Facebook Andrea Conde
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“Parece que se cae el cielo, pero es el patriarcado”, decía una de las primeras imágenes que circuló en las redes el sábado en el 34° Encuentro Nacional de Mujeres. Así arrancó el encuentro con una lluvia torrencial de primavera que no logró frenar ni un poco la alegría, las ganas y la fuerza de las miles de mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y no binaries que nos dimos cita en La Plata y nos repartimos por toda la ciudad para participar de una diversidad de talleres que no dejaba un solo rincón del patriarcado sin cuestionar.

Fue un encuentro histórico por muchas razones, además de haber sido uno de los más convocantes de los últimos años: será el último que se llame Encuentro Nacional de Mujeres porque en el cierre se decidió algo tan importante como cambiar el nombre, para incluir a todas identidades y que nadie se quede sin ser nombrade. Lo sabemos desde hace rato: lo que no se nombra, no existe.

Pero también fue histórico porque fue el último Encuentro con Macri en el gobierno, un Macri que no sólo se dedicó a desfinanciar las políticas de género y que mintió la semana pasada a último momento por Twitter con unas supuestas “medidas extraordinarias” para combatir la violencia de género, sino que también hizo campaña explícita en las últimas semanas a favor de los pañuelos celestes. Difícil no notar la insoportable contradicción: no se puede combatir la violencia de género al mismo tiempo que se levanta la bandera antiabortista que clama por cercenarnos derechos y empujarnos a la clandestinidad.

Tal vez por eso fue que cantando “hay que saltar, hay que saltar, porque en diciembre se va Vidal” o, “Si vos querés”, al ritmo de la cumbia más famosa de Sudor Marika, la marcha se convirtió en un gran grito colectivo que duró decenas de cuadras porque la última resistencia duró cuatro largos años, y sonó a desahogo, a alivio, a esperanza y a justicia porque sabemos que se viene una etapa donde la lucha feminista tendrá la posibilidad de avanzar y las políticas dejarán de ser un cascarón vacío que se agota en la cartelería paga del gobierno, para convertirse en nuevas conquistas que hagan de Argentina un país igualitario y con más derechos para todes.

Y así, como siempre después de la tormenta, el verde de los árboles se ve más intenso, el verde de los pañuelos el domingo brilló al máximo en cada rincón de La Plata, donde 200 mil mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y no binaries marchamos con alegría, poniendo una vez más la lucha colectiva en primer plano, donde siempre tiene que estar.

*Andrea Conde es legisladora porteña y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.