A 110 kilómetros al sur de Tucumán está Santa Ana, un pueblo de 20 mil habitantes que cuenta con una reserva natural creada por la ley provincial 2439 en 1940. Su fauna y flora están protegidas por tener una topografía muy accidentada. En 1963, a raíz de una serie de medidas -algunas erróneas, otras llevadas a cabo con mala intención, según cuentan los lugareños- se decidió que el ingenio no muela más, produciendo la desocupación de 1700 trabajadores. 
 
Ese acontecimiento llevó a que 500 obreros ocupen el ingenio el 16 de febrero del 63. En ese entonces, el pueblo estaba convulsionado por lo que acontecía y, luego de varias reuniones, se convocó a una asamblea que logró concentrar a mas de 30.000 obreros azucareros de Salta, Jujuy y Chaco. En 1966, a raíz de un decreto de Onganía, la dictadura civico- militar quebró 11 ingenios y, entre ellos, el de Santa Ana: desde ese momento, el pueblo no creció más, y el desarrollo azucarero quedó en manos de Ledesma.  
 
 
Y como este pueblo no se queda dormido, los vecinos trabajan para buscar proyectos, para ese pueblo olvidado, que pudo tener un gran desarrollo, ya que cuenta y contaba con todas las condiciones, naturales y humanas. En la actualidad se estima que el 50%  de las personas que allí viven están por debajo de la linea de la pobreza. La ciudad tiene 10.000 habitantes y, al pie de la montaña, en diferentes lotes, hay colonias. En la N° 13, que se llama Villa San Nicolás, es donde nació el primer fogón del que participan las familias. 
 
La cocina colectiva es un proyecto que nació a raíz de la necesidad de los habitantes, porque la  mayoría no llegaban a fin de mes, ya que la trabajan en la cosecha de limón y/o arándanos, o en la de en un ingenio de azúcar que finalizó antes de tiempo, por lo que comenzaron a despedir personal. Familias enteras que hacen aportes a la cocina, buscan leña, insumos, ladrillos, chapas. El patio de una de las vecinas fue donde se armó la primera cocina. Actualmente se están juntando fondos para hacer pisos, paredes, poner cerámicos y mejorar las condiciones del espacio.  
 
 
Esta experiencia es la primera cocina colectiva donde se compra en conjunto para cocinar para toda la semana, y se logra bajar el precio de los insumos. Los chicos y chicas del barrio empezaron a juntar ladrillos para hacer un horno, un fogón, y se empezó a buscar materiales, ollas, distintos utensilios, y se comenzó a invitar a los vecinos para comprar en conjunto la mercadería y luego cocinar. 
 
Un grupo cocina, otros van al medio día a retirar la comida, y ayudan con otras actividades, como juntar leña, buscar insumos, recoletar dinero para comprar mas utensilios. Comenzaron participando 110 vecinos; a los pocos días ya eran 150, y a las tres semanas -a pedido y en conjunto con la Comisión Directiva del club de fútbol San Lorenzo de Santa Ana, que tiene mas de 100 años en el pueblo y está a 2 kilómetros- armaron otro fogón. 
 
 
"Al tener experiencia en cocina comunitaria, en proyectos en conjunto con el estado, empujamos para juntarnos, y encontrar una solución. Así se armó la cocina comunitaria que no es subsidiada por el estado, y permite bajar el costo de los productos", contó Hernan Gordillo, uno de los coordinadores del grupo que impulsa y promueve el programa.
 
Este grupo solidario está buscando empresas que quieran apadrinarlos/amadrinarlos, así pueden seguir realizando nuevas cocinas, porque la demanda es muy alta. Ya se acercaron profesionales y estudiantes de la Universidad Nacional de de Tucumán para conocer e indagar sobre el trabajo social que realizan. También organizaciones sociales de Buenos Aires, que quieren replicar la experiencia, ya que en Latinoamerica hay similares, en Brasil y Colombia, pero en Argentina, en este formato, es el primer caso. 
 
 
"Somos vecinos sin ninguna dependencia política partidaria, llevamos adelante un proyecto de cocina comunitaria". El objetivo es erradicar el hambre en la localidad, armar fogones que permitan tener una cobertura geográfica, dar formación a las personas en producción de comida y seguridad alimentaria, y suplir lo que hoy el estado no hace.  
 
"Decidimos poner una marca para visibilizar el proyecto, que también se hizo de manera colectiva. Lo definimos como un proyecto comunitario que nos permite comer rico, saludable, y a un bajo costo. Promover que los vecinos somos capaces de manera organizada sin depender de ningún partido político de acceder a un plato de comida y romper con la logica de los punteros politicos", contó Gordillo. 
 
A sólo pocas semanas de la primera cocina colectiva, hoy cuentan con dos espacios funcionando, del que se alimentan 370 personas.  "Tenemos como objetivo replicar el modelo. Este es un proyecto genuino, auténtico. Intentamos solucionar la problemática generada por una crisis económica producto de las decisiones políticas del gobierno nacional. Soñamos con que sea un programa que tenga  contenciones en salud, donde haya más espacio para el debate, donde podamos capacitar en cuestiones de género, porque al lado de cada fogón, cada comunidad expresa sus necesidades en salud, género, acceso a derechos. Allí el vecino se siente parte, defiende y cuida".