La pobreza tiene cara de mujer
La pobreza tiene cara de mujer
El campo situado de las relaciones laborales, las dinámicas de las mismas, pero ante todo los resultados en términos económicos y simbólicos que arrojan al conjunto de la sociedad, son imprescindibles de analizar bajo contextos económicos tan infames como éste. Básicamente porque en épocas de crisis se recrudecen todos los métodos de disciplinamiento social y se ajusta el sistema de privilegios que siempre subyuga a los mismos.
 
Pensaba hoy que según el INDEC la canasta básica de un -hogar tipo- (otro día discutimos sobre -hogares tipo-) se instaló en $12500. Eso significa que una familia necesitó ese dinero para no considerarse indigente. Ese dinero es lo que le permite ingerir la cantidad de calorías mínimas para poder vivir y no morir de hambre. Mientras que la línea de pobreza se trazó en $31.150.
 
¿Cuantas travestis, cuantas negras, cuantas villeras hoy pueden considerarse no-pobres? ¿Por qué será que son siempre los mismos cuerpos los destinados a trabajos precarios, forzados, invisibilizados o a tareas que con el mote de “amor” o “cuidados” jamás son monetarizados, y si lo son, con la tarifa más baja del mercado?
 
La pobreza está feminizada, tiene cara de mujer, de lesbiana, de travesti. La naturaleza de los trabajos que “nos son asignados” cuando no se nos manda a ser “amas de casa” son siempre aquellos que no implican un lugar central en la toma de decisiones y recibe el nombre de segregación horizontal. 
 
Según la OIT (Organización internacional del Trabajo) son procesos cuantificables en simples estadísticas. En Argentina por ejemplo solo 2 de cada 10 empresas tienen CEOs mujeres.  
 
Si tenemos en cuenta que el 60% de las egresadas de las universidades nacionales son mujeres es inexplicable que en más de un cuarto de todas las empresas argentinas las mujeres no lleguen ni a ser el 30% total de los empleados. 
 
A menudo usamos términos como “techo de cristal” o “brecha salarial” intentado explicar lo que lisa y llanamente es discriminación cristalizada, estatizada, legalizada. La misoginia se expresa en el sistema laboral no sólo en términos abstractos o académicos, sino que aquello que da cuenta de esta problemática son como siempre las cifras alarmantes que aparecen en escena cada vez que se realiza una encuesta del campo.
 
Podemos agregar por ejemplo que los puestos de dirección están ocupados en relación de 3 a 1. Es decir apenas un 30% de los cargos están ocupados por mujeres ¿Cómo se explica este fenómeno con los números sobre la mesa? ¿Por azar, por meritocracia o por “capacitismo”? 
 
De hecho la OIT incluso utiliza el término “brecha salarial no explicada” para reflejar las diferencias salariales que no pueden ser explicadas por variables observables y objetivas; es decir es la parte de la brecha salarial que se asocia directamente a la discriminación. 
 
El panorama es tremendo si le sumamos un contexto expulsivo. La independencia económica es muchas veces la única barrera que permite deshacerte de relaciones violentas y la única herramienta que lo garantiza es el trabajo. Necesitamos dimensionar incluso en esta esfera lo profundo que cala la misoginia y la perversión de sistemas que en connivencia no dejan cabo suelto: patriarcado y capitalismo.
 
En la Argentina de Macri se destruyeron más de 290 mil puestos de trabajo reduciendo drásticamente las posibilidades de acceso. Se cerraron programas para compañeras que capacitaban en oficios y tendían redes territoriales como el “Ellas hacen”. Se patea indefinidamente la reglamentación de la Ley de Cupo laboral trans en las pocas jurisdicciones en las que fue aprobada. 
 
El “feminista menos pensado”, Mauricio Macri según Fabiana Túnez,  resulta entonces uno de los más perversos ejecutores de un gobierno determinado a exterminarnos. Y es por eso justamente que en octubre debemos, como feministas, dar aquel batacazo incuestionable que regrese a la empresa a los buitres del pueblo y al gobierno a quienes sabemos y tenemos vocación para. En octubre nos debemos un gobierno feminista.
 
Andrea Conde es legisladora porteña y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.