Larsson: los grupos neonazis no son novela
Larsson: los grupos neonazis no son novela

Por Alejandro C. Tarruella

Blanco sobre oscuro


Pasaron 33 años del crimen de Olof Palme (28 de febrero de 1886) para el que el escritor sueco Jan Stocklassa publicase “Stieg Larsson. El legado. Claves ocultas del asesinato de Olof Palme”, que tradujo al castellano la editorial Roca de España,ehiciera conocer una nueva historia de la trama que rodeó al caso.

Se trata de una mixtura que circula a través del ensayo y el reportaje de investigación sometido a reconstrucciones precisas, sin desconocer los planos conspirativos de una historia que aún no ha cerrado. Partiendo de las investigaciones del notable Larsson, autor de la triología “Milenium”, y aportando un trabajo minucioso y revelador, el escritor anudó revelaciones que obtuvo de servicios de inteligencia de Suecia y Sudáfrica, y alcanzó un volumen que se acerca a dar en el blanco de lo que fue el asesinato del entonces primer ministro Sueco, Olof Palme.

Stocklassa descubrió en sus investigaciones, un hecho capital y algo común a muchos países:la incompetencia de la policía. Y había algo más, el interés en que esas fallas se extendieran en un caso y en el tiempo. “Hubo pánico en aquellas primeras horas y después gente dentro de la policía que no quería que se descubriera al culpable y que intentó frenar la investigación”, dijo el escritor a “El País” de Madrid, y reveló que elinspector jefe policial, Hans Holmer, “desempeñó uno de los papeles más oscuros de la historia de Suecia.

El inspector jefe, que devino luego en escritor, acusó a un grupo kurdo y no quiso investigar a la extrema derecha y sus presuntos vínculos con el régimen sudafricano. Esa hipótesis había sido señalada por Larsson, que se especializó en el análisis de los grupos neonazis que operaban en Suecia. Así, el escritor logró establecer que poco después del hecho, Larsson se había acercado peligrosamente a la verdad. Su triología “Milenium” le había dado medios económicos que invirtió en averiguar qué había sucedido en el crimen y quienes estaban detrás de la escena. Su capacidad de investigador era abrumadora y su interés en develar las acciones del neonazismo sueco, le permitieron avanzar sobre un objetivo al que la policía y la inteligencia de Estado, rehuían sometidos a intereses oscuros.


Stocklassa por su parte, es un lector incisivo de la novela negra y tuvo que esperar diez años desde la muerte de Larsson para poder dar con los archivos del autor de “Los hombres que no amaban a las mujeres” y así iniciar el camino con el que logró plasmar “Stieg Larsson. El legado. Claves ocultas del asesinato de Olof Palme”. Lo cierto es que su libro deja ahora en claro que Larsson había ido a fondo en su trabajo y había alcanzado datos fundamentales para dar vuelta la causa que estaba a cargo del Estado sueco. El escritor pasaba largas noches de insomnio consumiendo cigarrillos, en tanto escribía a colegas europeos hablando de su investigación, o de alguno de los más de 10 mil interrogatorios que no llevaban casi a ninguna parte e identificaban a un falso culpable para garantizar una no menos mentirosa versión y así tranquilizar a la sociedad.


Larrson sostuvo, y Stocklassa no lo desmiente, sostuvo que al ex primer ministro lo asesinaron en una encerrona de la extrema derecha sueca y los servicios de inteligencia secretos de Sudáfrica. Palme fue un activista severo contra el apartheid y denunció el envío de armas a Sudáfrica cuando existía un bloqueo internacional que no lo permitía. Había marcado explícitamente a Craig Williamson, un espía internacional, y Bertil Wedin, que como oficial de Naciones Unidas había operado en el Congo, espacio de tropelías interminables por parte de intereses europeos, como el crimen del líder Patrice Lumumba el 17 de enero de 1961. Stocklassa había logrado interrogar a Wedin en Chipre mediante una operación encubierta. Así pudo saberse que Alf Eneström, activista nazi sueco que realizó campañas contra Palme, ofreció infraestructura para actuar y que posiblemente, el asesino fue un jugador menor elegido para que los instigadores pudieran deshacerse sin riesgos para tapar evidencias.


