Economía

La Unión de Trabajadores de la Tierra pide que el próximo gobierno cree un Ministerio de Alimentación

A raíz de la grave situación que viven muchos sectores sociales, el coordinador general de la UTT, Nahuel Levaggi, propuso establecer una entidad que abarque desde la producción hasta el consumo de alimentos.

El 18 de septiembre, tras una fuerte presión social, la Cámara de Senadores del Congreso de la Nación aprobó una prórroga de la Ley de Emergencia Alimentaria –dispuesta por decreto en 2002- hasta el fin de 2022. La norma, a su vez, estableció un incremento del 50% en la inversión de programas de alimentación y nutrición. Sin embargo, algunos sectores creen que hay que ir más lejos y, junto con el cambio de modelo económico, pidieron la creación de un Ministerio de Alimentación.

“La alimentación, como la salud o el trabajo, es una necesidad básica de toda la población, no importa la clase social a la que pertenezcas”, sostuvo Nahuel Levaggi, coordinador general de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), una organización de familias pequeño productoras y campesinas con presencia en 15 provincias, cuyo modelo plantea la producción libre de agrotóxicos, de trabajo explotado y de multinacionales.

De esa manera, sositenen que el Estado debe asumir la prioridad de repensar la matriz productiva, desde la producción hasta la distribución de los alimentos, como un plan estratégico.

En la Argentina existen siete grandes cadenas de supermercados que controlan el grueso de la venta de alimentos. De ellas, seis tienen un origen extranjero. A su vez, hay alrededor de 50 millones de hectáreas destinadas a la producción de soja para exportación, con uso intensivo de productos químicos. Y hay, además, un tercio de la población por debajo de la línea de pobreza (la mitad de los niños y las niñas del país son pobres).

“Las políticas públicas actuales son parciales: se controlan los alimentos desde una perspectiva de salud, se hacen acuerdos de precios (con las corporaciones que controlan la producción y la distribución) y, por otro lado, se atiende el hambre de los sectores más pobres distribuyendo bolsones de comida de baja calidad nutricional”, especificó Levaggi.

En ese sentido, consideró que el Estado, a través de un Ministerio de la Alimentación, debe tomar decisiones sobre qué alimentos requieren producción, qué necesita comer la población y a qué precio llegan los alimentos: “cuando ponemos la alimentación en agenda, estamos pensando en una alimentación sana, justa y soberana para el pueblo”, puntualizó y agregó que “aunque parezcan asuntos distintos, el hambre del pueblo es un hecho inseparable de un esquema productivo en el que se prioriza la concentración de la riqueza en pocas manos y la exportación de materias primas producidas en los campos que podrían dar de comer a toda la sociedad”.

En ese sentido, la UTT ha puesto en práctica soluciones en los distintos eslabones de la cadena productiva de alimentos, desde la producción hasta la comercialización por fuera de los canales tradicionales.

“Es necesario, primero, democratizar la matriz productiva que ahora está profundamente concentrada. ¿Qué rol cumple hoy el Ministerio de Agroindustria? Favorecer el agronegocio. En todo caso, organizar la producción de materias primas desde una perspectiva comercial, pero no hay una preocupación por los alimentos. Es mentira que Argentina produce alimentos para dar de comer a millones de personas: lo que produce Argentina son materias primas para exportación”, recalcó.

La propuesta en detalle

Una de las funciones de la cartera propuesta es la promoción de alimentos sanos a precio justo. Eso incluye el fomento apequeños productores y el incentivo en todos los niveles de la cadena. En ese sentido, Levaggi consideró imprescindible la existencia de una instancia estatal que garantice que se cumpla, por ejemplo, con programas de promoción de la agroecología.

Otro aspecto central es la democratización del mercado de distribución y comercialización: “hoy, todo el mercado de alimentos está manejado por grandes corporaciones, desde la producción de la materia prima hasta la comercialización”, detalló.

