía del Gobierno de Macri

Andrea Conde

Propusieron que las Fuerzas Armadas participen en tareas de seguridad interior. Están viendo venir el conflicto porque no ignoran que lo están provocando, y necesitan disciplinar fuerte para que nos olvidemos de dónde venimos y no osemos resistir. 

Multitudinaria fue la marcha para repudiar a las FFAA en tareas de seguridad interna.
Multitudinaria fue la marcha para repudiar a las FFAA en tareas de seguridad interna.

El jueves después de la marcha en repudio a participación de las Fuerzas Armadas en seguridad interna del país, no podía dejar de pensar en este avasallamiento constante a nuestros derechos, a las tendencias fascistas de este Gobierno, y en la precariedad que estamos viviendo cada unx de nosotrxs en nuestras vidas bajo estas condiciones. Pensaba en la necesidad que tenemos hoy de defender cada ladrillo de la democracia que supimos construir con tanto trabajo y tanto dolor.

El Gobierno de Mauricio Macri parece una distopía constante. Como una puesta en escena de capítulos enteros sacados de “1984”, mundo en el que George Orwell anticipa lúcidamente el devenir del capitalismo financiero, la posverdad y los sistemas de control. Con tanques que recorren las calles, linchamientos populares por entender como “enemigo” a la alteridad y un sistema de control sobre la lengua como disciplina, que no será como nuestro Ministerio de Modernización junto a su ejército de trolls, pero sí era un contundente “Ministerio de la verdad” en ese universo.

Nuestro gran hermano amarillo, en 2018, es un poco más elegante aún y joven. Bueno, quizás no haya sido tan elegante declarar como aportante al partido a personas que están por debajo de la línea de pobreza, pero en lo que respecta a la reescritura del pasado, es un gran estratega: no es casualidad que la primera medida de Macri como presidente haya sido destruir la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, una piedra en el zapato de los grandes medios concentrados que pagan el favor con un blindaje mediático poca veces visto. Así, todavía pueden darse el lujo de servirse de la excusa de la pesada herencia para continuar aplicando un modelo de hambre y ajuste que perjudica a las mayorías. O de metáforas climáticas, desde aquella lluvia de inversiones que nunca llegó, hasta la tormenta que hoy nos atraviesa y de la que no parecen asumir ninguna responsabilidad como capitanes del barco.

Pero hay algo más oscuro y más siniestro que se va gestando a medida que el blindaje empieza a resquebrajarse a golpes de realidad: el lado oscuro del proyecto político de los poderosos, regido por una mirada que considera una otredad absoluta a los sectores más vulnerables. La militarización del espacio público. Desde la figura del “milico” Aguad, que pide “quitarnos la mochila de los ‘70", el proyecto de los poderosos necesita borrar de un plumazo la enorme construcción de la sociedad argentina alrededor de los derechos humanos. Necesitan militarizar las calles para borrarnos de ellas junto al trazo de resistencia y pretenden que creamos que “las cuestiones de vigilancia” no serán para nosotrxs, lxs ciudadanxs de a pie.

En la Ciudad, hace pocas semanas Rodríguez Larreta presentó, con la excusa de incorporar perspectiva de género al Código Contravencional, cambios profundamente punitivistas que no sólo no contienen perspectiva de género alguna (agravar las multas por acoso callejero dista mucho de ser una solución al problema que vivimos las mujeres a diario en la calle), sino que esconden medidas persecutorias y punitivas, que amplían por ejemplo, la discrecionalidad de la Policía para realizar arrestos y detenciones.

"Cuando las botas se adueñan de las calles, las violencias se recrudecen sobre los cuerpos que están asociados a ciudadanxs de segunda: las mujeres, las lesbianas, los putos, las travas, las trans, lxs más pobres, lxs más vulnerables"

Esta semana, a nivel nacional, fueron todavía más allá: en sintonía con la caída de su imagen pública y de los números de la economía, propusieron que las Fuerzas Armadas participen en tareas de seguridad interior. Están viendo venir el conflicto porque no ignoran que lo están provocando, y necesitan disciplinar fuerte para que nos olvidemos de dónde venimos y no osemos resistir. Y para ello, necesitan una democracia debilitada, rota y por eso apuntan sus decretos al corazón de nuestros pactos constitutivos.

Al degradarse este pacto fundamental, el democrático, pauperizamos nuestras vidas. Precarizamos nuestras existencias no sólo en relación a una realidad político-económica sino a la calidad de nuestras libertades. No es necesario repasar cada uno de los horrores y atropellos que hemos vivido quienes vivimos la dictadura y el posterior desenlace no sólo social sino político y económico. Y cuando las botas se adueñan de las calles, sabemos que las violencias se recrudecen sobre los cuerpos que están asociados a ciudadanxs de segunda: las mujeres, las lesbianas, los putos, las travas, las trans, lxs más pobres, lxs más vulnerables.

Por eso más que nunca, cuando nos quieren obligar a olvidar y a callarnos, a fuerza de miedo, el ejercicio pleno de nuestra memoria colectiva es fundamental para poder salir a la calle a decir que no queremos militares patrullando nuestras calles y volviendo sus armas contra el pueblo nunca más.

Detrás de los pañuelos blancos que hoy también llevan debajo los verdes, aparecen la claridad, la verdad, la memoria y la justicia, nuestro único y más grande bastión de sensatez. Nuestro faro para transitar sin desviarnos por el camino de la igualdad, la democracia, los derechos humanos y la justicia social.

Andrea Conde es legisladora porteña (Unidad Ciudadana – Nuevo Encuentro) y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.

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