Los estudiantes mexicanos le dicen basta a la muerte a poco de conmemorarse 50 años de la Masacre de Tlatelolco.
Por Alejandro C. Tarruella


Violencia sin paz


“Joel está en el suelo. Se ve muy lastimado. Naomi, su compañera, intenta protegerlo con su cuerpo del puñetazo que otro sujeto dirige contra ellos. El golpeador lleva un suéter color azul y oro y pertenece al grupo de choque que el pasado 3 de septiembre atacó una manifestación de estudiantes, profesores y padres de familia en la explanada de Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El momento quedó retratado en una fotografía que circuló ampliamente en redes sociales”, describió el sociólogo Raúl Romero en una columna del diario “La Jornada” de México, el viernes pasado. Joel era una víctima más de los grupos porriles, como le llaman a los parapoliciales que actúan en universidades de México. En el valle han comprobado que actúan más de 170 grupos porriles, y en la UNAM 72. La semana pasada, una movilización de 30 mil estudiantes exigió el fin de los grupos parapoliciales cuya eliminación fue negada por el Concejo Universitario de esa casa.


La violencia para estatal en México ha servido para instalar una cantidad de ejércitos privados ilegales y en los últimos 18 meses han sido localizadas 164 fosas clandestinas en las que se exhumaron 696 cuerpos, según un reciente informe de la Comisión Nacional de Derechos (CNDH). Andrés Manuel López Obrador, presidente electo, se expresó sobre el tema y cuestionó la actividad de los porriles en la Universidad Nacional Autónoma de México, y anunció que en su gobierno, eso se termina. “No queremos porros en las universidades”, expuso y dio su solidaridad con los universitarios que manifestaron contra la violencia y adelantó que tratará el tema con Enrique Graue Wiechers, rector de la UNAM. El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, fue contundente: “Aquí, repito, ya no habrá espionaje en el próximo gobierno. Nadie será perseguido, acosado, vigilado ni se escucharán sus conversaciones telefónicas. Se acaba el espionaje político y todos los que trabajan ahí, que se oiga bien y que se oiga lejos, serán reubicados, no se les dejará sin trabajo. La vida pública se ejercerá con respeto a las libertades”.


A la huelga


Fue por esas agresiones, que unos 32 planteles, sumando facultades y escuelas, lanzaron en la semana un paro una vez que los “porristas” atacaron a estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) de Azcapotzalco, cuando pedían seguridad a su Rectoría. Los 300 estudiantes de facultades Políticas, Sociales, Economía, Ciencias y de Filosofía y Letras, se expresaron frente a la Torre de Rectoría de la Ciudad Universitaria, donde protestaron contra la violencia, y denunciaron la complicidad del rector Enrique Graue Wiechers, en hechos de violencia protagonizados por los parapoliciales.


Mario Benítez, catedrático de la Facultad de Economía, criticó el silencio de las autoridades universitarias ante la violencia. La “agresión es una afrenta, no pues frente a la casa del patrón y el patrón no sale, dices bueno qué está pasando, entonces el estudiante tiene la razón, históricamente. Vienen a exigir y los reciben a golpes y quien debe decir condenó todo esto guarda silencio”, expresó en referencia a las autoridades universitarias y al despertar de los estudiantes. Alondra Ramos, de Ciencias de la Comunicación exigió a las autoridades el cese los ataques. “Desde la huelga del 99 no se veía un ataque como el de ayer en las universidades, ni se veía un ataque tan rabioso de parte de grupos organizados por parte de la Rectoría”.


Hubo dos heridos graves en los ataques de los porristas durante la movilización cuando atacaron la Máxima Casa de Estudios de la UNAM. “Estamos preocupados por la salud de nuestros hijos, necesitamos saber por qué sucedió esto”, expresó Margarita García, madre de Joel Meza García. Marisol Sánchez Anguiano, madre de Emilio Aguilar Sánchez, estudiante de la Preparatoria 6, reveló que el estado de salud de su hijo es grave luego de ser atacado por la espalda con un objeto punzocortante.


