Argentinos: ¿Nos aislamos en forma inadecuada?
Argentinos: ¿Nos aislamos en forma inadecuada?

Vivimos en nuestra propia isla, haciendo nuestras cosas, y cada tanto, levantamos nuestra mirada para conectar: ¿Cómo estás? ¿Tomamos un café? Este contorno que nos aísla del resto del mundo, con el que nos diferenciamos, nos permite conectar. Es nuestra propia envoltura psíquica, nuestra identidad, nuestro sí mismo.

El hombre es un animal gregario. Desde sus orígenes vivió en manadas, para sobrevivir. Es decir, que necesitar a los demás para desarrollar nuestra existencia es parte inherente a la vida propia, aunque a veces creamos que “buey solo bien se lame”.

De lo que voy a hablar ahora es del aislamiento no como recurso introspectivo, como el placer de estar asolas consigo mismo, de pensar, de meditar, en fin, sino como mecanismo de defensa inadecuado, podríamos decir “cuando uno se defiende de más”. Es decir, el exceso y la fijeza de un recurso, que utilizado adecuadamente, promete buenos frutos al psiquismo vital, creador.

Si tenemos la necesidad de defendernos, es porque consideramos que desde algún sitio interno o externo puede advenir un ataque.

El objeto, interno o externo, se ha vuelto amenazante, y esta situación mantenida en el tiempo, se torna traumatizante. Cuando digo objeto, me refiero a otra persona o cosa con la que la interacción se ve complicada. Y el objeto interno refiere a aspectos conciente o inconscientes de la propia personalidad que también se han tornado conflictivos. Y también a uno mismo tomado como otro.

El trauma es un estado mental de imposibilidad para tramitar una experiencia que se ha vivido como excesiva. Ya sea porque la dificultad que se nos ha presentado ha resultado en demasía para el sujeto, o bien porque la persona carece de recursos para poder afrontarlos. Cada uno lo vive a su manera, y de acuerdo a los recursos con los que cuenta. La fortaleza yoica, el entorno, el saber pedir ayuda, todo cuenta, y todo suma, o resta.

Traumas de la infancia, reales o fantaseados que se actualizan; pérdidas inesperadas de seres queridos, de residencia, el empleo, catástrofes, perversiones humanas y otras tantas representan situaciones que requieren de mucha fortaleza e inventiva para superar lo que en muchos casos roza con lo siniestro, o lo es.

Pienso que la causa última o hacia donde todos los motivos pueden converger si no se tienen los recursos, el deseo, y la valentía para salir de esa experiencia dolorosa, es en la depresión, al refugio en el “exceso de soledad”, depresión como resultado de distintos tipos de malos tratos reales o fantaseados. La depresión hace referencia a la preocupación por el daño que se le puede haber causado al objeto y las dudas acerca de la capacidad para poder repararlo, o no. Con esto sobreviene la culpa, y con ella el castigo, donde por habernos” portado mal” nos mandamos al rincón, o a la torre más alta del castillo, desde donde vemos pasar la vida, y de ahí al masoquismo, hay un paso, o menos.

“No poder con lo que pasa, con lo que se presenta, por excesivo, afecta nuestra autoestima; o visto desde el otro ángulo, posiblemente por padecer de una imagen de sí mismo disvaliosa, no se puede enfrentar adecuadamente la tarea que se nos presenta.

El aparato mental, es un instrumento en continuo movimiento y transformación: puede evolucionar o involucionar, no siempre estamos igual, pero a lo que voy es que nuestra mente para mantenerse vigorosa, necesita de otras mentes, para bien o para mal necesitamos un otro para tener un aparato psíquico que “funcione”.

Por lo tanto el aislamiento conlleva a problemas en muchos aspectos, tales como el aprendizaje, la atención y en la toma de decisiones, pero en especial, a la posibilidad de aprender de la experiencia.

Puede ser por miedo a lo nuevo, a comenzar una nueva vida sin ese objeto perdido que fue tan valioso por algún motivo. Puede por ser temor a ser atacado, a hacer el ridículo por tener un superyó severo. Pueden ser las nuevas tecnologías que favorecen la exclusión. Puede ser también por intolerancia a la frustración, a no querer entender que la vida es con complicaciones. Hay personas que todo movimiento “en menos” les provoca heridas narcisistas vividas como irreparables. Todo puede ser elemento integrante de la autoexclusión.

A mí me resulta útil pensar que por exceso de pulsión de muerte, por exceso de masoquismo, el aparato mental no se desarrolla lo suficiente como para enfrentar situaciones que requieren de nuestra capacidad para atravesar distintas crisis, de nuestra capacidad de resiliencia. Por eso digo que todo tratamiento psicoanalítico consiste en explorar el propio masoquismo.

Afuera puede llover, pero si nuestra casa está en buenas condiciones, el agua no pasa.

*Psicoanalista