Por: Melisa Miranda Castro - Fotos: Gustavo Pascaner

Su lengua lo antecede en el más amplio sentido de la palabra. Porque por un lado, Fernando Vallejo es un apasionado del comportamiento del lenguaje y, por otro, porque el autor de La puta de Babylonia genera revuelo cada vez que hace uso de ese órgano. Polémico, controversial, provocador, todos adjetivos que le quedan al escritor colombiano, que adoptó la ciudadanía mexicana, que dice que Colombia es como una cruz como la que cargó el Nazareno, pero afirma que es probablemente el lugar donde termine sus días. El hombre que pasó por Buenos Aires invitado por el Festival Internacional de Literatura (FILBA) está entre los autores más leídos de América latina; escribió varios guiones de películas y su novela La virgen de los sicarios fue llevada al cine y adaptada por él. Tanto en sus obras, como en sus declaraciones públicas o entrevistas, no duda en cargar contra las religiones, los políticos y la sobrepoblación mundial.

Fernando Vallejo es un hombre amable, educado y caballero, sostiene la puerta del ascensor, deja pasar primero. Camina despacio, con los hombros un poco hacia adelante. Tiene un tono de voz suave y tranquilo, con un acento colombiano que entona a la manera mexicana. Con esa dulzura que parece emanar, puede llegar a decir las frases más polémicas imaginadas. Pero esa honestidad bruta que lo caracteriza, no la usa porque sí. “Es distinto herir a alguien en la vida cotidiana y herir a alguien cuando uno está hablando en público. En la vida cotidiana uno no tiene derecho a ser grosero con los demás, ni atropellarlo, ni explotarlo, ni abusar de ellos de ninguna forma. Uno tiene que ser respetuoso con los demás, afectuoso si se puede, y educado siempre. No puede ser grosero. Pero si uno habla en público, el micrófono mismo que me están dando a mí, lo tienen para usarlo y a ver dónde está la ofensa”, asegura. Vallejo ama a los animales, tanto que es vegetariano; el monto de dinero que ganó con el Premio Rómulo Gallegos y el Premio FIL (Premio Feria Internacional del Libro de Guadalajara) terminó en dos asociaciones protectoras de animales, algo que él asegura que no fue un gesto de provocación, sino de convicción. “Yo quiero a los animales, quiero a los perros y a los que trabajan con ellos los tengo como mis hermanos. A los que quieren a los animales y trabajan por ellos los tengo cerca del corazón. Mi gesto es desde el convencimiento de que los animales de sistema nervioso complejo son mis hermanos”, dice.

Leé la nota completa en el sitio de 7 Días - Fernando Vallejo: “El sexo es sucio e inocente, la reproducción, monstruosa”