El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, fue condenado a 50 semanas de prisión por violar las condiciones de su libertad en junio de 2012, aunque tendrá la posibilidad de salir de la cárcel al cumplir la mitad de la sentencia, según dictó la jueza Deborah Taylor en la audiencia.

Assange siguió el juicio personalmente desde la "pecera" de los acusados de la sala 1, que contó con una fuerte presencia de simpatizantes, como el ex cónsul de Ecuador, Feliz Narváez y al actual director del pionero portal de filtraciones políticas, Kristinn Hrafnsson, destacó la agencia Sputnik.

La jueza calificó de "grave" el crimen cometido por Assange. "Usted no compareció ante el tribunal, al huir a la embajada de Ecuador (...), ni apeló las decisiones judiciales anteriores. Sus acciones fueron encaminadas a obstruir o demorar la justicia. Considero que cometió una infracción grave", dijo.

Taylor agregó que no optó por sentenciar a Assange a la pena máxima de 12 meses debido a que el ciberactivista escribió una carta con disculpas, que es "el primer reconocimiento de que lamenta sus acciones", señaló.

Assange expresó cierto arrepentimiento en la carta que su abogado leyó en apoyo de sus argumentos por mitigar la fuerza de la sentencia contra su cliente.

“Me disculpo sin reservas ante los que consideran que he sido irrespetuoso en la forma en que he conducido mi caso, no era mi intención”, transmitió el reputado letrado Mark Summers.

La misiva personal del australiano resume el groso del argumento que su defensa esgrimió en la vista: el miedo de Assange a ser enviado a Estados Unidos en castigo por la publicación de miles de documentos confidenciales en Wikileaks y otros medios desde 2010.

“Me vi lidiando con circunstancias aterradoras de las que ni yo ni a los que pedí consejo pudieron dar con un remedio; hice lo que pensé en su momento que era lo mejor y quizá lo único que se podía hacer”, escribió en su carta de disculpa.

La jueza rechazó todos los argumentos sobre las "circunstancias inusuales, difíciles y diferentes" de la decisión del ahora recluso de solicitar asilo en la embajada de Ecuador en 2012, burlando así a la Justicia británica.

Assange se refugió en la sede diplomática ecuatoriana en junio de 2012 tras perder todas las apelaciones contra la extradición que el Reino Unido se aprestaba a cumplir, accediendo al pedido de la Fiscalía sueca que lo requería para juzgarlo por presuntos delitos sexuales.

El ciberactivista rechazaba su extradición alegando que Suecia lo entregaría a EEUU, donde podía enfrentar la pena capital por haber publicado miles de documentos secretos sobre operaciones del Ejército estadounidense en Irak y Afganistán.

Los cargos contra Assange en Suecia prescribieron en 2017, pero el Reino Unido se negó a levantarle la orden de arresto.