Foto Infonews.
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¿Qué es ser una Madre? ¿Puede una Madre parir 30.000 hijxs? ¿Puede una nación ser un vientre magnánimo donde quepan todos y un corazón del tamaño de la estepa que nos albergue y contenga? Puede. Las Madres nos enseñaron de lucha. Pero también nos enseñaron a maternar de otro modo. Maternar de una manera revolucionaria, buscando a todos en nombre de uno, y buscando a uno, luchar por todos. Maternar en la esfera pública con la memoria como aliada, negándose al decreto del olvido obligatorio. Maternar ya no como actividad privada e individual puertas adentro, sino maternar colectivamente, donde los hijos se multiplican y las fuerzas también.

Salir a la calle, enfrentar a un militar asesino con tan solo una pregunta: “¿Dónde están?”, aprender de tus propios hijos sobre sus sueños y estar determinadas a llevarlos adelante, parar los caballos de la policía en 2001 con tu propio pecho de jubilada y volver cada jueves a la humildad de tus pasos en círculo para recordarlos. "Ya se van a cansar, son mujeres”, dijeron ellos en 1977. Pocas veces se equivocaron tanto.

De amas de casa a guerreras desgarradas que nunca sucumbieron ante el abismo de la venganza. Son nuestras Madres y Abuelas un cambio de paradigma para las mujeres de la época, capaces de tejer un hilo de pasos a través de la historia argentina que no solo hizo detonar una dictadura entera sin armas, sino que de alguna manera transformó nuestra manera de parir.

El 10 de diciembre de 2015 la democracia argentina dio un vuelco hacia lo que cuatro años después se convertiría en la degradación institucional y republicana más grande desde el retorno de la democracia. Cristina se despedía con una plaza llena, nunca antes vista, buscando en nosotros los líderes para lo que vendría.

Yo estaba ahí, paseaba esa madrugada por la Plaza un poco atónita y no dejaba de ver gente abrazada, llorando, en un buen atisbo de anticipación. Habíamos perdido no solo una elección, sino la posibilidad de seguir ampliando derechos. Y sin embargo ahí, en ese mismo momento, cumplidas las doce de la noche frente a una Plaza de Mayo desolada, asoma una camioneta blanca que frena con firmeza en medio de la plaza y comienza a desplegarse, mientras se escucha en el megáfono la voz de Hebe: “El enemigo volvió a la casa Rosada, y nosotras entonces volvemos a la resistencia”.

Este último jueves que pasó se cumplieron 2136 jueves caminados alrededor de la pirámide de Plaza de Mayo. “Me encuentro con ellos cada jueves, estoy feliz” dice Visitación de Loyola con su mirada vidriosa mirando al cielo. Nosotrxs el domingo, como cada 24 de marzo nos encontramos con ellas, con su maternidad pública, su maternidad colectiva, su maternidad multiplicada en miles de hijos que se convirtió en fuerza, en lucha, en memoria, verdad y justicia.

Andrea Conde es legisladora porteña (Unidad Ciudadana – Nuevo Encuentro) y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.