No me voy a olvidar de tu gobierno
No me voy a olvidar de tu gobierno

Podés decir que es nuestra culpa por votar a Alberto. Podés amenazarnos con volverte loco y hacernos mucho daño. Podés llevar el dólar a 65 pesos en menos de 24 horas y ponernos un cepo. Pero no podés hacer que nos olvidemos de tu gobierno.

No me voy a olvidar de Patricia Bullrich, la representante rediviva de la conquista del desierto, ocupando el Ministerio de Seguridad (porque ese sí siguió siendo ministerio), persiguiendo a los mapuches y condecorando la violencia Chocobar. Se va con las manos llenas de sangre. De la sangre de Santiago. De la sangre de los 40 gendarmes que murieron en un accidente en una ruta en Jujuy en la que no habrían estado si no los hubiera mandado a reprimir. De la sangre de un hombre muerto de una patada en el pecho por su policía maldita. También se va con las manos llenas de mugre. De la mugre que descubrió el juez Ramos Padilla, de la mugre de la red de espionaje y extorsión de la que fue parte. De ser una de las últimas personas en hablar con Nisman.

No me voy a olvidar de su primo Esteban Bullrich, el adorador de los fetos ingenieros, que fue capaz de darles voz en un poema pero fue incapaz de escuchar las voces de millones de mujeres que reclaman que el aborto sea legal para que, entre otras cosas, dejen de morirse.

No me voy a olvidar de Oscar Aguad, enchastrado de la sangre de nuestros marinos del ARA San Juan, que todavía no tienen respuesta al hundimiento del submarino. Responsable, antes, del desmembramiento de una de las leyes más democráticas de nuestra corta historia, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Entregador de nuestros recursos, desmanteló todas las regulaciones en materia de telecomunicaciones para el favor de los poderosos y envió al silencio a cientos de medios y periodistas, con ayuda del vaciador profesional Hernán Lombardi, ese que además no tiene ningún empacho en declarar que su gobierno le metió la mano en el bolsillo a la gente.

No me voy a olvidar de Gerardo Morales y su crueldad, aunque tenga que seguirle viendo la cara porque así lo decidieron los jujeños. No me voy a olvidar de la innecesaria y dolorosa destrucción de la obra de la Tupac en Jujuy, una obra que ningún gobierno provincial ha sido capaz de igualar nunca. Perpetrador de la pobreza, no me voy a olvidar de esas piletas destruidas que eran la felicidad de los pibes olvidados en verano. Ni de la prisión y las torturas a las que se sometió a Milagro Sala y muchas mujeres de la Tupac, las responsables de esa felicidad arrancada.

No me voy a olvidar de María Eugenia Vidal, de su hipocresía, de las zapatillas blancas, de su sincericidio cuando dijo que para qué abrir universidades por todos lados si sabemos que los pobres no llegan a la universidad, mientras las escuelas se le caían a pedazos y se llevaron a Sandra y a Rubén.

Y menos que menos me voy a olvidar de vos, Mauricio Macri, que llegaste con un dólar a menos de 10 y te vas con un dólar a 65, un cepo cambiario, una inflación de más del 50% y una lista interminable de mentiras que empobreció a todos menos a tus amigos. Y no me voy a olvidar porque ése fue siempre tu plan. Un plan clasista y de saqueo del Estado al que llamar “neoliberal” suena demasiado suave, demasiado aséptico. Un plan que espero que nunca más tengas la oportunidad de aplicar en nuestro empobrecido país.

*Yanina Chiafitella es licenciada en Ciencias de la Comunicación, periodista y columnista en AM750