“Tenemos fuerza para decir que seguimos luchando y vamos a vencer”
“Tenemos fuerza para decir que seguimos luchando y vamos a vencer”

 El 30 de abril de 1977 mujeres como Azucena Villaflor, Mirta Baravalle, Josefina Noia y Berta Braverman, entre otras, formaron parte de las 14 Madres que se reunieron en la Plaza de Mayo y comenzaron con las míticas rondas.

 
La Policía de la dictadura genocida las amedrentaba. No les permitían quedarse paradas, reunidas. Por lo tanto, decidieron caminar, en círculos, en torno a la Pirámide de Mayo. Así comenzaban con un desafío a los dictadores que se convirtió en un símbolo planetario de resistencia.
 
El número de Madres fue aumentando, caminando de dos en dos, hablando con la compañera de al lado, informándose sobre la situación que ambas estaban atravesando. 
 
 
Más tarde, para la fecha de la procesión a Luján, para identificarse entre ellas, decidieron colocarse un pañal de tela de sus hijos e hijas, colocado en la cabeza, y quedaron inmortalizados en el pañuelo histórico de las Madres.
 
Posteriormente, la lucha de las Madres ganó terreno en la prensa internacional. Mucho más cuando en una marcha de los organismos de derechos humanos, que terminó con 300 personas detenidas, varios periodistas extranjeros cayeron en la cacería.
 
Las Madres buscaban incansablemente a sus hijos e hijas en hospitales, juzgados, comisarías y cuarteles. Fue Azucena Villaflor quien se animó a decir que las Madres debían ir a la Plaza de Mayo, para obtener repercusión acerca de su búsqueda.
 
Fue en diciembre de 1977 cuando el oficial de la Marina, el genocida Alfredo Astiz, se infiltró entre las Madres con la excusa de tener "un hermano desaparecido".
 
Una vez ganada la confianza de las Madres, organizó el secuestro y desaparición de tres de ellas, dos monjas francesas y otros familiares y amigos.
 
Así, el 8 de diciembre la dictadura genocida liderada por la Junta Militar de Videla-Massera-Agosti secuestraron a Esther Careaga, a Mary Ponce de Bianco, y a Alice Domon. El 10 hicieron lo propio con Azucena Villaflor.
 
Después de la farsa del Mundial de Fútbol de 1978, un año más tarde llegó al país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Hubo colas de personas que intentaban declarar ante la Comisión. 
 
Ya en 1981 realizaron la primera Marcha de la Resistencia, la cual duró 24 horas seguidas. Años después, la lucha se masificó. Las Madres se convirtieron en un símbolo mundial de lucha inclaudicable por los Derechos Humanos y en contra de las dictaduras genocidas.
 
“Apaguen la tele, dejen los telefonitos y empiecen a pensar qué es la política. La política es una forma de vivir. Amen a los otros, sufran cuando los otros sufren”, dijo esta tarde Hebe de Bonafini, presidenta de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo al hablar en el festival que se hizo para celebrar los 42 años de las Madres.
 
Las Madres de Plaza de Mayo línea Fundadora hicieron un acto en el monumento a Belgrano, donde se juntaron aquel 30 de abril por primera vez. Hubo música, pintura y poesía en vivo. “Tenemos fuerza para decir que seguimos luchando y vamos a vencer”, dijo Nora Cortiñas.