Larsson engrosó sus investigaciones, con notas que aparecían en publicaciones que no fueron estudiadas por la policía que, por otra parte, había recibido avisos de un presunto atentado contra el primer ministro. “La campaña empezó antes de que Palme fuera primer ministro, (cargo al que accedió por primera vez en 1969). La conspiración se sostuvo durante casi 20 años y como fue gradual fue tolerada”. Los sudafricanos nunca habrían podido preparar esto en Suecia si no hubiera habido gente que “creyera que Palme trabajaba para el KGB y que iba a vender el país a los soviéticos, algo que es totalmente ridículo”, resumió ante “El País” Stocklassa.


Otro personaje que fue reconocido interviniendo en el hecho, fue un militante de la violencia, Christer Petterson, alcohólico y drogadicto, al que reconoció la esposa de Palme, Lisbet, ante la policía. Petterson recibió condena y fue favorecido al no hallarse el arma con que se consumó el crimen y en segunda instancia, fue favorecido por una absolución que surgió llena de dudas.
Con ese contexto, un jefe policial sueco, Hans Olvebro, dijo ante la justicia que la investigación había fracasado y por lo tanto, planteaba que no debía continuarse. Por entonces, solo 14 policías estaban asignados a la misma con lo que quedaba claro que el policía hablaba desde el Estado.Stocklassa analizó que Suecia pecaba de ingenuidad como país, pero existía una presión mayor desde del exterior por averiguar qué había sucedido en el crimen.


La historia anterior


El caso venía de lejos. El 28 de febrero de 1986, un desconocido que portaba un revólver asesinó al primer ministro sueco, Olof Palme cuando caminaba por la Avenida Sveavägen, de Estocolmo. El atentado se produjo a las once y media de la noche de un viernes extremadamente frío, cuando el primer ministro sueco y su esposa,Lisbet, regresaban del cine Grand. Palme donde con su hijo Martenhabían visto la película “Hermanos de Mozart”. Se despidieron de él y se dispusieron a regresar a su domicilio.Palme por costumbre no tenía escolta, y en la esquina de Sveavagen con Tunnelgatan un desconocido se acercó y disparó dos tiros. El segundo disparó arrojó al suelo a Palmee hirió de gravedad a su esposa. Del asesino quedó en la soledad de la nocheuna sombraque corriórumbo a la calle Tunnelgatan, sumida en la oscuridad, hasta alcanzar las escaleras que alcanzana la zona alta de la ciudad de Estocolmo. La sombra se esfumo y tras ella, el caso, entonces desde el Estado sueco se inició larga etapa del encubrimiento.


El crimen sacudió al mundo porque Palme era uno de los políticos más transparentes y reconocidos. El ABC de Madrid titulaba al día siguiente: “Un hombre asesina a tiros a Olof Palme en una calle de Estocolmo”. Palme estaba vinculado en profundidad con el universo hispano pues había vivido en México en su juventud, y amaba a América. El grupo denominado “Komando Holger Meins”, que había asaltado en 1975 la embajada de Alemania en Estocolmo, se atribuyó el hecho cosa y se expuso luego que se trataba tan solo de un intento especulativo en materia de comunicaciones; se reconocía que se trataba de un atentado de la derecha internacional.


Pasaron algunas semanas del crimen, cuando Larsson le escribió a Gerry Gable, redactor jefe de la revista “Searchlight”, para exponerle sus hipótesis del caso: “Querido Gerry, queridos amigos: La muerte del ministro sueco Olof Palme es, para ser totalmente sincero, uno de los casos de asesinato más increíbles y sorprendentes que jamás he tenido la desagradable tarea de seguir”, le expresó y agregó:Por primera vez en la historia, creo, un jefe de Estado ha sido asesinado sin que nadie tenga la menor idea de quién ha cometido el crimen. Incómodo (los asesinatos siempre lo son) porque la víctima era un primer ministro, una persona querida y respetada en Suecia, tanto si eras socialdemócrata como si no lo eras (es mi caso)”.Medios de fuerte influencia en Europa, tal el caso de laBBC de Londres, señalaban que se podría demostrar que el asesino fue Stig Engström, uno de los primeros testigos que llegó al escenario de la Avenida Sveavägen a poco de producirse el crimen. Se difundió luego que existían pruebas sobre la responsabilidad de Engström, que se suicidó en 2000, y las alcanzó a la policía, el periodista Thomas Pettersson. Él había realizado una investigación en la revista “Filter”, en la que hizo revelaciones respecto a sus prácticas con armas y su pertenencia a un club de tiro militar.

