"Alfredo Casero por una opinión política se quedó sin teatro en Salta", titula este jueves en tapa el matutino La Nación. La elección de las palabras que el editor del diario eligió para referirse al caso no son inocentes. Se trata de sostener los dichos de un cada día más enajenado personaje de la derecha más rancia de este país.

El cómico que hace 25 años brilló en Cha Cha Cha hoy recorre canales de televisión y radios desplegando su odio hacia el kirchnerismo y, de rebote, hacia todos aquellos y aquellas que hayan tenido buena relación con las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner. En ese marco, días atrás Casero despotricó contra Abuelas de Plaza de Mayo y puso en duda que los nietos restituidos sean tales, lo que lo colocó con comodidad en el bando de los negacionistas del terrorismo de Estado. El bando de Cecilia Pando, por ejemplo, con quien compartió la concentración realizada días atrás para que el Senado aprobara los allanamientos a la expresidenta.

Dudar de que los nietos recuperados sean reales es negar que la última dictadura secuestró mujeres embarazadas y las obligó a parir en centros clandestinos de detención. Es negar que en celdas salpicadas de sangre fueron el lugar de nacimiento de bebés que compartieron espacio con picanas y hasta con los cuerpos sin vida de sus propias madres, asesinadas en algunos casos por los apropiadores de esos mismos bebés. Y, por supuesto, es negar la labora humanitaria de Abuelas, cuya titular, Estela de Carlotto, sigue siendo postulada año tras año al Premio Nobel de la Paz.

El titular de La Nación
El titular de La Nación

Por esas opiniones a Alfredo Casero le suspendieron el show que iba a dar en El Teatrino de Salta. En Alemania alguien que dijera que las víctimas del Holocausto no son tales termina en la cárcel o al menos teniendo que dar explicaciones ante la Justicia. A Casero le salió barato: apenas se le canceló una presentación para la que, además, había vendido solo 46 entradas de las 300 disponibles.

"Muchos me cuestionaban por traerlo", apuntó el dueño de la sala, Humberto Colautti, justamente nieto recuperado por Abuelas. "Sé lo que es la restitución de un nieto, me tocó en carne propia, por eso me dolió especialmente", argumentó.

Por su parte, el hombre que hace un cuarto de siglo supo crear a Gilberto Manhattan Ruiz y hoy es una mueca dramática de aquel personaje, redobló la apuesta y llamó "obtuso" a Colautti, a quien además acusó de "dañar" su propio negocio al haber suspendido su unipersonal. Otro chiste sin remate, otra amarga caricatura provocada por el dolor de ya no ser.