La secretaria de Género de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), Estela Díaz, salió al cruce de las acusaciones que recibió esa central sindical presidida por Hugo Yasky, junto a la CTA autónoma (presidida por Pablo Micheli) y la CGT, en el documento leído por parte de la organización de la manifestación del 8M, y las críticas por no haber aportado dinero para el pago del escenario.

En el documento aludido se denunciaba a las tres centrales sindicales “por darle la espalda” al movimiento “al no llamar al paro por el 8M”. La respuesta de Díaz se trascribe a continuación.

Lo que pasó estuvo armado. Hay sectores en el movimiento de mujeres que quieren romper, quebrar, este poder enorme y distinto que crece y crece. Son los sectores antisindicales, claramente funcionales al neoliberalismo. Digo que estuvo armado por razones concretas: hacen asambleas que se inician a las 4 de la tarde y terminan a la 1 o 2 de la mañana. ¿Qué mujer que trabaja o es madre puede participar? Ninguna. Los 8 de marzo son para nuestras compañeras un día más de lucha; no el único. Estamos hablando de mujeres delegadas y trabajadoras que día a día pelean por mantener sus puestos de trabajo y que enfrentan al macrismo desde el 11 de diciembre de 2015.

Nos señalan a las centrales como responsables del pago del escenario y demás. Absurdo. Nunca jamás nos comprometimos a pagar nada de eso. Sí a colaborar, como siempre. Pero es ridículo cuando no hipócrita decir que el movimiento de mujeres es un espacio autónomo de partidos y sindicatos y luego pedir que sean ellos quienes financien los gastos. Lo mismo con la idea de paro. En mi carácter de mujer del mundo sindical entiendo que un paro tal como se lo entiende en general, sólo puede ser convocado por las centrales sindicales; de otro modo no es paro. Pero en mi carácter de feminista entiendo que la idea de ‘paro feminista’ es una resignificación a la que adhiero. Lo que llamamos paros feministas de los 8 de marzo son más que nada una interpelación a que pueda parar la que no puede parar. A que esa mujer que no tiene un trabajo formal tenga su día de lucha y visibilización. Si tergiversamos esto, entonces, lo que estamos pidiendo es que sean las centrales sindicales las que decidan los paros del 8 de marzo y no el movimiento de mujeres. Acá lo que pasó fue que colapsó el modo asambleario que algunos y algunas quieren mantener sólo para romper la profunda alianza que mujeres de muchísimos espacios políticos nos dimos para enfrentar al neoliberalismo de Macri. Son los mismos sectores que rompieron las asambleas del 2001 y los que dividieron los actos del 24 de marzo. Son los sectores que en ese documento inentedible e imposible de leer y que aleja a las mayorías ponen como responsables de lo que pasa en una misma línea a Macri, al FMI y a las centrales obreras. Quieren romper el movimiento. Quizás lograron eso. Sumisión es romper, no enfrentar a Macri. Antineoliberales, claramente, no son.”