Rodolfo Pous? y Ricardo Carpena, presidente y vicepresidente de T?lam. Ingresan cabizbajos a la redacci?n patronal de Tecn?polis tras conocer el fallo judicial que orden? reincorporar, el jueves, a 68 trabajadores.
Rodolfo Pous? y Ricardo Carpena, presidente y vicepresidente de T?lam. Ingresan cabizbajos a la redacci?n patronal de Tecn?polis tras conocer el fallo judicial que orden? reincorporar, el jueves, a 68 trabajadores.

A un año de los 357 despidos ejecutados en Télam, la Justicia del Trabajo comenzó a desanudar la madeja del conflicto: el jueves, la Sala V de la Cámara de Apelaciones ordenó 68 reinstalaciones. Fue una señal potente y acaso ineludible para todos los magistrados a cargo de casos de periodistas y administrativos de la agencia todavía pendientes de resolución. Pero, como suele suceder, el cierre de una controversia anima la apertura de otra.

En los pliegues de este conflicto -que todavía promete nuevas escenas- no sólo ya se prefigura un modelo futuro para la agencia pública sino que, producto de aquel sacudón, también se imaginan renovados consensos internos para alentar una etapa diferente en el fuero del trabajo, que estuvo bajo fuego en los cuatro años de la administración de Mauricio Macri.

La estrategia del fracaso

“A borregos como vos les hace falta unos buenos cachetazos. Te voy a cagar a piñas: yo soy campeón de box”, proclamó, destemplado, el abogado Julio César Zampaglione, a pesar de sus 72 años, en el segundo piso del edificio de Lavalle 1268. Al mismo tiempo, intentó lanzar una trompada pero terminó haciendo una morisqueta en el aire. El destinatario de su ira era un joven colega letrado que había cometido el sacrilegio de patrocinar a una empleada de Télam en la justicia del trabajo.

La escena ocurrió el 20 de noviembre de 2018, pocos meses después de los despidos masivos de Télam. Fue una pequeña muestra de las sutilezas que manejaban los cerebros jurídicos del gobierno en sus estrategias legales para encarar lo que juzgaban un “sobredimensionamiento” de la agencia pública.

“¿Quién te crees que soy? ¿Sabés lo que te falta a vos? Yo trabajé con Justo López (no confundir con el modesto autor de esta crónica: Justo López fue el autor de la Ley de Contrato de Trabajo, una suerte de prócer del iuslaboralismo vernáculo). Arreglemos esto de una vez afuera de este juzgado y como hombres”, gritó Zampaglione en aquella audiencia desarrollada en el Juzgado 58, tan lejos del decoro como de la perspectiva de género.

En Télam, el ministro Hernán Lombardi no recurrió a cirujanos, sino a carniceros. Por eso fue el mismo Zampaglione el elegido como abogado para poner la firma a la denuncia Nro. 232/2018 que el gobierno promovió contra los jueces Enrique Arias Gibert y Néstor Miguel Rodríguez Brunengo en el Consejo de la Magistratura. Ayudaron los 165 mil pesos mensuales que recibe a modo de retribución del gobierno.

No hubo matices: Zampaglione pidió la destitución de los jueces. El argumento fue, sencillamente, que habían desoído el pedido del gobierno de convalidar los despidos en Télam. Claro que fallar contra el Poder Ejecutivo, en una democracia, no habilita a sancionar a un juez y menos a removerlo de su función. Por eso los abogados de carrera de la gerencia legal de Télam se negaron a poner su firma en esa aventura.

Para esa misión, Télam, más que juristas, necesitaba un campeón de box. Lombardi encontró uno, pero terminó besando la lona.

La semana pr?xima los trabajadores de T?lam cumplir?n un mes de actividades consecutivas frente a la C?mara del Trabajo en reclamo por transparencia judicial.
La semana pr?xima los trabajadores de T?lam cumplir?n un mes de actividades consecutivas frente a la C?mara del Trabajo en reclamo por transparencia judicial.

La rebelión de los jueces

Quienes conocen a la justicia y sus músculos observan con alguna indulgencia a los jueces de la Cámara del Trabajo porque los mensajes de la Casa Rosada para revertir las reincorporaciones de los trabajadores de Télam no fueron meras recomendaciones ni se acotaron a diplomáticas visitas de emisarios a los despachos. Acá el mensaje llegó en un lenguaje que jamás se había oído en los 75 años del fuero. Los jueces no son santos, pero en la justicia laboral tampoco se operaba con la retórica del hampa. Menos con la de los servicios de inteligencia.

