Inseguridad. Corrupción. Re-reelección. Si se hiciera una estadística, posiblemente esas tres serían las palabras más presentes en la movilización de anoche contra el gobierno de Cristina Kirchner. Una movilización que, a pesar de que se presentó como “apartidaria” (calificarla de “apolítica” sería un error conceptual), contó con la presencia de varios partidos que integran la oposición.

La más notoria, sin dudas, fue la de La Solano Lima, la juventud de la agrupación que responde al legislador porteño del PRO Cristian Ritondo (PROpuesta Peronista), que llevó un camión negro con una pantalla de led de unas 200 pulgadas, en la que se proyectaban videos que parodiaban a funcionarios nacionales. A medida que el camión avanzaba, los militantes, vestidos con remeras negras con la leyenda “Yo estuve”, iban pegando carteles con la leyenda “Mauricio 2015” y el logo de PROpuesta Peronista por la avenida 9 de julio. En el piso podían verse cientos de volantes que el PRO mandó a imprimir, que llamaban a ir a la marcha “con una sola bandera: la argentina”. Los propios militantes reconocieron que fueron ellos quienes compraron banderitas de plástico para repartir entre los asistentes.

Además de la diputada de Unión Por Todos y habitué de este tipo de convocatorias, Patricia Bullrich, estuvo presente el Movimiento Humanista de Resistencia y Construcción, vinculado a Elisa Carrió y cuyo presidente es un hombre de su confianza: el diputado de la Coalición Cívica Héctor “Toty” Flores. De hecho, los volantes que repartía el MR-2012 –así se hacen llamar– incluían frases de ambos dirigentes. También estuvo repartiendo volantes el MST de Vilma Ripoll, que ahora integra el espacio de Proyecto Sur junto a Fernando “Pino” Solanas.

Cientos de personas llevaban en sus manos carteles blancos con letras rojas, y rojos con letras blancas, que decían “No a la re-re” y tenían una sigla debajo, en letra negra y más pequeña: OTR. Se trata de la Organización de Trabajadores Radicales, una suerte de central sindical de la Unión Cívica Radical. Sin embargo, ninguna de las personas consultadas sabía de qué se trataba. Ante la pregunta, muchos arrancaron la firma de sus carteles. “Yo no vine con ningún partido”, decían. Otros se molestaron, y respondieron con agresiones verbales. “Mercenario”, le dijo a este cronista un hombre que, valga la paradoja, levantaba además un cartel pidiendo “libertad de expresión”. “A vos te paga Cristinita”, espetó una señora que sospechó que estaba siendo grabada, a pesar de que la luz del grabador estaba apagada.

A pesar de los exabruptos y de la hostilidad hacia algunos periodistas (en Plaza de Mayo golpearon a un cronista de C5N y agredieron a una de CN23), la protesta se llevó a cabo sin incidentes y en un clima pacífico. Se vieron, sí, algunos carteles y pancartas que pedían la renuncia o la destitución de Cristina Kirchner (aunque muchos menos que en la última marcha) y se escucharon también algunos insultos a la Presidenta por lo bajo. “Sí, soy destituyente”, dijo sin vueltas un hombre que levantaba una bandera con la leyenda “Juicio político YA”. “Hija de puta”, “chorra”, “ladrona”, se animaban a decir algunos, casi en voz baja. Otros, pocos, seguramente una minoría, lo pintaron en sus carteles: "Andate corrupta, dictadora, irracional, mentirosa, delincuente, negadora, vergüenza nacional". "Viudita", rezaba otra pancarta.

También estuvieron quienes pidieron "mano dura para los delincuentes", los que se quejaron de ser "la mitad del país que mantiene a la otra mitad", de estar "cansados de mantener vagos" y otros prejuicios recurrentes contra las clases populares. 

Desde lejos podía observarse ya un obelisco azul, con el lema de la convocatoria proyectado: “Unidos y en libertad”. Quienes manejaban el proyector dijeron no saber quiénes los contrataron. “No sé, un grupo de personas, creo que de Twitter”, respondió el hombre ante la consulta de este cronista. Entre la gente, enormes globos repetían el slogan. Todo era una enorme y costosa puesta en escena, pero se dificultaba encontrar a los financistas de semejante espectáculo.

En líneas generales, y a diferencia de movilizaciones anteriores, en esta hubo tres grandes consignas: “no a la inseguridad”, “no a la corrupción” y “no a la re-reelección”. El cepo al dólar se expresó esta vez con mucha más cautela (aunque hubo unos pocos carteles), quizás por temor a la poca legitimidad que puede llegar a tener el reclamo, y fue reemplazado por un concepto más abstracto y amplio como “libertad”. El pedido de una “Justicia independiente”, no tan presente antes, se hizo más visible esta vez, tal vez fogoneado por la presencia del tema en los medios durante las últimas semanas. “Jueces, resistan, el pueblo los banca”, rezaba una cartulina.

La presencia de organizaciones cívico-militares llamó la atención de muchos, especialmente luego del conflicto salarial con las fuerzas armadas. A la asistencia de personajes como Cecilia Pando (que reivindicó el robo de bebés durante la última dictadura) o Alejandro Biondini (reconocido admirador del nazismo), se sumó la del “Movimiento Cóndor”, liderado por ex combatientes de Malvinas disconformes con la manera en que el gobierno lleva adelante el reclamo de soberanía, y el Congreso Nacional de Suboficiales (Conasubar), que llevó una bandera con el lema “suboficiales junto al pueblo”. También hubo quienes reclamaron por la Fragata Libertad. “Este gobierno está entregando el Atlántico Sur y ha destruido las fuerzas armadas, que son un desastre”, dijo a este medio Horacio Ricciardeli, vicecomodoro retirado de la Fuerza Aérea, aunque aclaró: “No reivindicamos la dictadura”. En su página web, el Movimiento Cóndor reivindica la figura de Mohamed Alí Seineldín, de conocido accionar durante la dictadura militar y uno de los líderes del alzamiento carapintada contra Raúl Alfonsín en 1988.

Luego de la desconcentración, un dirigente político salió de la penumbra del silencio y comenzó a tuitear, con el objetivo de capitalizar el masivo descontento. Ni lerdo ni perezoso, Mauricio Macri intentó sumar a su tropa a los asistentes al acto con elogios, pero algunos lo pararon en seco: “No te confundas, Mauricio, esto también es contra vos”.