Ese aspecto se observa con claridad “en la producción de semillas y agrotóxicos, que son el corazón de la agroindustria”. A su vez, el vocero de la UTT explicó que ese mecanismo también se observa en las industrias agroalimentarias, como las carnes y los lácteos. La concentración en pocas manos se profundizó con los años y “la intervención del Gobierno fue, a lo sumo, acordar con algunas de estas grandes empresas para tener un control de precios”. Por eso, consideró que se debe hacer “borrón y cuenta nueva” y que el Estado debería priorizar la dieta que necesitan sus 40 millones de habitantes para estar bien alimentados: medio kilo de frutas y verduras por día, dos tazas de leche y 200 gramos de carne, entre los principales artículos nutricionales.

Desde esa perspectiva, el Estado también debe velar por cómo se producen esos alimentos, quién los produce y a qué precio se venden para que sean accesibles.

“Hasta ahora, hubo acuerdos sectorizados que atienden reivindicaciones corporativas, sin mirar a la alimentación como un asunto estratégico general. En la Argentina nunca hubo una política pública que atienda la alimentación en todas sus dimensiones”, sostuvo.

Parte del planteo de la UTT está relacionado con pensar el mercado a una escala más pequeña. En ese sentido, pidieron garantizar que haya tambos cerca de cada zona urbana y que esos tambos puedan procesar su leche y transitar, por ejemplo, 50 kilómetros hasta que sea consumida. Lo mismo tendría que pasar con la verdura y con la carne, concluyeron, para democratizar la producción y la comercialización, y bajar los precios.

“Si se fomentan los mercados de proximidad, agroindustrias locales y producciones locales, se construye una comunidad de arraigo en cada uno de los territorios, donde el productor y la industria generan empleo”, expuso.

Ese planteo, consideró, además de mirarlo desde la macroeconomía del país debe ser pensado “desde abajo, en los territorios, con una mirada puesta en las comunidades y la producción”. Así, una solución posible son las colonias agrícolas, que permiten cooperativizar puntos críticos de la producción. Eso se debe a que cada colonia tiene su propia maquinaria, su galpón de empaque y ahí se toman decisiones colectivas sobre la producción.

No se trata de un modelo imaginario. Desde la UTT han impulsado varias colonias, generando trabajo digno para las familias productoras y alimentos sanos a precios accesibles, que se comercializan en las mismas colonias, en los almacenes de la organización o a través de nodos autogestionados, entre otros mecanismos.

“Si ponés una colonia agrícola al lado de un pueblo, esa colonia va a producir verduras sanas, va a tener su tambo, un criadero de pollos y de huevos, un criadero de chanchos, podés impulsar también que haya un frigorífico municipal. Ahí la leche y la carne van a salir la mitad y todos los vecinos van a ir a comprar a ese precio. Estás generando trabajo, arraigo y también una mejora para el conjunto de la población”, adelantó Levaggi y recordó el país necesita una alimentación sana, justa y soberana: “con pequeños pasos incentivados desde el Estado, sin necesidad de un paquete de medidas radicales, se puede avanzar un montón”, consideró.

Por último, mencionó que “uno de los problemas que va a enfrentar el próximo gobierno es cómo va a comer la gente, porque no hay plata en los bolsillos de las personas”. Por eso, anticipó que acordar con algunas corporaciones el precio de una cantidad de productos durante un tiempo no será suficiente para solucionar el problema alimenticio: “ahí caés, otra vez, en el problema de la concentración; hay que lograr democratizar la matriz productiva, ir al fondo de la cuestión”.

El último de los aspectos propuestos fue la generación de mercados integrales de proximidad: una suerte de mercados concentradores pero que garanticen la distribución de alimentos mediante la compra a los pequeños productores, las pymes y la agricultura familiar. Para eso, sostuvo que se requiere desdolarizar la cadena productiva y comercial, lo cual requiere producir semillas de manera local, en lugar de adquirirlas a las grandes multinacionales como ocurre mayormente.
 

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