La necesidad patriarcal de explicar
La necesidad patriarcal de explicar
Hay un término que se hizo muy famoso este último tiempo, en inglés, se llama “mansplaining”, pero bueno, podemos castellanizarlo porque evidentemente en todos los idiomas ocurre el mismo suceso, no importa de qué parte del mundo sea.
 
Digámosle por ejemplo ‘machoexplicación’, cuya traducción sería algo así como “hombres explicando cosas”. Más bien sería como “esa necesidad ontológica que tienen los varones, por más compañeros que sean, de todo el tiempo venir a explicarnos a las mujeres cómo funciona el mundo sin que se los pidamos”. 
 
Puede parecer simpático al principio, o incluso gracioso, pero cuando la reiteración es tanta y tan constante se vuelve un fenómeno digno de analizar sociológicamente. 
 
Si a esto le sumamos y yuxtaponemos otras variables, como por ejemplo que en la mayoría de las instancias de socialización el uso de la palabra en los espacios públicos no es equitativa jamás, o que, cultural y simbólicamente, entender que en el rol de “explicar cosas” es donde se concentra la figura de “quién tiene la razón” o el saber, quién históricamente pudo ingresar a las universidades, ejercer sus derechos políticos e incluso quiénes siempre tuvieron la libertad de circular en las calles en detrimento de las mujeres, ahí es donde se complejiza la simpatía.
 
A veces pequeños gestos cotidianos expresan y cristalizan maneras de pensar el mundo. Así como aquello que antes era un “piropo”, hoy lo podemos dimensionar como acoso, también el ‘mansplaining’ o machoxplicación obra en las subjetividades de los unos y de las otras.
 
La imposición de formas de pensar, la subestimación por default, el considerar que siempre lo que uno tiene para decir es más importante, la suposición de base de que la mujer es el sexo débil y por lo tanto siempre necesita ayuda, todo absolutamente todo construye o reproduce la micropolítica del patriarcado.
 
El paternalismo y menosprecio son algunos de los componentes principales y las consecuencias son tangibles y elocuentes. Rebecca Solnit estudia el concepto y sus consecuencias que como resultado de esta “machoxplicación” tiene que las opiniones emitidas por una mujer (sea del público general como profesionales o expertas en algún área) son sistemáticamente infravaloradas o necesitadas del respaldo de un varón para ser validadas.
 
Este hecho es un síntoma de un comportamiento muy extendido que disuade a las mujeres de manifestarse públicamente o de ser escuchadas cuando se atreven a hacerlo; este comportamiento condena a las jóvenes al silencio ya que concluyen que éste no es su mundo. Nos acostumbra al cuestionamiento y la limitación a la vez que fomenta el exceso de injustificada confianza masculina.
 
Aquello que nos llama o nos condena al silencio nunca es síntoma de salud. Nunca es síntoma de libertad ni de igualdad. Lo que hacemos día a día nos construye social e individualmente. Nos gastamos diciendo que lo personal es político pero pocas veces podemos dimensionar hasta qué punto es así. Desde algo tan íntimo como esa barrera interna que te no te deja hablar en público porque te da vergüenza hasta cuanto sentís que vale tu opinión. Todo, todo eso es político. Las cosas por suerte tienen nombre, y nombrándolas las podemos combatir. 
 
 
Andrea Conde es legisladora porteña y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.