Como en una crónica de una investigación encubierta, los indicios fueron siempre superados por la desidia deliberada del Estado. La impresión que para ciertos centros del poder mundial, Olof Palme debía morir era más fuerte que esas presunciones.

Engström había abandonado su puesto de trabajo dos horas antes de producirse el crimen, y su jefe inmediato revelaría su extraña conducta al regresar. Hubo algunos detenidos sin pruebas que incluso fueron condenados y tuvieron que ser liberados, era evidente que el sistema no quería esclarecer el caso.


Pasaron los años y a fines de 2001, un nuevo testimonio sería descartado por el sistema judicial sueco. Christer Pettersson, un sueco alcohólico con antecedentes policiales, aseguró haber sido el asesino del primer ministro sueco Olof Palme. Lo confesó ante el periodista Gert Fylking, amigo de su infancia, quien lo detalló en “Expressen”, medio donde trabajaba. Según Fylking, Lisbeth Palme, la viuda del primer ministro, vio a Pettersson asesinar a su marido. Las argucias jurídicas que reafirmó el Estado, echaron por tierra con el testimonio. Lisbeth lo había reconocido a Pettersson en la escena del crimen pero no pudo precisar si fue quien realizó los disparos.


En 2014, el“Svenska Dagbladet”, diario sueco, informaba que el escritor Stieg Larsson, autor de las novelas policiales que se difundían en Suecia y en el mundo, había facilitado a la policía, unas 15 cajas con documentos sobre el asesinato de Palme y volvía a apuntar contra el servicio secreto de Sudáfrica.Larsson sospechaba de Bertil Wedin, el exoficial del Ejército sueco que en la década de 1990 fue acusado de ser mercenario de los servicios secretos sudafricanos.Una vez más,el Estado no hizo nada. El 17 de noviembre de 2016, a 30 años de suceso, se anunciaba en Estocolmo que el fiscal jefe de Suecia, Krister Petersson, estaría a cargo de una nueva investigación para dilucidar la muerte del premier sueco. Tal vez se trataba de una nueva jugarreta para encubrir los hechos.


Un thriller en crisis


La novela negra habría de meter mano en el caso y el escritor escocés Peter May, autor de “La hora de las sombras”estableció una conexión entre el asesinato del primero ministro sueco Olof Palme y el surgimiento de la novela negra sueca.

“Antes de eso apenas había escritores o lectores de novela negra, pero tres años después de su asesinato Mankell empezó a escribir las historias de Wallander y la gente se volcó con ellas. Fue una manera de gestionar un drama y un asesinato no resuelto”, expresó y ahí estaría la clave de lo que iba a suceder en tanto el Estado Sueco le esquivaba el bulto a la verdad. Había sin dudas, un interés europeo y tal vez norteamericano, en que no se conociera lo sucedido en el crimen de Olof Palme. Los poderosos siempre esconden los hechos cuando se pone en cuestión su poder. Y Palme era un hombre que lo cuestionaba en la Europa que se aprestaba a demoler el Estado de Bienestar.


Con esos antecedentes, la actitud del Estado sueco parecía decir quecuándo un tema quema las manos de los poderosos, puede quedar congelado por el mismo sistema institucional de un país que, apremiado por poderes internacionales, decide encubrir en lugar de ejercer las funciones para las que la sociedad elige o nombra a sus funcionarios. Algo semejante sucede en la Argentina con la causa de la AMIA, hecho que sucedido el 18 de julio de 1994, jamás fue esclarecido y las únicas condenas que se han realizado en juicios de resolución reciente, es la culpabilización de algunos de sus encubridores.

Tal vez por esas razones, el escritor Stocklassa, se planteó “ir más allá de Larsson”. Y recordó que “Cuando tuve las cajas con los documentos en mi mano supe que era un momento que ocurre una vez en tu vida”. Y acerca de algunas de sus fuentes, inclusos sospechosos del crimen o Lidia, nombre en clave de una testigo de origen checo, señalóque “No es ficción. No es de la CIA, no me la invento. Ella es real y las entrevistas también. Tengo las grabaciones”. Y adelantó que la testigo estaría con él en España en los actos de presentación de su libro.


