Foto: Facebook Andrea Conde.
Foto: Facebook Andrea Conde.

Generalmente empieza en el micro. Se eligen los lugares, se acomodan los bolsitos en medio de charlas entusiastas, y arranca el colectivo con más de 70 pibas adentro. Por más de 15 horas, como en el caso de Trelew, se hacen canciones, se comparten experiencias con las que viajan por primera vez y por supuesto se baila: se baila todo. Al correr de los kilómetros crece el desborde de alegría entre bocinazos con otros micros en la ruta y las ventanas llenas de pañuelos verdes que se agitan. Se repite. Se repite esta escena en absolutamente todas las rutas del país. En simultáneo. En todos los colectivos camino al sur hay pibas felices.

El feminismo tampoco se proclama, se comprende y se siente. ¿Cómo se explica la libertad? Podría relatar detalladamente cada pequeño movimiento entre un abrazo y sin embargo no sentiríamos el calor de estar en otros brazos. Eso es el Encuentro Nacional de Mujeres. Un abrazo inextinguible e inexplicable.

Treinta y tres años seguidos sucedió este hecho político que es de los más contundentes en el mundo, al que arriban mujeres de todos los rincones. De todos los encuentros, este fue el más austral y, al mismo tiempo, la ciudad más pequeña que nos albergó. Son casi cien mil los habitantes de Trelew y nosotras fuimos cincuenta mil. Un poco más de la mitad de un pueblo cálido, amable como pocos, y ante todo agradecido del movimiento que se generó a partir de la llegada de tantas mujeres en un contexto económico crudo.

En el día de los vientos se dio apertura al ENM, según nos contaron las hermanas de pueblos originarios que comenzaron el acto: "Las fronteras son un invento del capitalismo, en nuestro territorio no existen, por eso este encuentro necesita ser plurinacional". Y estalló una ovación de aplausos. En la provincia en donde asesinaron a Santiago Maldonado, en donde las Pu Lof son arrasadas constantemente por un Estado que criminaliza no sólo la alteridad sino la resistencia, el feminismo va hasta allí a abrazar causas históricamente postergadas para volverlas una sola lucha.

Durante tres días debatimos la manera en la que pensamos al mundo. Generaciones de mujeres, lesbianas, travestis y trans aprendemos una de la otra sin jerarquías ni títulos. Nos escuchamos. Escuchamos. En la plaza se forja un ecosistema de colores y algarabía, de cruces y abrazos entre abuelas y secundarias, entre sindicalistas y terapeutas florales, entre artesanas y futbolistas donde queda cristalizado el espíritu del encuentro.

Foto: Facebook Andrea Conde.
Foto: Facebook Andrea Conde.

La dimensión política tradicional se expresa en las marchas muchas veces solapando lo micropolítico de todo lo anterior, sin embargo es cierto que no a diario vemos, por ejemplo, a les compañeres travestis y trans del país encabezando una marcha en contra de los travesticidios. Avanzando a paso firme y dirigiendo una columna kilométrica que recorre la ciudad y se detiene para cantar que el pueblo «no sea indiferente, se mata a las travestis en la cara de la gente» un sábado por la tarde.

El domingo la apuesta estuvo redoblada, fuimos cuarenta cuadras de mujeres, lesbianas, travestis y trans que recorrieron cada barrio de la ciudad de Trelew. Vecinas y vecinos desde sus casas levantaban sus puños y agitaban pañuelos verdes que afirmaba cada uno de los pasos dados. La muestra evidente de que esto se cae es que hasta en el lugar más al sur al que pudimos llegar hay una niña que se sabe dueña de su cuerpo, y emociona hasta los huesos para quienes desde años venimos construyendo del feminismo popular la realidad que es hoy.

Un movimiento revolucionario que de punta a punta se propone transformarlo todo. Para eso nos encontramos, para cambiar el mundo construyendo uno nuevo.

La contundencia de un hecho político de esta dimensión es imposible de ocultar. Los tiempos que corren posicionan a América Latina entera como eje de la estrategia neoliberal de las derechas. El modelo económico que nos imponen no cierra sin represión, y ante cualquier expresión popular que logre un atisbo de organización política se responde con violencia. La decisión política disciplinadora y represiva queda de manifiesta cuando en una plaza en donde solo quedaba un puñado de jóvenes intempestivas manifestándose se responde con un operativo policíaco desmedido y amenazante, que actúa ilegalmente en lo procedimental y causa lesiones crueles sobre cuerpos de mujeres, manteniendo detenidas a diez jóvenes durante horas sin ningún tipo de pruebas en su contra.

Son los anticuerpos del patriarcado que reaccionan de la única manera que pueden, con violencia, usando como instrumento las fuerzas armadas del Estado y la complicidad civil del machirulaje que se sabe bueno para el castigo de mujeres. Y una vez más, es la organización y articulación en redes de las compañeras lo que logra derribar y desarmar el esquema disciplinador que intentan imponer. Ya estamos acostumbradas, sabemos oponerle a la violencia amor compañero como método.

Esa es la potencia de la que nos sabemos dueñas. Potencia que crece a medida que se suman año a año nuevas compañeras, jóvenes compañeras, adultas, y cualquiera de nosotras que se sienta parte de un movimiento revolucionario que estalla las claves patriarcales en las calles y en las camas. Que de punta a punta se propone transformarlo todo. Para eso nos encontramos, para cambiar el mundo construyendo uno nuevo.

Andrea Conde es legisladora porteña (Unidad Ciudadana – Nuevo Encuentro) y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.