Día de Lucha contra las Violencias de Género, una jornada para gritar "basta"
Día de Lucha contra las Violencias de Género, una jornada para gritar "basta"

Nos compran.
Nos trafican. 
Nos violan.
Nos obligan a tener sexo para saciarse.
Le ponen epítetos al trabajo doméstico que no pagan ni hacen.
Nos matan como disciplinamiento para mantener su supremacía.
Nos encierran. 
Nos obligan a parir.
Nos destinan a cuatro paredes para que seamos “chicas de nuestra casa”.
Nos pagan menos por hacer lo mismo o más.
Nos borran de la historia donde parece que el heroísmo es cosa de varones blancos y con doble apellido.
Se niegan a escribirnos.
A dejarnos firmar a nuestro nombre.
Nos tratan de locas si denunciamos.
Que lo merecíamos.
Que por qué los hicimos enojar.
Que seguro el buen señor tuvo que poner orden.
Nos callan, para que los dejemos hablar. 
Nos invisibilizan.
Nos golpean para sostener su ego.
Nos minimizan porque hablar de finanzas es siempre más importante que hablar de género.
Mutilan nuestro sexo, específicamente para que no sintamos placer.
Nos cambian por vacas si nos ven esclava útil.
Nos asesinan por pasión.
Nos cantan que si no somos suyas no somos de nadie y esperan el aplauso.
Si amas a otra mujer te violan “para corregir”.
Si naciste mujer en un cuerpo equivocado,cte matan por renunciar a tus privilegios de varón.
Si sos mujer y negra tu cuerpo no vale como aquel otro rubio.
Si sos mujer y pobre, la justicia garantiza impunidad para las violencias que denuncies.
Se nos ha negado todo históricamente,
la política, los podios, el deporte, la palabra, el goce y los derechos.

El 25 de noviembre se estableció el “Día Internacional de la Lucha Contra las Violencias de Género” como homenaje a la lucha de las Hermanas Mirabal quienes resistieron al régimen dictatorial de Trujillo en República Dominicana y finalmente fueron torturadas y asesinadas. Mujeres como ellas brotan por todas las grietas de la historia contando las verdades que no se saben. Porque fue siempre la decisión política no escribir nuestros nombres. Si bien denunciar las violencias se nos vuelve imprescindible como piso, esta no es una sola ni siempre la misma.

Las interseccionalidades existentes agregan variables como mochilas que pesan sobre los cuerpos. Mochilas que se llenan de las piedras que arroja una sociedad que condena la clase y racializa las existencias. Si sos mujer y negra, si sos mujer y pobre, si sos mujer y travesti o todo esto junto te condena a cargar con el peso de no cuajar en un modelo pensado para blancxs, heterosexuales y caucásicos.

Que te hagan sentir que sos menos, que no podés, que no valés, que no es tu lugar es la base de la pirámide que en su cúspide expone un femicidio como sacrificio al dios macho. La trata, la violación y mutilaciones le siguen en lo que respecta a nuestros cuerpos físicos.

La mala prensa, el marketing rosa de detergente, con bebés para las nenas y armas para los nenes hace su contribución y termina de dar la vuelta cuando criminaliza a las “fanáticas de los boliches” o expone tapas de revistas como lo fue la de Cristina Fernández de Kirchner con moretones en su cara, como víctima de los golpes que se enorgullecen de darnos.

Quienes trabajamos en el ámbito de la política vivimos en carne propia durante décadas la injusticia del ascensor para varones y la escalera para las chicas. Pesan más ciertos miembros biológicos al parecer y aun hoy, cuando el contexto obliga a hacer una relectura del momento en el que nos encontramos cuando la ola verde parece haber arrasado un cúmulo de cristalizaciones machistas, parece una locura tener que estar peleando por listas del 50% y 50%.

Creo fervientemente que si bien este 25% es nuestra oportunidad de denuncia, por todas las que intentan a diario hablar y no pueden, la clave en donde pensarnos es la resistencia. La resiliencia a un genocidio que lleva milenios y se sostiene hasta nuestros días, cuando asesinan cada 30 horas una de nosotras. Sí, afrontar que es un genocidio. Que el móvil es que seamos mujeres, y que ser mujer no es más que una categoría política. Por ende son asesinatos políticos dirigidos: un genocidio.

Es política también la respuesta, la decisión del oprimido que pierde el miedo y genera las condiciones materiales necesarias para acabar con la injusticia. Es desde lo micro, tejiendo las tramas que nos permitirán sostenernos. Es desde la conciencia de nuestras luchas que no sólo confluyen en atar a una mochila un pañuelo verde sino en transformar el campo popular en clave feminista, porque sin igualdad de género no hay justicia social. La emancipación, que tan elegante hoy se viste de glitter, es la que tiene que poder penetrar cada poro de la política tradicional. Y esas somos ni más ni menos que nosotras ocupando cada espacio en donde nos merecemos, y es nuestra tarea histórica, estar.


* Andrea Conde es legisladora porteña (Unidad Ciudadana – Nuevo Encuentro) y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.