Sociedad

La Feria del Libro y la apropiación popular

Andrea Conde

Un balance socio político de los múltiples sentidos que se le dio este año al evento, atravesado por la diversidad de género, la irrupción de Sinceramente y las actividades reaccionarias.

@Siwisi
@Siwisi

Es imposible pensar que la Feria del Libro no es uno de los eventos culturales más grandes de la Ciudad nucleando editoriales, radios, actividades y grupos comunicacionales que llevan un mes de actividades y activaciones al reconocido centro de exposiciones de La Rural.

Sí, tenemos miramientos con un predio que no solo fue adquirido a un precio ruin en una gran estafa al Estado, sino que además albergó durante décadas el centro económico de la oligarquía nacional. Sin embargo, la apropiación, aunque mínima, sucede en todos los campos.

Pienso, por supuesto, en la presentación de Sinceramente. Mientras veía a miles de personas de todas las edades llorar y saltar bajo la lluvia en el mismo barro donde caminan vacas vendidas por millones, pensaba: ¿es también lo popular esa bacteria recipiente que se cuela entre lo pulcro? El olorcito a chori de un carrito en Recoleta, la gota de salsa de empanada que cae en la camisa de tintorería.

El musgo “verde abortero” que crece entre las delicadas baldosas relucientes también crece entre los libros y es un signo de la época que el Gran Quijote y Putita Golosa de Luciana Peker compartan estante ofreciendo esa amalgama de posibilidades con lo poco pero fundamental en común: la lucha.

Un stand en particular tiñó la feria, Orgullo y Prejuicio se llama ¿Lo vieron? Un stand incorrectísimo, potente y lleno de palabras vitales. Se habló de un poeta puto y villero llamado Ioshua, se presentaron libros de travestis, se declararon amores tortas, y se habló mal, muy mal de Macri.

Los eventos culturales como la Feria del Libro muchas veces llevan a que quienes trabajan de o en ellos se precipiten como personalidades que luego firmaran autógrafos de algún espasmo de semi-fama. Producen la idolatría que le permite a Nik y a su gato copiado sentarse como artista destacado a firmar historietas y venderlas como ideas propias. Estos hálitos momentáneos habitan sí, pero te imaginás también a todos esos chicos que caminando por el Feria escogieron La virgen cabeza de Gabriela Cabezón Cámara y sus padres decidieron cumplirle el capricho porque bueno, la tapa decía “Virgen” ¿Cuán malo podía ser?

Ese es el poder de generar cultura no como ídolos en una vitrina, sino como la posibilidad conjunta y colectiva de rotar los sentidos comunes. De leer las palabras que te eyecten a otro universo o escuchar una voz que te inspire ganas de cambiar el o tu mundo.

Ceferino Reato hizo apología del terrorismo de Estado dentro del mismo recinto en la presentación de un libro escrito por un ex militar. Un espacio brindado para que se presente también ese libro y el secretario de Cultura, Pablo Avelluto, no solo salió a apoyar esta actividad sino que salió a cruzar a quienes dirigen la Feria, quizás celoso porque a su turno se llevó varios abucheos mientras vio que hubo dirigentas que solo recibieron amor.

Cuánta agua corrió bajo del puente pienso, mientras recorro los pasillos, caminando hacia la presentación de “pensando una Buenos Aires más igualitaria” junto a Matías Barroetaveña y Jonathan Thea. Así como vi a ese chico que acomodaba Sinceramente para ser vendido, tomarlo, besarlo y volverlo a acomodar, así como nosotros que venimos a la casa de la oligarquía a proponer justicia social, así, pienso, no nos queda otra que confiar en estas rebeldías. Las que con trabajo construyen las grandes mayorías.

Si podemos en su casa tomar y virar el sentido común, cabe pensar cada vez más fuerte que en un año como éste, con todas estas ganas, tomar (democráticamente) el poder será una más de nuestras rebeldías peronistas.

* Andrea Conde es legisladora porteña y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.
 

Noticias de “Opinión”
Seguinos