El cinismo del Ministerio de Hacienda
El cinismo del Ministerio de Hacienda

En una nota publicada por Infobae el 17 de enero de este año, se presenta un informe realizado por el Ministerio de Hacienda. Mediante una interpretación sobre la distribución del ingreso de los tramos segmentados de 10% de los habitantes de los 31 aglomerados urbanos, se desprendería de los datos relevados en la Encuesta Permanente de Hogares trimestral (Indec) la conclusión de que en el 2016 los sectores con menores ingresos habrían mejorado su capacidad de consumo en un 4%.


La nota sentencia en su título que “El gobierno asegura que sectores de menos ingresos están mejor que hace dos años”. Luego, se suceden una maraña de datos complicados y de contradicciones estadísticas.  Al finalizar, el periodista informa que el 2018 fue “un año para el olvido” en el cual, según el reportero “se observó un severo recorte de los beneficios que recibieron los sectores de menores recursos, entre un 12% para el décimo más pobre y de 7% a 6% el resto, con excepción del noveno decil que acusó una baja cercana a 10 por ciento”.


El sentido del informe es afirmar que, producto de la asistencia y del incremento de los montos en las políticas sociales, los sectores medios perdieron poder adquisitivo y los sectores más postergados mejoraron su situación.  La maraña de datos estadísticos, finalmente refuta esta hipótesis ya que, cualquier mejora que hubiera podido tener el 10% más pobre, la perdió en el 2018 debido a la inflación.


De todos modos, probemos a aclarar las cosas: el primer elemento es que no hay datos suficientes para hacer un análisis de la pérdida o ganancia de poder adquisitivo durante los tres años de gobierno porque el Indec no tiene la serie para elaborarlo. En segundo lugar, el sentido común de cualquier habitante de nuestra tierra indica lo siguiente: suponer que los que menos tienen recuperaron poder adquisitivo luego de cerrar el año con la mayor inflación desde 1991, pérdida de puestos de trabajo y una devaluación descomunal reviste, de mínima, un alto grado de irresponsabilidad y cinismo. Sabemos fehacientemente que cualquier mejora que haya habido en el incremento de los ingresos se evapora cuando la cruzamos con la inflación. Aquella que el Presidente dijo que resolvería en 15 minutos.


Un beneficiario o beneficiaria de Asignación Universal por Hijo (AUH) cobra $1.684 y recibió un bono de $1.500, casi se puede decir que duplicó en diciembre su ingreso. Ahora bien, esos $3.184 netos apenas le alcanzan para superar la línea de indigencia, que se encuentra en $9365 según nuestras propias mediciones. Entonces, ¿De qué hablamos cuando decimos q los primeros tres deciles mejoraron en relación a los otros? El bono de $5.000 del decreto del gobierno les sirvió a los empleados públicos o privados para hacer un regalo navideño, comprar la mesa navideña o juntar para las vacaciones (quien se las puede tomar). Para los primeros deciles que representan a los sectores más postergados, los bonos sirvieron para completar la compra de la Canasta Básica Alimentaria. Los bonos sirvieron para poder comer, en el mejor de los casos.

En el Conurbano Bonaerense una familia necesitó en Noviembre $23.203 para no ser pobre, según los datos elaborados mediante nuestro Índice Barrial de Precios, con un acumulado de 51% de incremento en los costos de los alimentos que conforman la canasta básica. Esto implica una pérdida de 20% en el ingreso del salario social, del 32,53% en la AUH y del 32,55% en las jubilaciones mínimas (fuente IBP). 49% de aumento en carnicería, 37% de incremento en el costo de los alimentos de verdulería, 60% de aumento en productos de almacén (fuente IBP).


Al golpear tan fuertemente sobre los alimentos, la inflación perjudica sobre todo a los sectores más vulnerables, que se encuentran en una situación acuciante. Quienes gastan casi todo o todo su ingreso en alimentos, han tenido mayor pérdida del poder adquisitivo que otros sectores.


La realidad se transforma con verdades, con estados de situación adecuados, que den cuenta de los problemas que tenemos para poder enfrentarlos. Tenemos que declarar la emergencia alimentaria, porque nuestros niños y niñas ven imposibilitado el acceso a una nutrición adecuada.


La economía se mejora con políticas activas que protejan a los más vulnerables y reactiven el consumo, permitan desarrollar un mercado interno y promuevan emprendimientos productivos, apoyando a las pymes que generan trabajo.


El cinismo y el uso indebido y forzado de datos que se desprenderían de la EPH (INDEC) es otra muestra de la incapacidad del gobierno en materia económica y de la insensibilidad que demuestra en el plano social.

+Daniel Menéndez  es Coordinador Nacional de Barrios de Pie e integrante de la Dirección Nacional de SOMOS.