El supermartes electoral en Estados Unidos le dejó un sabor agridulce a Donald Trump. Pese a los buenos números de la economía y la reactivación del empleo, el humor para con la Casa Blanca no es el mejor entre quienes llevaron al sillón más poderoso del mundo al bufonesco magnate republicano.

El Partido Demócrata, a fuerza de candidaturas arriesgadas y corridas más a la izquierda que nunca (dentro de lo que puede llegar a correrse a la izquierda un estadounidense) logró la mayoría en la Cámara de los Representantes (equivalente a nuestra Cámara de Diputados). Pero esta votación es clave para entender el hurmor de los estadounidenses, ya que las boletas de este rubro son iguales en todo el país. Se trata de la elección más transversal de todas junto con las presidenciales. Las de gobernadores y senadores son locales, pero estas son centrales para saber qué le pasa al ciudadano promedio con la Casa Blanca.

El Senado, en tanto, sigue bajo poderío republicano.

¿Le alcanzarán estos números al magnate para soñar con una reelección? No parecería ser el caso, sobre todo cuando pese a cierta bonanza económica que vive el país norteamericano sus propios compañeros del Partido Republicano siguen preguntándose cómo es que dejaron todas las puertas abiertas para que este hombre haya llegado a ocupar el sillón más importante del poder político mundial.

En cuanto a los datos conocidos hasta la mañana de este miércoles en Argentina, el sur estadounidense sigue estando bien corrido a la derecha y el norte aporta los tonos de centro izquierda. 

En la elección para gobernadores, hay un virtual empate de Estados, con notoria preferencia republicana en el sur y más pareja con simpatías demócratas en el norte.

La Cámara de Representantes finalmente quedó para los demócratas: 222 a 199 sobre una mayoría propia necesaria de 218.

El Senado ya tiene mayoría republicana: 51 a 45 para los partidarios conservadores.