Pero esta vez no lo hizo contra la realidad política, económica y social que vive la Argentina, la cual (dicho sea de paso) intentan ocultar o deformar. Esta vez la embestida fue contra los propios vendedores de diarios y revistas, más conocidos en estos pagos latinoamericanos como "canillitas". Aunque suene increíble, y poco aconsejable para cualquier empresa sea cual fuera su producción, Clarín decidió enfrentarse a los propios vendedores de diarios y revistas.
Es su propia prepotencia termina encegueciendo frente a los justos y reiterados reclamos de un colectivo de trabajadores que, durante 361 días al año y bajo todas las inclemencias del tiempo, realizan su labor silenciosa y profesionalmente.
¿Cómo te vas a pelear con los tipos que todas las mañanas llevan tus publicaciones a millones de lectores? Se preguntaba sorprendido el máximo responsable de un importante matutino la semana pasada cuando ya se conocía el alto acatamiento que tendría el paro de actividades de los trabajadores canillitas.
Durante seis largos años, desde nuestra organización sindical intentamos explicarle de una y mil maneras, que no se podía seguir pauperizando los ingresos de los vendedores de diarios y revistas. Durante esos seis largos años la respuesta siempre fue la misma, ustedes se imaginan cual.
Nuestra historia gremial marca que los canillitas sufrimos a este grupo editorial incluso desde mucho antes que la sociedad comenzara a vislumbrar los hilos ocultos que tejían con los diferentes gobiernos de turno en busca de agigantar su poder. Desde Papel Prensa hasta la fusión de Multicanal y Cablevisión, más temprano que tarde, los gobernantes terminaban cediendo a la presión del monopolio.
Como un boxeador que practica siempre la misma técnica de golpear y nunca defender, Clarín se acostumbró a imponer, nunca a negociar. Las cosas eran como ellos decían o no eran. Con los años, esa imposición se les transformó en impunidad, y esta última se convirtió en la materia prima de sus negocios millonarios.
Inmunidad jurídica, impunidad política y protección mediática se transformaron en una suerte de paraguas protector donde resguardaban los más oscuros, ilegales y muchas veces sangrientos negocios.
La realidad de hoy es distinta, las cosas cambiaron, y el Grupo Clarín lo sabe, pero en su caja de herramientas no encuentra la solución. Por un lado, no tiene más un gobierno adicto a sus caprichos empresarios, por el otro, se han desgastado tanto frente a la sociedad que sus mismos lectores corren espantados a otras opciones gráficas. Por izquierda o por derecha, nuevos y viejos diarios se reposicionan.
Es por estas cosas y por otras tantas más, que la medida de fuerza de los trabajadores canillitas el pasado sábado y domingo tuvo el éxito que encierran las causas justas. El robo editorial que hizo Clarín durante estos 12 años les terminó reventando en el mismo lugar donde en 2001 decidieron unilateralmente quitarnos el 20% de nuestros ingresos.
Durante este fin de semana, los invisibles nos hicimos visibles, demostrando una vez más que la dignidad está clavada en la memoria de un colectivo de trabajadores que nunca renunció a ella y nunca renunciará. Gracias canillitas, la lucha continúa.