Lo valioso del trabajo de Stocklassa no es solo el libro, sus búsquedas y sus logros, sino la actitud presente y responsable de un ciudadano que pese a los riesgos, asumió con libertad una posición ante la historia. No es menos cierto que el crimen de Palme, sacudió a Suecia y puso en cuestión a la utopía del denominado “modelo escandinavo” que era sostenido por el estado de bienestar. Ante una policía aparentemente cómplice, un Estado ineficiente y corrupto, el criminal huyó de la escena y el sistema complementó una vez más la tarea de habilitar actos contra la integridad ciudadana mientras huía la verdad. Para confundir aún más a la opinión pública y a la ciudadanía, se acusó en diferentes momentos a la Cia, a la KGB, a la RAF, la Fracción del Ejército Rojo responsable de acciones en diferentes países y hasta al PKK, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, azuzando a los hacedores de conspiraciones al paso para que estimularan sus neuronas y armaran escenarios plenos de falsedades.


Fue la pura casualidad la que condujo a Stocklassa hacia el crimen de Olof Palme. En realidad, planeaba escribir un libro acerca de las razones que apuntalan que un lugar específico se transforme en escenario de un crimen. Investigaba cuando dio con el caso de Alf Enerström, el médico sueco desequilibrado que vivía en Estocolmo, en un apartamento donde había sucedidotriplecrimen hacia 1930. Años después, el médico disparó y mató a una agente de Policía en 2003.

Enerström acabó por interesar al periodista y escritor. El médico cayó en la sospecha de las autoridades en el caso. En un interrogatorio expresó que “Matar a Palme no era solo hacerle un favor a Dios, sino también hacer un favor al país”. En ese punto del relato, Stocklassa se sintió atraído por el asesinato del primer ministro. Contactó a Anna-Lena Lodenius, experta en grupos extremistas, y abordó su archivo ya apasionado en el tema. Cuando reparó en la figura del médico Enerström le sobrevino una duda:“¿Quién elaboró el informe acerca del médico Enerström?”, le preguntó a Anna-Lena Lodenius.La respuesta lo conmovió: “Stieg Larsson”.


-¿Larsson, el autor de la triología “Millennium? – insistió desbordado y la respuesta fue tan escueta como la anterior, y afirmativa.
Stocklassa se hizo de una serie de documentos con información sobre el caso que dejó Larsson inconcluso cuando murió en 2004, poco antes de la publicación de sus novelas.Luego halló “Expo”, revista antifacista que Larrson estrenó en 1995 y halló carpetas con revelaciones, bocetos e informes sobre el caso. De inmediato encontró a un hombre de la extrema derecha, al que en el libro llama Jakob Thedelin, joven admirador del médicoAlf Enerström, y estableció que lo que faltaba para determinar que hubo una conspiración criminal de Sudáfrica del apartheid con la ultraderecha de Suecia.

Siguió su camino y dio con una mujer cheka a la que dio un nombre figurado, Lida, que viajó a Suecia y se sumó al trabajo. Provista de una cámara oculta y un GPS, consiguió que Thedelin, envuelto en su obsesión sobre el crimen, hablara. Así, avanzando, Stocklassa voló a Chipre luego de ubicar a Bertil Wedin, el agente, y grabó de modo encubierto sus confesiones en las que se negaba a estar implicado en el crimen. Apelando a un hacker, descubrió que Wedin y Thedelin estaban en contacto, clave para remarcar el rol sudafricano en el episodio.

Lo más difícil, aunque el periodista se lo proponía, fue hallar el arma homicida. Como en la trama de una novela policial Stocklassa fue convocado a declarar ante las autoridades policiales a poco de la aparición de su libro. Luego allanaron el domicilio de Thedelin y no encontraron el arma en cuestión.

Tampoco las autoridades dieron con Wedin, o no quisieron alcanzar ese testimonio. Lo cierto es que con la aparición del libro “Stieg Larsson. El legado. Claves ocultas del asesinato de Olof Palme”, muchas de las dudas acerca del crimen de Olof Palme llegaron al gran público. Así, desde el día en que mataron al primer ministro, cuando Larsson estalló en lágrimas, el escritor y su par, Jan Stocklassa, la verdad recorrió las viscisitudes sorprendentes de un caso que aún, oficialmente, no ha sido cerrado. Y fueron ambos quienes en diferentes momentos, como si lo hubiesen convenido tomando un caféen Estocolmo, impidieron que la impunidad fuera la que cerrara definitivamente el camino a la verdad. Las amenazas de muerte que recibe aún Stocklassa no hace sino reafirmarlo en esa suerte de thriller en vivo que es posible, aún no haya concluido.

* Alejandro C. Tarruella es escritor. En abril presentará su próximo libro "Historia política de la Sociedad Rural"  con prólogo de Mario Rapoport.