Ahora que está de moda, ahora que sí nos ven
Ahora que está de moda, ahora que sí nos ven

“Nosotros no somos hijos del marketing. Nosotros somos hijos de la militancia política”, decía Alberto hace unos días en el Centro Cultural de la Cooperación. Este domingo fue el Día de la Militancia y, en medio de una coyuntura latinoamericana compleja como la que tenemos, se vuelve imperioso poner en valor toda la tradición militante que hoy nos permite garantizar aquello por lo que tantxs hermanxs dieron su vida: la democracia.

Fechas calendario que aprendimos en los libros o bien sonreímos al recordar. Acompañadas de anécdotas en las que un cambio de paradigma, un arrojo de valentía, un pueblo movilizado marcó la diferencia. Se elige un día, el 17 de noviembre, porque fue la fecha en la que Juan Domingo Perón volvía a la Argentina después de 18 años de exilio tras la “Revolución Libertadora”.

Rucci levanta con orgullo un paraguas negro, disparando entre su típico bigote una sonrisa eufórica mientras Perón detrás saluda con su tan conocido gesto. Abrazados. Respondiendo con realidad efectiva a la amenaza del en ese momento presidente de facto, Lanusse, que había dicho públicamente: “A Perón no le da el cuero para volver”.

Son los símbolos que disputamos, mediante los cuales entendemos el mundo, los que nos permiten imaginar y construir otra realidad posible. Son los lugares a donde sabemos que -nunca más- queremos volver, son los trazos de nuestra historia, los jirones de la vida de militantes enormes que hoy nos construyen el piso que nos distancia de otras realidades latinoamericanas como Chile o Bolivia.

Las madres y abuelas de Plaza de Mayo, les estudiantes organizades para pedir boleto estudiantil en la Noche de los Lápices, las cooperativas de trabajadores que al norte levantaron barrios enteros y fundaron los “cantris de los villeros” devolviendo dignidad a un pueblo olvidado, el 17 de octubre de aquel subsuelo de la patria sublevado con la lealtad como bandera, un 9 de diciembre despidiendo con el corazón en la mano a nuestra mejor gobernante, los Comodoro Py bajo la lluvia para decir “acá estamos” y el millón de pibas que ingresan a la política agitando un pañuelo verde en cada plaza. En la misma esencia de la sociedad argentina hay un gen de lucha por aquello que creemos justo, por aquello que no estamos dispuestes a que se nos arrebate.

Los últimos cuatro años fueron una clara expresión de madurez política y una tarea militante cotidiana la de sostener día a día una red que no deje a nadie afuera, que lleguen los platos de comida, que lleguen lxs chicxs a las escuelas. El repliegue necesario y la decisión de ante todo sostener la democracia por respeto a nuestra historia. Los últimos cuatro años también se agrietaron las viejas formas de la política para dar a luz nuevas narrativas, discursividades y sujetos (sobre todo sujetas) políticxs.

Hoy en día las formas en las que se expresan nuestras luchas cobran especial relevancia. Aparece el feminismo como emergente y propone un nuevo pacto social. Eleva la escala de valores poniendo en juego una igualdad más real que nominal, con el viejo método de realidad efectiva, incluye y levanta barreras y ante todo, representa un nuevo paradigma.

Con su propia historia, su propia lógica vuelve a llenar las calles de mística y enamora sujetes para que se incorporen y revitalicen el terreno que supimos arar a lo largo de nuestra historia. Será el que hoy construyamos el piso de igualdad de luchas futuras.

Somos orgulloses hijes de lucha y victoria popular. Feliz día.

* Andrea Conde es legisladora porteña y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud