Política

Volvimos para ser mujeres

Andrea Conde

La llegada de Alberto Fernández a la presidencia plantea la posibilidad de cambios en un mundo de sentid común forzadamente binario. 

@alferdez
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Un fallido de Alberto que ya es remera, quizás porque resume de manera sintética la esperanza de una patria más justa. De una política más sólida. Lejos del ser mujer es ser mejor, siempre del lado franca y abiertamente opuesto al biologicismo, lo que retomo es la metáfora de volvimos, y vamos a ocupar en la historia el lugar de un gobierno que al fin es para les oprimides y no parte del establishment. Establishment que no solo es económico, sino también heterosexual, cis, blanco, por lo general hombre, y muchas veces puede estar encarnado en el “compañero”.

“No se nace mujer, se llega a serlo”, decía a principio de siglo Simone de Beauvoir. La lógica binaria por lo general tiende a empobrecer cualquier tipo de producción de sentido pero lo que no podemos negar es que vivimos en una sociedad que desde Aristóteles en adelante ve al mundo partido en dos como opuestos complementarios: buenos y malos, blancos y negros, hombre y mujer, día y noche, civilización o barbarie, ricos y pobres, amos y esclavos, opresores y oprimidos. Los primeros hacen relación al orden “moral”, los segundos al orden “natural, y estos últimos pares al orden “económico”.

Es decir, la naturaleza y la moralidad patriarcal desde hace más de cinco mil años se organizan (o sea crean su relato) sobre la base de la economía: sin opresores no hay oprimidos, sin amos no hay esclavos y sin ricos no hay pobres. Oh casualidad siempre los pobres, los oprimidos y los esclavos han sido y son ante todo mujeres, peor si son negras, y cuanto menos obedientes más “locas y quilomberas” son, como Eva en el pecado original.

Si hiciéramos dos columnas nos quedaría clarísimo de qué lado quedamos. Cuantas más atribuciones tenés de la misma columna más se reafirman los privilegios que encarnas o las opresiones a las que te someten.

Cada 27 horas una mujer lesbiana o travesti muerta constituye un genocidio. La violencia simbólica, política, física, económica, doméstica, verbal que se ejecuta una y otra vez contra nosotres también es parte y da cuenta del plan sistemático de disciplinamiento. El trabajo no pago habla de explotación milenaria. Y el morbo que se descarga sobre nuestros cuerpos, de abyección. Por lo tanto, existir con algún rasgo de feminidad, sea mujer o cualquier otra identidad no hegemónica, implica resistencia.

Las que pararon las ollas en los barrios, las que hicieron el primer paro a Macri, las que sostienen desde la ternura el cotidiano con la premisa de que nadie se quede afuera. Las que se plantaron al abusador. Las primeras en decir “Nunca Más” y “Juicio y Castigo”. La que tomó y encabezó la jugada política que nos va a sacar de la miseria. Las que tejen todos los días las redes que nos sostuvieron todo este tiempo: mujeres, lesbianas y travestis.

Volver para ser mujer cierra sentido. Volver con un ministerio que pueda centralizar las políticas que necesitamos para que todo sea más justo se vuelve fundamental. Un Estado que por primera vez se diga feminista como declaración de principios contra toda injusticia es necesario para enarbolar bien altas las banderas de la justicia social que tenemos tatuadas en el corazón. Que la ministra de la igualdad haya sido quien defendió durante años a una presa política coya, negra, pobre y peronista del lawfare macrista. Sumado a que en provincia de Buenos Aires la ministra sea una de las compañeras sindicalistas con más larga trayectoria por supuesto habla de volver mejores. De volver con las compañeras al frente para que nadie hable por nosotras, para que seamos quienes podamos diseñar desde el Estado cada derecho que responda a todas y cada una de las necesidades.

Se abre, compañeres, una nueva era en la Argentina, una oportunidad histórica para de una vez por todas extinguir cada flagelo de machismo tanto del Estado como la sociedad. Cuatro años resistimos y al fin llegó la hora de construir esta patria que durante tanto tiempo soñamos.

* Andrea Conde es Legisladora Porteña (MC)
 

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