Política

Entrevista a Mario Santucho: "Hoy hay, quizás, más violencia que en los setentas"

Infonews habló con el escritor y periodista, quien acaba de editar un libro sobre el mítico guerrillero rural Bombo Ávalos. "Cristina no es la revolución", disparó el hijo de Mario Roberto Santucho.

Mario Santucho
Mario Santucho

Bombo, el reaparecido, el libro de Mario Santucho, investiga el destino de Bombo Ávalos, que de vecino cualquiera en Santa Lucía, un pueblito azucarero del sudoeste tucumano, se convirtió en el guerrillero rural del ERP más buscado al punto que al día de hoy se ignora si logró sobrevivir al terrorismo de Estado o, hecho huesos, espera ser encontrado.

Mezclado con datos autobiográficos y en tono de intriga el escrito, unas 200 páginas, avanza en la descripción de las angustias, los deseos, los sueños y los hechos en un pequeño pueblo destrozado por una decisión del gobierno de Onganía en los ‘60. El militar, un mes y medio después de voltear al presidente radical Arturo Illia, en agosto de 1966 cerró por decreto 11 de 14 ingenios tucumanos y dejó en la calle a unos 50 mil tucumanos. Ese fue el antecedente directo para que los pobladores se hicieran luchadores o migrantes expulsados. De entre los primeros surgió el Bombo Avalos y, como otros, adhirió al ERP en la Tucumán de fines de los 60.

El autor, editor de la revista Crisis e hijo del legendario comandante “Roby” Santucho respondió algunas preguntas sobre el trabajo, disparado por un dato esparcido en el Santa Lucía actual: “¡volvió el Bombo Ávalos!”.

Infonews: -¿Por qué este personaje y qué querés decir con el libro?

Mario Santucho: -Más que un motivo muy definido, yo creo que lo escribí porque la historia de Bombo me conmovió y terminó obsesionandome. Desde un punto de vista racional te diría que me movió una preocupación por cómo el sujeto social más postergado asume el desafío de luchar contra el capitalismo, al punto de comprometerse con un proyecto como el del ERP en ese momento. El Bombo no es el típico obrero que en la fábrica toma conciencia, ni el estudiante que a través de lecturas o posiciones ideológicas decide enfrentar al sistema, sino que es un personaje plebeyo, más cerca de lo que eran los bandidos rurales en ese momento y que tiene una conexión con el sujeto hoy mayoritario que son los precarios, los desempleados, los que se inventan el ingreso para llegar a fin de mes. El otro tema que me parece importante problematizar es el de la violencia y su relación con la política. Está claro que la idea de lucha armada que existió en ese entonces hoy no posee ninguna vigencia, o al menos es mi impresión; pero tampoco me creo que la democracia sea un orden muy pacífico que digamos.

In: -¿Cuál violencia, la de arriba o la de abajo?

MS: -Ambas. Mi sensación es que la democracia no es lo contrario de la violencia. Y que la violencia casi siempre está presente en el modo de resolver los conflictos. Hoy, desde mi punto de vista, hay quizás más violencia que en aquella época aunque no asuma la forma que en ese momento adquirió. En los setenta la violencia pasó a ser el elemento central de la político, tanto para los que querían transformar la sociedad como para quienes se ocuparon de defender el orden establecido. Hoy la violencia es heavy pero está despolitizada, y tengo la sensación de que la furia va a crecer exponencialmente y puede explotar.

In: -Pero no es violencia organizada…

MS: -No, estamos en otra época y por lo tanto las organizaciones, las formas de protesta, la idea misma de futuro, son muy distintos. En el 2001, por ejemplo. hubo momentos de conflictividad muy intensos pero siguieron otros carriles, de más espontaneidad, más apegados al territorio y no regidos por la lógica del enfrentamiento.

In: -No me quedó claro si el personaje del libro finalmente está vivo o no.

MS: -La investigación que hice no logró responder a la pregunta si el Bombo efectivamente volvió o en realidad está desaparecido desde 1976. El interrogante no se resuelve y queda abierto el dilema. Yo tenía la fantasía y el objetivo de encontrarlo pero me parece interesante que quede el enigma, como testimonio de que hay preguntas sobre esa época que no logramos resolver. Lo estuve rastreando, escuché que andaba por La Banda del Río Salí, pero nada concreto; y tampoco pude lograr un documento terminante que certifique su fallecimiento. Hay muchas versiones de su muerte y cuando hay tantas versiones que no coinciden, es raro. Por lo menos seis o siete relatos que dicen que murió en diferentes circunstancias, pero nadie lo puede comprobar de manera fehaciente. Por otro lado, en Tucumán han ido apareciendo muchos restos en el Pozo de Vargas; hace poco aparecieron los de su papá, también desaparecido, y los de él brillan por su ausencia.

In: -¿Qué te devuelven los lectores?

MS: -Estoy contento. Siempre había escrito textos políticos, a veces más bien ensayísticos con el Colectivo Situaciones, otras veces más periodísticos en la revista Crisis, pero esta es la primera vez que experimento con la narrativa. Estaba un poco temeroso porque no sabía si iba a funcionar y sobre el cierre corregí fragmentos hasta lo último, afiné oraciones, modifiqué palabras, pero había perdido completamente la perspectiva global del libro. Las primeras devoluciones me dicen que funciona, la gente que lee el libro se engancha. Y motiva discusiones. Es precisamente lo que buscaba.

In: -Volvamos a la pregunta del objetivo del libro

MS:  -Hay un objetivo que no es tan explícito pero opera como trasfondo y tiene que ver con el desafío de encontrar un lenguaje como generación, que pueda hablar de esa época sin romanticismo ni resignación, sin nostalgia pero tampoco renegando de la historia. En ese sentido el libro es un experimento de hablar en primera persona a partir de ciertas marcas biográficas que están presentes, pero no hacerlo de una forma solemne, ni victimista, y poder ejercer una perspectiva crítica. El libro intenta repensar una serie de problemas que vienen del pasado y que están irresueltos en el presente.

In: ¿Hay relación entre aquel pasado y la llamada “grieta”?

MS: -Hay diferentes niveles de análisis. Creo que la actual grieta política expresa un conflicto histórico en la Argentina, entre lo que podríamos llamar el nacionalismo popular y los sectores más conservadores, neoliberales, claramente expresado hoy por el macrismo y Cambiemos. Significan modelos de país muy diferentes, prioridades distintas. Lo que veo hoy mucho más difuso es el proyecto de una transformación social que cuestione al capitalismo.

In: -Muchos quieren ver a Cristina encarnando esa posibilidad

MS: -Cristina no es la revolución y ella se encarga una y otra vez de decirlo. Es un poco de más bienestar para la gente, cierto desafío a los poderes, una fuerte impronta de reparación simbólica, pero la revolución no es.

In: -¿Cómo ves el rol y peso de los medios en la política? escuché a un periodista de primera línea demonizando a Juan Grabois porque habla, dice él, de la reforma agraria.

MS: -No creo que el problema principal sean los medios. Juegan un papel, obviamente, pero lo que expresan es la hipocresía general del sistema político, de la justicia, del sistema institucional. Creo que vamos camino a una crisis de representación muy fuerte porque el sistema político no le da respuestas a la gente. Y el problema es que no logramos poner en juego una hipótesis operante, que no sea solo retórica de cuestionamiento, sino una alternativa real al sistema.

In: -¿Y los movimientos sociales? son los descartados del sistema.

MS: -La pregunta es cómo se construye esa voluntad política de ruptura, que está ausente desde hace 40 años. Porque todo el mundo está inmerso en un sistema de cálculos, de conveniencias, de intereses y me parece lógico. No es un cuestionamiento.

In: -Dicen que algunas instituciones como la CGT, por ejemplo, si no ven una salida política no actúan, no generan paros generales o enfrentamientos de largo aliento.

MS: -Creo que son razonamientos políticos que tienen como condimento la ausencia de una hipótesis de transformación posta, lo que en aquella época se llamaba revolución y que hoy no existe como horizonte práctico. Hay muchos sujetos como el feminismo que producen un cuestionamiento muy fuerte, pero la idea de un postcapitalismo posible, como en aquella época había, hoy no existe, y creo que no se puede replicar. La idea del socialismo nacional, con eje en el poder del estado, me parece que no va más, porque el mundo es otro y la soberanía no está fundamentalmente en los estados; como tampoco parecen muy eficaces las formas organizativas de aquella época, vanguardistas, jerárquicas. Cuando uno hoy viaja a los 70 por enésima vez, es para nombrar este vacío, esta falta que tiñe de angustia a nuestro presente. Necesitamos mucha imaginación política para recuperar el desafío anticapitalista, y ojalá este libro sea un granito de harina en ese sentido.

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