De a poco, se construyó la salida. Y en andurrial del conflicto premió a aquellos camaristas que no mostraron inflexión alguna, a los que defendieron al derecho y, bien mirado, también, a los que se defendieron a ellos mismos. Hubo un sentido de preservación, si se quiere, corporativo.

El cascabel al gato lo comenzaron a enlazar Enrique Arias Gisbert y Miguel Rodríguez Brunengo que, con los guiños de sus pares, ratificaron esta semana 68 despidos en cinco de los nueve expedientes judiciales pendientes de los trabajadores de Télam. Beatriz Ferdman, recién elegida camarista (fue designada por el presidente Macri en su segundo intento por acceder a la Cámara: lo había intentado en forma fallida en 2012 cuando tuvo un encontronazo con Héctor Recalde, uno de los jurados del concurso), dejó su voto negativo.

La sentencia mostró a Arias Gibert con renovados bríos y ya en Ginebra, durante la Conferencia Anual de la OIT, el titular de la Sala V había dado señales a quien se lo cruzara de que estaba dispuesto a atravesar la tormenta. El fin de sus vacilaciones impactó en los camaristas de las Salas III y IV, que deben resolver –todavía- si rechazan la jurisdicción y devuelven sus expedientes a la Sala V (lo que redundará en más reinstalaciones) o si reman contra la corriente y resuelven ellas mismas.

En la Sala VIII, el presidente de la Cámara, Luis Catardo, tuvo que dirimir el viernes un desacuerdo de sus colegas y finalmente empujó el expediente que le habían derivado y lo remitió, de nuevo, hacia el despacho de Arias Gibert. Ese gesto fue atendido y entendido por quienes todavía no se jugaron por una decisión.

¿Cuál es el retardo? En la Sala III se esperó el retorno a Buenos Aires de Cañal (también pasó por Suiza), una figura que, aun heterodoxa para el clisé de los jueces del trabajo, suma miradas hacia un nuevo mapa político de ese cuerpo. Cañal fue acaso la voz más áspera y beligerante para condenar, internamente, el proceder de la Cámara en la causa Télam. Cuando en febrero se comenzó a aplicar retroactivamente un reglamento que afectaba el curso de los expedientes, contra la elemental interpretación del Código Civil, tuvo una encendida posición en pos de que se hiciera una aclaración pública sobre lo actuado. Porque, aunque debiera ser obvio que un reglamento no se puede aplicar para atrás -dijo-, lo “obvio no fue tan obvio para los jueces” si se observa cómo se comportaron. El zafarrancho era tal que trató a algunos de sus pares como alumnos primerizos.

Aquellos ánimos caldeados ya bajaron y, de hecho, todos finalmente enfundaron las armas y votaron por unanimidad la posición de la camarista. Ahora, puertas adentro de su sala, Cañal tendrá que conciliar un pronunciamiento con Alejandro Peruggini y Miguel Omar Pérez, habitualmente de posiciones menos enjundiosas.

En la Sala IV -que tiene el otro expediente pendiente- manda Héctor Guisado, que las vivió todas en el fuero del Trabajo (ingresó al poder judicial en 1977) y mide el tiempo para cambiar sus cartas. En su momento pareció jugar a fondo en un sentido y ahora estudia el movimiento para que su aterrizaje en una pista inesperada no sufra turbulencias. Esas destrezas despiertan admiración en la familia judicial.

Una prosecretaria de sala observó el mapa y vaticinó que no hay otra posibilidad. ¿Si los trabajadores de Télam sostuvieron 119 días de huelga a pesar del descuento de los salarios, si llevan más de un mes soportando el invierno en la puerta de la Cámara del Trabajo, quién los va a desalojar si no se resuelve el entuerto?

Hay una certeza: el 22 de julio comienza la feria judicial y, tras el receso, sería inadmisible el mismo paisaje de protestas en la puerta, que ofende a más de algún distinguido miembro del Poder Judicial.

Alberto Fern?ndez, precandidato presidencial, se solidariz? con los trabajadores de T?lam. En la foto, Emiliano Buonanotte y Ariel Bargach, delegados de la la agencia.
Alberto Fern?ndez, precandidato presidencial, se solidariz? con los trabajadores de T?lam. En la foto, Emiliano Buonanotte y Ariel Bargach, delegados de la la agencia.

Errores y excesos

Las sentencias no pueden disipar toda la niebla. Hay aspectos del conflicto que son territorio exclusivo de la política.