Enrique Graue Wiechers, rector de la UNAM, condenó ante los medios, el ataque a los estudiantes, se descargó señalando que los agresores no pertenecen a la universidad, y reveló la expulsión de 18 alumnos supuestamente involucrados en los episodios. Ese hecho dejó ver que aparentemente, la universidad encubría a los agresores designándolos dentro de la casa de estudios para realizar tareas de inteligencia. Tuvo que reconocer en un comunicado que “grupos de individuos organizados y armados con piedras, cohetones, bombas molotov y armas punzo-cortantes atacaron, de forma artera y brutal, a estudiantes del CCH Azcapotzalco y otros planteles de la UNAM, que se manifestaban en forma pacífica en la explanada de la Rectoría”. Lo cual indicaba que la reacción del estudiantado había sido contundente y obligaba al rector a poner en conocimiento público, una parte de la verdad. Así fue que sectores sociales salieron a expresarse en apoyo a los estudiantes y el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), envió un mensaje de solidaridad con los estudiantes que el lunes 3, se expresaron en Ciudad Universitaria en medio de la violencia de los porriles “oficiales” de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


“¡Fuera porros de la UNAM!”, coreaban miles de estudiantes en el sur de Ciudad de México el miércoles 5 cuando habían ganado la calle mientras que en el campus central de la UNAM, 30.000 alumnos, reunían a una de las mayores concentraciones registradas las protestas de Tlatelolco de 1968. Exigían acabar con la violencia estatal encubierta que viene de aquellos años. Estudiantes y profesores, entienden que los grupos violentos son producto de mafias que pretenden mantener el control de los medios que otorga la universidad en todo México. "Quien los maneja tiene la intención de controlar a la universidad y todo lo que de ella se deriva. Como son jóvenes, se pueden confundir con estudiantes", dijo a BBC Mundo Hugo Sánchez, investigador de las acciones de los "porros".


Quiénes son los porros


Los porristas se señala, son producto de una cultura ilegal que se afirmó durante el siglo pasado y se mantuvo como una guardia personal de rectores y su círculo, tanto en la UNAM, como también en entidades de educación superior. La UNAM reúne a casi 400 mil alumnos y profesores y el botín mayor que posee es el presupuesto anual que le asigna el gobierno de turno.


De manera que las bandas que promueven la violencia para contener los reclamos, son una herramienta de control de las autoridades para el uso de los medios económicos que se les provee. Esos grupos, son una extensión de bandas que asisten a dirigentes políticos o privados, y tienden a conformar un brazo armado del que se sirven las autoridades de la universidad. El “porro” proviene de los equipos deportivos, denominados porras, que suelen acompañar a formaciones deportivas de la UNAM. "En México tenemos una amplia población joven que vive en condiciones difíciles. Los grupos de choque o de porros reclutan a esos jóvenes. Le permite a un joven de escasos recursos tener dinero que en su condición de vida normal no tendría", relató Hugo Sánchez a la BBC.


Diferentes investigaciones, exponen que los líderes son los más beneficiados e interesados en sostener la existencia de "porros". Hay entonces, un reclamo de democratizar la universidad para abrir la participación del universo estudiantil y así superar la etapa de la violencia organizada para el uso de los recursos del Estado. Existe en tanto, en círculos privados, la ofensiva para cobrar cuotas por estudiar y anular la gratuidad histórica de la universidad mexicana. Allí se inscribe la mayor presencia de la violencia. Además, hay al menos 10 universidades públicas de México que se encuentran en dificultades económicas lo que es atribuible al plan de mostrar a la opinión pública un presunto cuadro económico, para activar la transformación de las mismas, en parte del mercado del derrumbado neoliberalismo. Privatización y violencia son un mismo proyecto y la movilización de los estudiantes, lo puso en cuestión.

Porros en acción


El diario mexicano “Milenio”, logró entrevistas a varios integrantes de los porros y destacaron que se suman, infiltrándose, a grupos que realizan actividades culturales o deportivas. "La dirección (escolar) va con los dirigentes de los porros y les dice 'necesito que saquen a estos güeyes (chicos) de aquí'. Entonces vas y les avientas petardos, bombas molotov, más que nada espantarlos para sacarlos de la escuela", detalló a “Milenio” un porro al que llaman "El Zeta". Otro porrista, “El Shaggy”, quien dijo haber pertenecido a los grupos, reveló a “Milenio” que “Las autoridades saben quiénes son todos, al menos los cabecillas. Si quisieran terminar con esto ya lo hubieran hecho, pero llegue quien llegue no se va a acabar porque no quieren, las autoridades necesitan los grupos”. Los delincuentes reciben una paga de las autoridades de la universidad y algunos son estudiantes de bajos ingresos.

