El 7 de enero es la fecha en la que cada año conmemoramos uno de los hechos más silenciados de la historia de Argentina, la Semana Trágica. Dicen las fuentes oficiales, las que no quisieron contar los muertos, que fueron 700. Dicen quienes lloraron a los suyos que fueron más de 1500 y uno de los ataques contra obrerxs más aberrantes de los que se tiene, aunque muy poca, memoria.

Sin embargo las dos versiones coinciden en algo por omisión, negligencia o pacto de semen. A las obreras ni nombrarlas. ¿Fueros todos chongos?

Los revolucionarios, los anarquistas, los obreros, los primeros sindicalistas, los huelguistas. Todos ellos. Ellos y ellos. Los periódicos obreros llamaban a “acciones viriles y de hombría” aun cuando un 57% de su base estaban constituidos por mujeres a las cuales desdeñaban sus propios compañeros (como en el caso de los Obreros de Dulces). Los libros de historia aún más conservadores relatan en masculino las turbulencias, ni siquiera nos permiten el capricho de acusarnos de insubordinadas. ¿Es que no hubo revolucionarias en la historia de la Argentina?

En el famosísimo “Informe sobre el estado de las clases obreras, en el interior de la República” que Bialet Massé le entrega a Julio A. Roca (1904) -un inimaginable trabajo del relevamiento- escribe: “Hay que tener en cuenta que cuando doscientas mujeres asisten a un mitin hay dos mil que no asisten a él por timidez, pero que las acompañan y hacen una propaganda tan eficaz como las que salen a la calle. En mis visitas he oído cien veces ‘con rosario no se engorda y no podemos más’“. En Santa Fe las mujeres que entran por ese camino son francamente anarquistas y anarquistas exaltadas. Algunas de ella se hacen notar por sus facultades oratorias. Hay en Rosario una joven puntana de palabra tan enérgica y dominante que arrastra multitudes. Es más enérgica que Louise Michell”

Hablaba de Virginia Bolten, la primera mujer en orar en un acto de trabajadores, a quien le apodaron Louise Michell en honor a la revolucionaria francesa y feminista por su tenor y su capacidad. La misma que fundó el periódico “La voz de la mujer” (1896/1897) solventándolo con su propio salario de trabajadora de fábrica de zapatos.

Apenas rascamos un poquito sobre la historia oficial resplandecen anécdotas increíbles, como placas de bronce cubiertas por moho patriarcal. Afuera la mugre machista, y reluce nuestra historia. Siempre estuvieron pero no las aprendimos preguntando “¿Por qué hay una Avenida que se llama Virginia Bolten?” Porque no existe esa Avenida. Existen Avenidas Rocas y Pasajes Dellepianes que exaltan asesinos. Existen también, unas tras otras, historias enormes de mujeres (y seguramente varias lesbianas y travestis) que han hecho un sacrificio inimaginable luchando por justicia social y derechos laborales.

Fueron en 1888 las empleadas domésticas las que hicieron huelga, en 1889 las modistas rosarinas tomaron su ejemplo y también las obreras telefónicas de 1896. Al margen de sumarse a todos los paros generales que llevaban a cabo los sindicatos muchas veces siendo mayoría y proponiendo medidas mucho más reaccionarias que sus compañeros. Las fosforeras y modistas crearon sus propios sindicatos y luego de la huelga general de 1904 también inauguraron métodos propios y demostraron lo fundamental que era su participación.

Así sucedió durante la huelga de inquilinos de 1907 cuando, enfrentando la represión con escobas, palos, agua hirviendo y otros objetos domésticos obligaron a la policía a retirarse de la mayoría de los conventillos y torcieron la balanza del conflicto.
¿Y sin embargo la lucha es “cosa de hombres”?

Durante la época sindicatos y publicaciones obreras construían la identidad obrera en torno a la masculinidad, a la virilidad. El “pongan huevo” de hoy (que siguen cantando “compañeros” aun con una gran mayoría femenina paradójicamente AL LADO SUYO) tiene su ascendencia en los “Seres de tan baja moral, que renegando a su hombría, se arrastran cual reptiles […] hombres sin un átomo de virilidad de machos” que escribía E. Domingo, en “Los pobres hombres”, en un periódico obrero anarquista allá por septiembre de 1920.

Los afiches de señores fornidos se olvidan de sus compañeras igual de fornidas que llegaban a casa y le sumaban a su jornada también ordenar el hogar para los señores fornidos.

Mientras nuestros ovarios eran burlados en sus prensas obreras, en las calles y las fábricas era codo a codo la lucha, sumándole la complejidad de soportar a los propios que buscaban reducirnos. Mientras el partido pagaba publicaciones y afiches, nosotras los pagábamos con nuestros sueldos.

Remarcar la hombría como siempre consiste en invisibilizar, reducir, explotar y minimizar a unx otrx, y eso, como ya sabemos, es cosa de patrones. Quienes constituimos el movimiento obrero del país bregamos por una lucha horizontal, igualitaria, en donde la única hegemonía sea la de salario justo y condiciones humanitarias. Ojalá compañeres se animen a hacerse escuchar como travestis, a luchar como lesbianas y a plantarse como putos. Porque hoy más que nunca frente a tanta desolación necesitamos que en la conducción no haya machos, sino valientes.

*Andrea Conde es Legisladora Porteña por Unidad Ciudadana y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.