Hay 242 acciones de fondo de trabajadores despedidos de Télam que se tramitan ante Juzgados de primera instancia. Entre los testigos aparecen diputados, senadores y celebridades del periodismo televisivo. Nadie imagina tolerable una secuencia infinita de videos y entrevistas a la salida de cada juzgado replicando, durante tres o cuatro años, todas las semanas, los estertores de un conflicto cuyo trazo central debería definirse, si imperase el sentido común, en estos días. Ese cierre, todavía sin boceto, se imagina con algún interlocutor del próximo gobierno que diseñe un esquema de conciliaciones y desistimientos en masa. El conflicto eterno no le sirve a ninguna trinchera política.

Pero no hay rosa sin espinas. Aquella idea podría clausurar el conflicto judicial-sindical, pero jamás el económico. El abogado Juan José Etala, a pesar de sus altos honorarios y su trabajado prestigio como director de la revista jurídica de la editorial Thomson Reuters (la sucedánea de “La Ley” para los nostálgicos del fuero), calculo mal las indemnizaciones de 147 despedidos y, entonces, hasta los trabajadores de Télam que no tienen interés en regresar a sus puestos de trabajo iniciaron un litigio por diferencias indemnizatorias. Otro foco de litigio a futuro son los aumentos salariales selectivos, exclusivos para los empleados leales al gobierno.

El resultado es insólito: hay más litigios en curso que trabajadores despedidos. Un monumental caso de mala praxis en el asesoramiento jurídico patronal.

En la revista de Etala suele escribir el abogado Pablo Devoto, a su vez jerarca del diario La Nación que, cuestiones ideológicas al margen, conoce a fondo la letra del Estatuto del Periodista.

Pero Etala, como hacía Alicia en la novela surrealista de Lewis Carroll, da buenos consejos pero rara vez los sigue.

Cartógrafos del porvenir

El conflicto de Télam dejó un surco profundo en la agencia y también otro la Justicia del Trabajo. El precandidato presidencial Alberto Fernández –que en su tiempo de Jefe de Gabinete, de alguna forma, condujo los destinos de Télam- recibió una copia del proyecto de ley “Télam: una agencia pública no gubernamental con control parlamentario”, redactado por los abogados de los trabajadores de la agencia. El modelo, que lleva a la tradición latinoamericana un modelo de servicio público de fuente internacional, a simple vista aparece por fuera del canon de la política de medios del peronismo clásico, pero –ahora- puede conciliarse con el tiempo político que viene. Fernández sabe que el despropósito de Hernán Lombardi le deja la pelota servida para anotar un gol. En un tiempo económico que se asegura estrecho, un logro simbólico en Télam puede convertirse en un páramo y ayudar a construir un nuevo discurso que se acomode al sentimiento ecuménico que trabaja en su campaña. El proyecto tiene 28 firmas de diputados, de los bloques más diversos, y hoy está en el escritorio de un abogado de linaje académico, ajeno al territorio político pero próximo al candidato.

Fernández escucha a muchos que han pasado por la redacción de Télam y, entre ellos, recibe informes de Armando Vidal, memorable periodista parlamentario que jerarquizaba las páginas de Clarín junto a otra pluma de prosapia peronista, Carlos Eichelbaum. Vaya contraste el de aquellos cronistas de robustas convicciones con los periodistas parlamentarios que hoy tiene Télam, que en el conflicto jugaron con la patronal y ahora pedalean en el vacío.

Pero el conflicto de Télam también movió las piezas internas en el fuero del trabajo. El mapa electoral y la futura presidencia de la Cámara en cabeza de Diana Cañal, una abogada que también es doctora en filosofía y que quiebra en sus sentencias el tono monocorde de fallos judiciales torpemente armados con el copy/paste de la computadora, insinúan un nuevo tiempo. Aspira a irradiar, desde su lugar y aun indirectamente (ya que no tendrá potestades formales obre ello), una nueva impronta en temas espinosos: discriminación, responsabilidad personal de los directivos de las personas jurídicas en casos de fraude a la ley, género, reafirmación de la competencia laboral en causas laborales que comprendan al Estado... un programa extraordinariamente ambicioso que exige una solución prolija para el expediente más trascendente del año del fuero del trabajo.

Pero esas proyecciones hoy escapan a los trabajadores de Télam, que manejan otras urgencias. Les quedan dos tandas de expedientes por resolver y, hasta tanto, habrá vigilia y el acampe en la puerta de la Cámara del Trabajo.

Ya lo dijo Perón: los hombres son buenos pero vigilados son mejores. Y, en este tiempo, incluso para el macrismo, se ratifica aquel apotegma que el viejo general lanzó en una entrevista en el exilio: peronistas somos todos.