Patricia Bullrich y sus porros


En la reciente movilización universitaria del mes de agosto en Buenos Aires, las fuerzas de seguridad que dirige Patricia Bullrich, ex dirigente montonera que vivió el exilio y al regresar involucionó hacia la derecha siendo ministra en el fracasado gobierno de de la Rúa y ahora en el de Macri, como ministra de seguridad, produjeron una agresión al finalizar la marcha. Lo hicieron a través de grupos encubiertos que cuando se había desmovilizado el grueso de la movilización estimada en 400 mil jóvenes de todo el país, atacaron a los represores de gendarmería y la policía para justificar la agresión a quienes quedaban en Plaza de Mayo.

La acción de parapoliciales camouflados de manifestantes que arrojan piedras a los policías, se ha intensificado durante el gobierno de Macri. En ocasiones, grupos de policías vestidos como manifestantes, son formados de modo estricto en algún lugar de la ciudad, el Congreso por ejemplo, y reciben órdenes de civiles que usan teléfonos con radio y salen a actuar con palos y piedras, una vez que se los exigen de un modo que remeda a una formación militar.

En recientes manifestaciones, la policía es asistida por hombres de civil que se desplazan en motos o a pie, sin identificación, tal vez en la misión de incomodar a los participantes. Sin embargo, el riesgo que conlleva el uso de mecanismos ilegales de represión, recuérdese el caso de las tres A y los grupos de tareas en la dictadura militar, es que conforman un accionar que va en un “in crescendo” hacia la violencia combinada con ilegalidad. Tal vez eso explique, las apuestas de la ministra que intervino en el secuestro, desaparición y muerte de Santiago Maldonado, y que ahora, suele salir a desinformar sobre la presunta existencia de grupos guerrilleros troskokirchneristas, que no existen, salvo en la psicopatía de algún desprevenido.

La jugada, como lo hizo alguna vez el ministro del interior general Francisco Imaz a fines de 1960, tiene como objetivo crear actores de la violencia para aplicar la violencia a la sociedad y a sus organizaciones, cuando se atreven a poner en cuestión el poder del neoliberalismo en retirada. Se parece también a los métodos y la acción de los porristas de México como si se tratara de una acción que se somete a una internacional represiva.

México en llamas


Cuando se produjo la rebelión y marcha de 30 mil estudiantes mexicanos, en los últimos 18 meses habían sido localizadas 164 fosas clandestinas y se exhumaron 696 cuerpos, según un reciente informe de la Comisión Nacional de Derechos (CNDH) de ese país. En esos días, unos 50 estudiantes de la Normal rural de Ayotzinapa tomaron una caseta de cobro de Palo Blanco de la autopista del Sol México-Acapulco con el objetivo de contar con recursos para un plan de acción ya que el próximo 26 de septiembre, se cumplen cuatro años de la desaparición de 43 muchachas y muchachos universitarios a manos de grupos parapoliciales amparados en el Estado.


El 26 de septiembre, México puede temblar ante el reclamo de su pueblo ante la masacre frente a la que el gobierno de Peña Nieto solo ha respondido con gestos de complicidad. Y no será la última ocasión antes de irse, en que el mandatario vea sacudida la paz de los cementerios que pretendió imponer. El 2 de octubre próximo, se cumplen 50 años de la masacre de Tlatelolco en la Plaza de las 3 culturas, la mayor masacre estudiantil, en la cual se estimaron extraoficialmente 325 muertos, según el diario británico “The Guardian”. La muerte era obra del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz por medio de su secretario de Gobernación, Luis Echeverría, que alcanzaría luego la presidencia de la Nación.


En su libro “La noche de Tlatelolco”, Elena Poniatowska escribió: “todavía fresca la herida, todavía bajo la impresión del mazazo en la cabeza, los mexicanos se interrogan atónitos”. Quizá ahora, con los estudiantes de las nuevas generaciones en las calles, con su reclamo de terminar con la represión y la ilegalidad, comiencen a hallar algunas de las respuestas a tanta impunidad sin ley ni Estado. Los acompañara con seguridad, el recuerdo vivo y activo de miles de estudiantes de todo el continente americano.