Otra salud es posible
Otra salud es posible
El modelo médico hegemónico actual gira en torno a las singularidades, al individuo, y nos propone un ciclo: diagnóstico, enfermedad, tratamiento y, si es posible, curación. Se propone al hospital como el lugar donde encontrar todas las respuestas y a los medicamentos como la solución a todos nuestros problemas. 
 
Pero aunque el principal mérito de este modelo es haber creado estándares de pensamiento que acreditan o desacreditan nuestras ideas y esfuerzos, la salud es otra cosa de la que nos han vendido.
 
Para empezar quizás sea necesario proponer un nuevo ciclo para la salud, uno que en lugar de comenzar por la enfermedad comience efectivamente por la salud, que piense en el cuidado antes que en la curación, un modelo sanitario activo en la reproducción del bien común y la vitalidad de su población en lugar de uno reactivo a sus problemas.
 
Esto implica pensar a la salud de manera integral, no solo en su dimensión biológica, sino también social, económica, cultural e histórica. Implica pensar que la centralidad de la salud está en el barrio, el trabajo, el medio ambiente, los espacios públicos, en la comunidad. 
 
Se vuelve necesario ponerle nombre y apellido a nuestros horizontes. La  Atención Primaria de la salud es una estrategia pensada para impulsar servicios de salud con mayor integración comunitaria, para favorecer la accesibilidad, prevención,  promoción, y participación ciudadana. Esta perspectiva que busca trabajar donde se desarrolla la vida y sus conflictos nos permite dimensionar, planificar y accionar sobre todas las situaciones  que condicionan la salud.
 

La perspectiva mercantil

 
En la actual gestión del PRO en el gobierno, al igual que todo lo que ha desarrollado en la Ciudad de Buenos Aires, la perspectiva de derecho fue perdiendo lugar en función de la perspectiva meritocrática y mercantil de la salud. El presupuesto destinado a salud pasó del 23% del total en 2007 al 15% para este 2019. El Estado perdió así fuerza en su capacidad de sostener la infraestructura hospitalaria heredada y sucedió un acelerado proceso de estancamiento y atraso respecto a las nuevas demandas en salud. 
 
La inequidad en salud, la imposibilidad de que amplios sectores sociales puedan acceder a un sistema integrado y de calidad, siempre debe entenderse en contexto: la Ciudad de Buenos Aires cuenta con un presupuesto de 340 mil millones de pesos, el más alto per cápita de la Argentina. Es inaceptable entonces que la mortalidad infantil del sur duplique a las comunas del norte dejando en evidencia muertes evitables de pibes y pibas que son condenados solo por nacer de un lado o del otro de la Avenida Rivadavia.
 
Es inaceptable entonces que enfermedades como la tuberculosis y la sífilis vuelvan a cobrar protagonismo, marcadoras de una ciudad en grave deterioro sanitario. Es inaceptable que tras 20 años de que no suceda volvamos a tener casos autóctonos de sarampión en la ciudad. 
 
Más allá de la discusión sobre la infraestructura hospitalaria que ya está puesta sobre la mesa entendemos que la posibilidad de construir un sistema de salud accesible, integrado y de calidad se basa en desarrollar un primer nivel de atención, de expandir los centros de salud, sus equipos y recursos.
 
La Ciudad cuenta con 43 Centros de Salud y Acción Comunitaria (CeSAC) para una población de 2.890.151 habitantes. Hay un centro de salud cada 67 mil personas, lo cual indica una complejidad objetiva en la accesibilidad, más allá de su distancia con algunos estándares internacionales que promueven un centro de salud cada 20 mil personas.
 
Además, dentro de estos 43 centros hay muchos de ellos con graves condiciones edilicias. El CeSAC 8 de barracas no solo se inunda con las lluvias, sino también con las propias napas que se filtran por los pisos. El CeSAC 14 se incendió hace un año, su equipo de salud trabaja en un container.
 
El CeSAC 32 de Charrúa tiene su dirección en un pasillo y espacios reducidos para la atención. El barrio de Boedo no tiene ningún centro de salud. Estas situaciones son reflejo de una política de estado que no favorece el Primer Nivel de Atención, que concentra el 90% de la demanda en salud en los hospitales y hace de la inaccesibilidad un elemento para favorecer  al sistema de privado. 
 

Otro paradigma

 
Desde la Escuela Popular de Salud Comunitaria entendemos que la tarea es recentralizar al estado como garante del derecho a la salud, con políticas que fortalezcan el Primer nivel de Atención y tiendan a reterritorializar al estado. En función de esta perspectiva es que lanzamos la formación de Promotores sociocomunitarios.
 
Promotores sociocomunitarios  con una mirada integral, conectado a la población con sus servicios de salud, generando redes y  organización comunitaria en torno a los principales conflictos que limitan la vida; desarrollando acciones de prevención y promoción que eleven el conocimiento para el cuidado tanto individual como colectivo de la salud. 
 
Entendemos que para fortalecer los centros de salud y sus equipos básicos, necesitamos jerarquizar la figura de les promotores - la Ciudad de Buenos Aires no tiene una ley de promotores- constituyéndoles como una pieza clave sobre la cual articular todas las intervenciones de los servicios de salud. Para esto no solo es necesario fortalecer las experiencias de formación, sino también su marco legal y económico. 
 
La Escuela de Salud Comunitaria abre sus puertas el miércoles 16 de octubre, 18 horas, en la Casa de la Cultura de la Villa 21 24. 
 
*Matias Gallastegui es médico generalista, militante de El Hormiguero y coordinador de la Escuela de Salud Comunitaria.