La situación habitacional en Buenos Aires desborda. Quienes cada dos años tienen que mudarse y pagar gastos demenciales por una operación inmobiliaria ya de por sí costosa, la sufren contrayendo deudas o dejando meses enteros de salario en una necesidad tan básica como tener dónde vivir. Las inmobiliarias establecen términos abusivos volviendo un privilegio la vivienda rentada.

Foto: Diego Pintos
Foto: Diego Pintos



Pero ¿y qué pasa si sos mujer? Y le sumás no sólo el carácter patriarcal del pacto y la cortesía entre varones, sino también la imposibilidad económica frente a una brecha salarial que no se desbarata con el tiempo, sino que frente a un contexto de ajuste y precarización se vuelve aún más contundente. Es sabido: las mujeres (y más en macrismo) estamos destinadas al trabajo informal o a ser secretarias de, ganar menos que, trabajar en casa, en la crianza y tareas de cuidado sin que eso se considere trabajo (si es que tenés casa, familia o al menos una changa). Es una realidad que impone y recrudece el rumbo económico de este gobierno, porque el ajuste impacta de lleno en nuestros cuerpos.

Pero vayamos más lejos. ¿Te imaginás despertarte todos los días al lado de quien te dio una paliza el día anterior? ¿Pedirle monedas para comprar comida y pagar los impuestos a quien con saña te hiere, te violenta, te corta cada una de las cuerdas que te hacen creer que sos una persona que merece más?

Vivir en una situación de abuso y violencia de género en un contexto como este se vuelve casi un femicidio estatal. Hay un Estado Nacional que le dedica solo $11 por mujer a la prevención y erradicación de la violencia de género, con botones antipánico que no funcionan o pierden la señal, con llamadas que jamás son respondidas, con patrulleros que para salvar a las mujeres y mujeres trans nunca llegan. Sale más cara la bolsa que envuelve los cuerpos que la decisión política del estado de protegerlas.

Según el Observatorio de Mumalá, el 70% de los femicidios se cometen en el propio hogar de la víctima, en manos de su pareja o ex pareja y el 50% había realizado denuncias previas. El panorama de la vida afectiva heterosexual es desgarrador. Muertas, abusadas, violadas o al menos explotadas. El menú que ofrece el patriarcado es terrorífico.

Las deudas matrimoniales contraídas, la imposibilidad de acceder a trabajo con una remuneración decente (ni siquiera en blanco estamos pidiendo), las extorsiones familiares con les niñes acompañada de una raquítica respuesta judicial ante esto, el costo altísimo de la tenencia de les niñes también víctimas de la violencia, son cadenas que esclavizan día a día. La salida ante el sinfín de opresiones de una mujer golpeada tiene una vía principal y es económica.

Si una mujer que sufre violencia de género no tiene recursos para irse a otro lado, la estamos condenando a seguir viviendo en esa violencia. Por eso, quienes tenemos responsabilidades públicas, debemos intentar dar soluciones concretas a las problemáticas reales que viven las mujeres a diario. El patriarcado no se cae sólo, tenemos que tirarlo abajo.

Hace dos años presenté dos proyectos de ley para la creación de un “Fondo de Alternativas Habitacionales Transitorias para mujeres en situación de Violencia de Género”, destinados a ayudar a mujeres en esa situación a salir del círculo de violencia, otorgando facilidades para alquilar y poder dejar la casa que comparten con sus abusadores.

No logramos que Rodríguez Larreta lo trate en 2017 ni en 2018. Este año los estamos presentando nuevamente porque bien sabemos que la única lucha que se pierde es la que se abandona.

Para poder decir que no cuando es no, para poder huir de las relaciones violentas sin amarras, para sentir que no estamos solas. Como decía el general, con sensibilidad e imaginación, con lxs más vulneradxs por delante y el Estado como garante.

* Andrea Conde es legisladora porteña (Unidad Ciudadana – Nuevo Encuentro) y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.